Parapsicología
Poderes mentales al servicio de militares y espías
Última actualización 25/03/2010@10:51:07 GMT+1
Enrique de Vicente Las tentativas norteamericanas de utilizar las facultades psíquicas y el control mental con fines militares y de espionaje es el tema de la reciente película “Los hombres que miraban fijamente a las cabras”. Pese a su apariencia paródica y burlesca, dicho filme es una adaptación cinematográfica de un libro que recoge la investigación realizada por un periodista que entrevistó a muchos de los protagonistas de este increíble y verídico capítulo de la historia militar, a algunos de los cuales he tenido ocasión de conocer personalmente, viéndome implicado colateralmente en varios de sus episodios. Éste es el resumen de los hechos reales que inspiraron la ficción.
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El guión de la película Los hombres que miraban fijamente a las cabras es una adaptación libre de un fascinante libro homónimo editado en español por Ediciones B. Su autor, Jon Ronson, es un famoso periodista británico, que anteriormente había triunfado con su libro Ellos (publicado por Ediciones del Bronce con el equívoco título Extremistas: Mis aventuras con los radicales). En este último narra –de un modo tan divertido como realista- sus andanzas con conspiranoicos de muy diverso pelaje, que van desde David Icke –a quien deja bastante bien parado– hasta miembros de la extrema derecha americana o del fundamentalismo islámico, quienes denuncian la existencia de unos secretos amos del planeta que tramarían la gestación de un Nuevo Orden Mundial. Junto a ellos recorre los escenarios donde se reúnen los miembros del Bohemian Grove y del Club Bilderberg.
Al igual que el de su reciente libro, el estilo de Ellos es divertidamente burlesco, al enfrentarnos a ciertos disparates y contradicciones en los que incurren sus compañeros de andanzas. Pero ese lógico escepticismo queda compensado cuando nos confiesa que su filmación de los rituales bohemios fue borrada misteriosamente, que su automóvil fue perseguido por los vigilantes bilderbergers –tras intentar espiar sus reuniones– y que Icke le advirtió poco antes del sospechoso 11-S que en breve todos podrían comprobar la realidad de sus afirmaciones.
Pero volvamos a la citada película, que ha pasado inadvertida para buena parte de los interesados en la parapsicología. Ello probablemente se debe a su título, tan chocante como poco explícito, pese a su excelente reparto y a la campaña publicitaria que la ha acompañado. Para muchos de nuestros lectores que la hayan visto puede parecer incluso una mofa de los poderes extraordinarios de la mente. En mi opinión, se trata de un retrato en clave de humor, aunque mentalmente saludable, de toda una época y mentalidad –situada entre el hippismo y la New Age– y de sus evidentes excesos. Tanto mis experiencias personales como mi estudio de lo paranormal y las creencias ocultistas, de las que muy frecuentemente se derivan comportamientos extravagantes, juzgados como irracionales y risibles por quienes no los comparten, me llevan a pensar que su juicio es justo… (Continúa en AÑO/CERO 237).