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Francisco Trigueros

Última actualización 01/03/2005@00:00:00 GMT+1
Lo reconozco. El personaje que inaugura esta sección de entrevistas en las que la palabra se muestra con sinceridad manifiesta, me tiene embrujado desde hace años. Es amigo y mejor artista. Pero lo importante es lo que cuenta…
Desde su estudio, el lugar más íntimo desde donde lleva a cabo sus maravillosas “herejías”, se divisa el mar Mediterráneo. Introducirse en este sancta santorum es un privilegio en el que uno se sumerge, de lleno, en un mundo de colores, otras realidades y viajes en el tiempo. Su personaje favorito es Jesús de Nazaret. Personaje, a su vez, que se ha convertido, sin él quererlo, en el centro de su vida y de su obra. Francisco Trigueros es un afamado y prestigioso pintor español. Malagueño por los cuatro costados, sabe imprimirle a sus cuadros esa luz que solo se contempla en Andalucía. Licenciado en Filosofía y Letras, rama de Pisocología por la Universidad de Málaga, desde pequeñó comenzó a jugar a ser Dalí. Y el destino, implacable, ha hecho que a sus espaldas tenga ya más de treinta exposiciones por varios países del mundo. Además colabora como crítico literario en revistas y publicaciones sobre arte y poesía, y en catálogos sobre artistas. Ha impartido cursos sobre pintura hiperrealista y realismo en diferentes academias. Pero no solo pinta con los pinceles; también lo hace con las palabras. Próximamente publicará un libro en el que verterá una “revelación” extraída de la Sábana Santa a raíz de su cuadro “Resurrección”, inspirado en el lienzo de Turín.

n ¿Quién es Francisco Trigueros?
Aún no lo sé; tal vez con el tiempo lo descubra o permanezca el resto de mi vida pretendiendo saber quién soy y sólo me quede en el umbral. Hay quien dice que soy un artista tocado por la mano de Dios. Puede que, como dicen, me haya tocado, pero si lo ha hecho ha sido con un “toque” de locura…

¿Cuándo comienza tu inquietud por los caminos del arte?
El arte me buscó a mí, no yo a Él. Algo me sucedió a partir de los nueve años, algo que aún no he logrado explicar ni como psicoanalista que soy ni como artista. Fue a partir de esa edad cuando todo comenzó; me empujaba desde dentro día sí día no; surgía del fondo de mi cabeza y se proyectaba en el centro de mi frente, en una especie de flash que duraba tan sólo unos segundos para después desvanecerse lentamente. Era una imagen, por entonces, que no recordaba haber visto en ninguna parte. Al principio no le di importancia, pero un año después una segunda imagen se unió a aquélla. Tal intrusión me producía una desazón absoluta; mi familia creía que se trataba tan sólo de una niñería. Así estuve ininterrumpidamente hasta que dos años después una tercera imagen vino a imponerse aún con más fuerza; en este caso sí recordaba haberla visto. Busqué por toda mi casa, en revistas, libros y enciclopedias hasta que la encontré: era un cuadro de Salvador Dalí, “Corpus Hipercúbicus”, que representaba un Cristo suspendido en el aire crucificado en una cruz formada por ocho cubos de madera. Sin pensarlo dos veces corrí a la Casa de la Cultura de Málaga y solicité un libro de Dalí. Las tres imágenes estaban allí, tres óleos: un autorretrato surrealista, una composición basada en la figura de Mae West y el Cristo crucificado. En ese momento, y no exagero, miré hacia el cielo y sentí como una fuerza invadía mi garganta y mi pecho hasta llenarme por completo y me dije: “soy pintor, y tú, Dalí, mi maestro, y prometo que continuaré la estela que tú has dejado y superaré tu técnica: yo soy el último eslabón de la cadena”. Hasta entonces no había cogido un pincel… Aún busco una explicación a todo esto. Tal vez haya en el mundo alguien capaz de explicármelo; yo no puedo.

Esa fuerza acude de nuevo a mi pecho y mi garganta cada vez que concibo una pintura. El día que deje de sentirla, dejaré de pintar.

¿Qué se siente al ser un artista famoso y de prestigio?
n Responsabilidad.

Háblame un poco de cómo defines tu pintura y qué pretendes con ella.

Mi pintura es mi espejo y si te fijas bien verás cómo soy, lo que siento, lo que me hace sufrir y lo que me hace soñar. En ella muero un poco cada día, pero sé que en ella viviré eternamente. Hay tanto de mí en cada una de mis obras que a veces me asusta.

Pretendo que la gente se detenga un poco a contemplar lo que puede conseguirse si uno ama lo que hace y pone todo el corazón, aún cuando se sienta tanto miedo que le haga a uno temblar, como yo tiemblo en cada una de mis exposiciones; en ellas estoy desnudo, más aún que cuando vine a este mundo.

Sólo quiero ofrecer belleza a un mundo que quiere olvidarse de ella.

¿Ves a Dios a través de tus obras? ¿Crees en él? ¿Cómo lo definirías?
Lo que verdaderamente desearía es que Dios me viera a mí a través de ellas. Entre Él y yo hay un juego amor-odio, en el que a menudo yo soy la víctima y Él el francotirador.

El mundo interior de un artista, en este caso de un pintor, ¿es un misterio?
Es “mi enigma favorito”. En mi caso es un volcán que tengo que apacentar a cada momento, un tornado de fuerza cinco que me lleva de un lado a otro, ora en la más alta de las montañas, iluminado por el Sol, ora en el hoyo más profundo de una cloaca, sometido a una negrura infinita.

¿Hay vida después de la muerte para Francisco Trigueros? ¿La has reflejado a través de alguna obra tuya?
¿Quién está realmente más vivo, tu vecino con el que te cruzas alguna vez en el ascensor o Beethoven, cuya música se te pega al alma como el sudor a la piel? El hombre vive a través de su palabra y de sus obras, no más. Eso quiero creer. “Siento luego expreso”, ésta debería ser la máxima de todo ser humano. Es triste imaginar una vida después de la muerte donde aún sobrevivan los sentimientos pero no la facultad de poder expresarlos. ¿Las psicofonías? Todo un hallazgo… tristísimo. O tal vez se trate sólo de investigar cómo conseguir un “vehículo apropiado” para esa expresión. Si los muertos hablaran… igual es que no tienen nada que decirnos.

n¿Has plasmado en algún cuadro tuyo alguna situación que con el tiempo se haya producido? ¿Cómo lo explicarías?
¿Cuadros premonitorios? Creo que en el fondo todos lo son. Si ahora observo obras del pasado veo que en muchas de ellas está reflejado lo que ahora me sucede. Creo que la vida no es más que un rodeo y al final de todo vuelves a tus raíces. ¿Llamarlo premonición? No sé, yo creo que en el fondo del alma de cada uno de nosotros todo sucede simultáneamente; el orden en que nos ofrecemos al mundo, sea cuál fuere el modo en que nos manifestemos, es lo de menos. La pintura, la verdadera, claro está, puede que en realidad no sea más que un dejá vú.

Cuando uno pinta a Jesús de Nazaret, y tú lo has hecho en varias ocasiones, ¿qué se siente? ¿Se produce algún cambio en tu interior?
Imagínate que todas las pinceladas que he dado en mi vida pudieran sintetizarse, con toda su emoción, su verdad y su misterio, en una sola. Pues así son cada una de las pinceladas con las que doy forma al rostro de Jesucristo cada vez que lo pinto.

Un artista como tú, ¿cree o piensa que estamos solos en el Universo? Y si no estamos solos, ¿crees en la posibilidad de que nos visiten?
Es probable que no lo estemos. Si nos han visitado, o aún no lo han hecho, en cualquier caso actuaron o actuarán con nosotros como se suele hacer con los parientes pobres; se acordarán de nosotros cuando puedan sacar algún provecho.

n ¿En qué cree Francisco Trigueros?
Creo en que el hombre necesita ahora más que nunca creer en algo; necesitamos un Cristo de carne y hueso y no ese Cristo de pacotilla que nos venden en estampitas. El ser humano ya no puede aguantar tanta mentira, tanto engaño al que ha sido sometido –aún lo está– a lo largo de los siglos y del que ahora está pagando las consecuencias. Tanta manipulación política, tanta tergiversación religiosa, tanto abuso de poder nos convierte en marionetas. Y ya va siendo hora de que cortemos los hilos…

n ¿Cuál es tu pasión más oculta…?
Buscar la verdad a toda costa; me paso el día vomitando tanto misterio “tergiversado” o “reinventado” del que todo el mundo quiere sacar una pequeña tajada.

n Ciencia o Religión…
Ciencia, por supuesto. Aún no ha habido guerras por diferencias científicas; religiosas, ni te cuento. Claro que la religión que nos ha sido inyectada en vena se distancia tanto de la que debiera haber sido como de una galaxia a otra. Una cosa es la Palabra de Dios y otra muy diferente la religión que la Iglesia nos impone. Una imposición que es como una caja de Pandora sellada con lacre: si intentas descubrir sus secretos –llámense misterios crísticos o “cómo construir un Dios a nuestra imagen y semejanza”– te encontrarás con un aguijón de avispa saturado de veneno.

En cualquier caso, si un día la ciencia logra explicar a Dios mejor será que nos coja a todos confesados…

n ¿Tu personaje favorito? ¿Por qué?
Jesucristo. Pero el Jesucristo que se describe literalmente en el Nuevo Testamento, y no el Nuevo Testamento mal interpretado en las numerosas biblias que por ahí pululan, ni el Cristo que otros muchos reinventan para que encaje en sus convicciones. No, el original, cuyo texto escrito en griego, leído e interpretado como debe ser, habla de un hombre sometido a su destino, cruel en muchos momentos y bastante menos “cristiano” que como algunos lo pretenden “pintar”.
¿Por qué es mi personaje favorito? Porque aún me duele.

n La historia, ¿está bien contada?
Cuando Beethoven murió dejó dicho a Schindler, su “mozo para todo”, que de sus escritos no omitiera ni un solo detalle acerca de su persona, por muy escabroso que fuera. Schindler hizo caso omiso y destruyó todo aquello que no daba una “buena imagen” del maestro, creando un ideal de Beethoven, lejos de la realidad. ¿Qué sabemos de la personalidad de este genio de la música?, probablemente bastante menos de lo que nos serviría para conocer la verdadera esencia de un hombre. Tal vez no importe mucho; nos queda su música. Imagino, pues, que en toda historia, siempre hay un Schindler en busca de un ideal… o todo lo contrario.

¿En qué estás trabajando en estos momentos? Alguien me ha contado que has escrito un libro…
Sí, pronto saldrá a la venta en librerías mi novela 666, la secta santa. Parte del análisis de un antiguo sudario de lino y varias piedras de lapislázuli, lo que conducirá al protagonista, arqueólogo y psicoanalista Ónix Ruficci, al descubrimiento en Jerusalén del cadáver del primer estigmatizado de la historia, de unos manuscritos de la época de Jesucristo y de su conexión con el misterio de la Sábana Santa. Es una mezcla de intriga, investigación arqueológica, exégesis apocalíptica y psicoanálisis, unida a unas revelaciones inéditas.
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