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Hemeroteca :: Edición del 01/06/2005 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/06/2005@00:00:00 GMT+1
Fernando era único. No por sus excelentes reportajes, sabiduría o conocimientos, que lo eran, sino por su personalidad y el agradable trato que regalaba a los demás. A pesar de ser un orador que embelesaba, poseía el preciado don de saber escuchar. Su carisma hacía empequeñecer a los más grandes y, a la vez, alimentaba el trabajo y esfuerzo de los más jóvenes. Así era él…
Quiso el destino que, unos meses atrás, y junto a Lorenzo Fernández Bueno, quien suscribe realizara durante la grabación de un programa de televisión la que fue la última entrevista personal a nuestro querido amigo, compañero y director. Anécdotas, cuestiones personales, bromas y muchos, muchos recuerdos. A pesar de estar en un plató, fueron momentos mágicos en los que, el grande entre los grandes, abrió su corazón y nos ofreció sus más sagrados y valiosos pensamientos.

Eres médico, psiquiatra, pero… ¿cómo fue que dedicaste una parte importante de tu vida a estos temas heterodoxos?
No lo sé. A mí me interesaban desde que era un adolescente. Lo de ocuparme de ellos en los medios de comunicación, fue como tantas cosas, debido a las circunstancias. No lo tenía previsto hasta e 1974, cuando Chicho me invitó a hacer un espacio en directo dentro de un programa que se llamaba Todo es posible en domingo, y tampoco sé muy bien por qué dije que sí.

Entonces, ¿se trataba de una sección? ¿Cuánto tiempo duraba?
Ese tipo de programa se hacía mucho en aquel entonces; se llamaban omnibus, que duraba, en este caso, toda la tarde del domingo. Empezaba después del telediario de las tres hasta el de las nueve. Era un espacio en directo, en el que había de todo: retransmisiones deportivas, concursos, actuaciones… Y luego había varios microespacios que, como eran en directo, tenían una duración variable entre ocho y veinte minutos, dependiendo de cómo fueran las retransmisiones deportivas, o si fallaba algo. Allí empezaron Tip y Coll; otro lo llevaba Paco Costas hablando de la conducción y los automóviles; Manuel Rosado hacía otro sobre medicina… y se les ocurrió que yo lo hiciera de estos temas raros. Era la primera vez que se hablaba de estas cuestiones en televisión. Y aquello gustó. Cuando el programa terminó tras 6 ó 9 meses, hubo muchas cartas y llamadas, por lo que entonces me encargaron preparar un programa de media hora, yo sólo y para la segunda cadena, que en aquel momento era un poco más elitista y culta que la primera. Aún hoy lo sigue siendo…

Y vino el bombazo. En 1976 empezaste con el programa Más Allá, que supuso una verdadera revolución para la sociedad de aquel entonces. ¿Cómo viviste aquella época y la fama que te aportó?
Creo que fue irrepetible. En aquella época había dos cadenas nada más. La repercusión de la televisión era diferente a la de ahora. La popularidad fue tremenda, aunque nunca ha sido algo que me haya preocupado especialmente; yo no cambié ninguna actitud. Supongo que defraudaría a mucha gente cuando me conociera personalmente, porque se debía imaginar que yo era un ser más o menos tétrico por la imagen que pueda dar en televisión. La gente descubría que tenía sentido del humor y que me gustaban las mismas cosas que a los demás. La popularidad nunca me ha planteado conflictos, aunque indudablemente te cambia la vida. En general siempre ha sido positiva; al que le caes mal no se acerca a decirte “me cae usted fatal”; el que se acerca es para hacerte algún comentario afectuoso o elogioso, y eso es agradable.

Hoy en día, y dado el estado actual de la televisión y el mal uso que de esta temática se ha hecho, ha habido muchas críticas. ¿También las recibías en aquella época?
Sí, pero eran críticas desde un punto de vista intelectual o pseudointelectual; gente que le molestaba que estos temas se trataran en un medio como televisión, pero eran voces muy pequeñas comparativamente con las que expresaban su apoyo, y eso era una muestra de que las cosas estaban cambiando. En el 74, el segundo programa que hice trataba sobre psicofonías, y eso provocó una respuesta virulenta por parte de la Iglesia. Entonces, el director de televisión era Juan José Rosón; con los años fue ministro de Interior con la UCD y, por casualidad, coincidimos en un hotel. Estuvimos conversando y él se acordaba perfectamente: “Anda, no sabes el problema que tuve porque el obispo llamó al ministro, y la orden fue que ‘no vuelvas a tocar temas que tengan que ver con lo que hay después de la muerte, sencillamente porque está prohibido”. Con la Transición y la Democracia ya no hubo ningún tipo de problema, y la verdad es que jamás he tenido presiones de ningún tipo. En ocasiones, al terminar de grabar el programa, le decía a Enrique, el realizador del espacio, o a Gerardo, el productor, “mira, éste es el último programa que hago, porque me echan después de esto”. Pero después no pasaba nada; la segunda cadena era una tribuna libre, lo cual está bien y está mal: bien porque haces lo que quieres, y mal porque si las cosas no salen bien, no puedes echar la culpa a nadie.

Luego vinieron programas como La Puerta del Misterio, La España Mágica, Punto de encuentro con lo desconocido, En busca del misterio… y tu último trabajo, Viaje a lo desconocido, que ha salido junto a la revista ENIGMAS. ¿Han cambiado mucho los tiempos para estos temas?
Ha cambiado la técnica, el ritmo, pero en esencia no. Se pueden tratar de muchas maneras, debates, charlas, siempre y cuando sean amenos para el espectador, pero uno tiende a poder ofrecer imágenes que sean en sí mismas sugestivas, y eso te obliga a estar en los lugares, a viajar, a conseguir grabar lo más interesante o a los protagonistas de lo insólito. Hoy en día eso se ha convertido en una exigencia, una obligación.

Cambiemos un poco de tercio. En la realización de todos esos programas y documentales has viajado por casi todo el mundo, y tenido la oportunidad de visitar los restos de las grandes civilizaciones del pasado. ¿Crees que algunas de ellas contaban con una tecnología superior a la que hoy en día nosotros les atribuimos?
Superior en algunos aspectos, lo que no quiere decir superior en líneas generales. Es una de las cosas que desconcierta. Si hacemos referencia al Antiguo Egipto, la cultura antigua más conocida o popular, nos encontramos con evidencias tecnológicas que son contundentes y que implicarían conocimientos y una técnica extraordinarios; sin embargo eso tenía lugar dentro de una sociedad que no era en absoluto tecnificada. La existencia de ese contraste es una de las dificultades con las que tropieza la historia y los arqueólogos. Lo que pasa es que se olvida que el conocimiento en aquella época, y en cierta medida hoy también, era un instrumento de poder manejado y controlado por unos pocos. El ejemplo más clásico ha sido la masonería, que nace de esa albañilería, de ese arte constructivo que estaba reservado para unos pocos y que se llevaba en secreto. En el Antiguo Egipto nada de eso se publicaba; en los jeroglíficos y los papiros encontramos descripción de muchas cosas, pero nada que tuviera que ver con el auténtico conocimiento que ellos manejaban. ¿De dónde provenía? Pues no lo sé. Me lo he planteado muchas veces. Todo parece señalar a restos de una cultura muy evolucionada, que desapareció hace unos milenios, y de la que han quedado pequeñas muestras que se han ido transmitiendo a esa casta sacerdotal científica dirigente. Sin embargo todo esto no es más que especulación. Lo único cierto es que sobre algunos temas hay evidencias que demuestran que esa gente tenía ciertos conocimientos, incomprensibles desde nuestro punto de vista.

Centro y Sudamérica son probablemente los territorios por los que más has viajado. Sus pirámides y templos, las piedras de Ica, la isla de Pascua, las líneas y dibujos de Nazca, las esferas de Costa Rica… ¿Es posiblemente América el lugar donde hay más misterios?
No lo sé, pero para mí era más fácil indagar por cuestiones de idioma. América es una fuente inagotable de misterios diversos. En el Antiguo Egipto están circunscritos a una civilización y cultura que se mantuvo durante muchos siglos aparentemente inmóvil; había una transmisión, pero sin romper esos cauces. Sin embargo, en América lo que te encuentras es diversidad, diferentes culturas y algo que a mí me ha llamado mucho la atención, y es la constante alusión a esos dioses maestros, y que en algunos casos como Viracocha o Mexica, te planteas si realmente pudieron ser algo más que pura mitología. ¿De dónde procedían? Una vez más se abre la puerta a los extraterrestres. ¿Por qué no? El fenómeno OVNI es real, hoy está ahí, no lo podemos negar aunque no sepamos cuál es su origen, y todo da a entender que es un fenómeno que no pertenece a esta sociedad, si no que viene existiendo a lo largo de toda la historia. Puede ser una explicación. ¿Otra? Que procedieran de algún tipo de cultura que desapareciera sin dejar apenas rastro. Además de investigar, lo único que puedes hacer es especular, y especular es divertido siempre que lo hagas con conocimiento de causa y sin tener que romper lo que se sabe a ciencia cierta. Muchas veces protesto y reniego de Andrew Thomas, de Von Däniken, y de tantos otros divulgadores de la década de los 70 y principios de los 80 que hicieron una labor muy positiva, pero que yo me siento estafado por ellos, porque cuando he podido conocer realmente cosas que decían, y me he tomado el trabajo de estudiar esas culturas, he visto que han deformado el pasado y ajustado a su conveniencia, pasando de lo que realmente se tiene conocimiento para plantear una visión diferente. Yo creo que eso no es lícito y que, aunque el pasado es conocido en muchos aspectos por arqueólogos, antropólogos e historiadores, quedan muchos resquicios por los que uno puede encontrarse con el misterio, sin deformar la realidad y sin engañar a nadie.

Has mencionado el fenómeno OVNI y la posibilidad de existencia de vida extraterrestre. ¿Has tenido alguna vez una experiencia con los “no identificados”?
Sí, pero es que cuando estás muchos años en relación con estos temas, yo creo que no es difícil. Sin embargo, una de las cosas que te desconcierta es que cuando se produce la experiencia es aparentemente por casualidad. Y piensas: ¿hasta qué punto lo puedes atribuir exclusivamente al azar y no hay algo tras de eso, una estrategia…? Empiezas a reflexionar en esa dirección y lo acabas dejando para no terminar con una paranoia, porque al no tener elementos de juicio suficientes, comienzas a ver las tremendas implicaciones que, de ser verdad, tendrían esas elucubraciones. Pero yo he visto, de la mano de un contactado, a una fecha y hora prefijadas y en un lugar predeterminado –y además escogidos por mi–, 27 objetos no identificados. No estoy hablando de algo casual. En otra ocasión los he visto yendo a televisión, en pleno día, a las cinco de la tarde. Los he visto cuando menos lo esperaba. Objetos que no son lo que uno quisiera; no es esa nave que aterriza delante de ti, sino objetos más lejanos o luces que, por exclusión u otras razones, llegas a la conclusión de que no se trata de objetos convencionales.

No quisiera acabar sin hacerte antes una pregunta. Entre todos los grandes enigmas, ¿con cuáles te quedarías?
Con los más directos, es decir, con los que tengo más al alcance de la mano. Todos forman parte de la realidad, pero yo me quedaría con el fenómeno de la vida. Todavía no me entra en la cabeza cómo se produce la vida en un momento determinado. Me quedaría con la fotosíntesis, con lo que se está planteando a nivel subatómico, lo que plantea la mecánica cuántica, que mi cabeza no está estructurada para entender o asumir esa realidad diferente dentro de esta realidad. Es decir, hay muchas cosas que están ahí, que forman parte de lo cotidiano, que estamos acostumbrados a ello, pero que siguen constituyendo los más grandes misterios. Que haya OVNIs, bueno, pues tampoco me sorprende demasiado. Me sorprende porque nuestra ciencia no entiende cómo se pueden recorrer distancias que consideramos absolutamente imposibles, pero en definitiva sería algo anecdótico. Vale, si aquí hay vida, ¿por qué no va a haberla en otro sitio?; si aquí hay vida inteligente, ¿por qué no se va a haber dado en otro lugar…? Los problemas de aquí los trasladaría allí: ¿Cómo surgió la vida en ese planeta? ¿Cómo en un momento determinado lo que es materia inorgánica se transforma en orgánica? ¿Cómo una molécula, un nucleótido, es capaz de replicarse asimismo y poner en marcha ese proceso de la vida…? Todo eso me fascina. Al igual que una célula, y es algo con lo que se está trabajando constantemente, tenga potencialmente todo. ¿Dónde está el “programa”? ¿Dónde tienen esas células el “disco duro”? Todo eso que manejamos sigo sin entenderlo, y a pesar de lo mucho que leo sobre ese tema, tampoco veo que los que se dedican a ello sepan el porqué; saben el cómo, pero el porqué sigue siendo una tremenda incógnita. Todo eso me apasiona, me inquieta y despierta mi curiosidad. Que haya marcianos, me trae un poco al fresco…
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