best web analytics
cabecera
Hemeroteca :: Edición del 01/07/2005 | Salir de la hemeroteca
17/30
Última actualización 01/07/2005@00:00:00 GMT+1
Célebre por su bellísimo entorno y los enigmáticos vórtices de energía con reputación de concentrar poderes cósmicos, Sedona (Arizona, EE UU) compite en popularidad y número de visitantes con las cercanas Montañas Rocosas. Visitamos este espectacular enclave –meca para artistas, escritores y buscadores de la espiritualidad más profunda– de la mano de Efrén Álvarez, gran conocedor del lugar y experto en misticismo y en filosofías y disciplinas orientales.
Situada en el centro del estado norteamericano de Arizona, Sedona es mundialmente reconocida por la enorme belleza de su paisaje, en el que destaca sobremanera el intenso color rojo de sus rocas que, a la tenue luz del atardecer, adquieren unas tonalidades asombrosas. Pero, además de la espectacularidad de su entorno, Sedona disfruta de un clima especialmente benigno durante todo el año, lo que la ha convertido en destino frecuente de miles de visitantes procedentes de todo el mundo.

Quizá debido a estas condiciones tan favorables, 4.000 años a. C. los hombres prehistóricos decidieron instalarse en esta remota región, conocida actualmente como Verde Valley y, con posterioridad, alrededor del año 800 y hasta el 1400, nativos indígenas, como los sinagua y los anasazi, se refugiaron entre sus rocas, junto a intrincados riachuelos de aguas cristalinas.

Sin embargo, la escasa accesibilidad de la zona –hoy en día sus infraestructuras son radicalmente distintas– hizo desistir a nuevos pioneros. De hecho, el primer colonizador blanco no llegó al lugar hasta 1876. Años más tarde, en 1902, el área conocida como Oak Creek ya estaba habitada por una veintena de familias. Fue entonces cuando un tal T. C. Schnebly solicicitó la concesión de una pequeña oficina de correos, a la que bautizó con el nombre de su esposa… Sedona.

La fama del lugar fue acrecentándose, al igual que el número de sus habitantes. Y, poco a poco, este remoto enclave de la soleada Arizona adquirió una fama que excedía sus fronteras.

Alrededor de 1950, artistas y celebridades de renombre mundial eligieron Sedona como lugar de retiro; eso sí, creativo. Fue el caso del gran pintor surrealista Max Ernst quien, junto a su esposa, la también pintora Dorothea Tanning, abandonaron una convulsa Europa para instalarse allí.

Dos décadas después, el floreciente movimiento hippie descubrió las posibilidades del lugar, cargado de «frecuencias» positivas. Posteriormente, tampoco pasó desapercibido a quienes se catalogó como pertenecientes a la New Age (Nueva Era). Ya entonces –y hasta nuestros días– Sedona se convirtió en refugio para amantes de la vida natural y, sobre todo, para buscadores de la espiritualidad; estos últimos atraídos en gran medida por la fama que adquirieron ciertas formaciones rocosas situadas en el área, una especie de «centros de poder energéticos» a los que algunos denominan «remolinos» y, la mayoría, prefiere llamar «vórtices». Esta fenomenología ha apasionado, entre otros, al autor norteamericano James Redfield, que se inspiró en Sedona a la hora de escribir Las nueve revelaciones (Ediciones B), su celebrado best-seller.

Meditación y aire puro

Pero, ¿qué es exactamente un vórtice? «Se trata de un lugar donde el campo electromagnético natural de la tierra tiene un nivel elevado. Existen muchas zonas en el mundo con estas características, pero Sedona es una de las más grandes; sus formaciones rocosas, ricas en hierro con estratos de cristales naturales, actúan como ‘puntos focales’ para las energías electromágneticas de la tierra. Los vórtices o remolinos de energía nos sirven como herramienta para potenciar la sensación interna de ‘recreo’, cambiando nuestra realidad cotidiana y abriéndonos a nuevas experiencias con fluidez y alegría, redescrubiendo la magia interior que vive en cada uno de nosotros», nos explica nuestro particular «guía espiritual» en este trayecto hacia el misticismo, el mexicano Efrén Álvarez, miembro de Alianza Universal, grupo que propone una visión de Sedona alejada diametralmente de sus lujosos resorts y los concurridos campos de golf.
«Se dice que quien viene a Sedona con un corazón abierto en busca del crecimiento espiritual no se irá con las manos vacías. La energía sutil de los vórtices es similar a la de los centros de energía de cada persona y por eso hablamos asociando los términos de la dualidad: Positiva-Negativa, Femenino-Masculino, Ying-Yang», nos explica Efrén Álvarez en relación a las peculiares características del lugar.
«Esencialmente, el lado masculino proviene de un lugar llamado ‘fuerza’ y el lado femenino procede de otro al que podríamos denominar ‘calidad’. La fuerza posee una creencia profunda en el valor de la vida propia y la calidad deviene de la creencia intensa en el valor de la vida de los otros. El equilibrio entre estas energías es parte de la esencia de ser feliz», continúa.

Los vórtices o remolinos localizados en esta misteriosa tierra rojiza, que para la comunidad indígena simboliza desde tiempos remotos el corazón mismo de la Madre Tierra, donde antiguamente los ancianos iban a unirse con el Gran Espíritu, están considerados como «centros espirituales de energía» por los distintos grupos de meditación que han escogido esta zona para sus actividades.

Efrén Álvarez y su grupo de meditación proponen un recorrido práctico en el que visitaremos el Vórtice del Aeropuerto (negativo-masculino), el de la Catedral (positivo-femenino), el de la Campana (negativo-masculino), el de Boynton (un equilibrio de ambas energías) y el de Schnebly (también denominado «Rueda de la Medicina»).

En su opinión, la energía en el vórtice del Aeropuerto consolida el lado masculino, es decir, la fuerza. También podríamos entenderlo como el del logro de la autoestima. Poseer un lado masculino fuerte significa ser capaces de asumir riesgos cuando es apropiado, ser decisivo cuando es necesario y poder concentrarse para conseguir que las cosas estén bien hechas.
«Por ello, en este vórtice trabajamos ‘asumir el riesgo de mostrar quién soy’ –continúa Álvarez–. Cada uno se coloca ante su vida y experiencias del pasado para integrar lo valioso, disolver lo que no es vital en el presente y asumir los retos del futuro».

Por su parte, la energía en el vórtice de la Catedral consolidaría el lado femenino, es decir, la calidad. También podríamos entenderlo como la «otra estima», lo valiosos que consideramos a los demás, y afectaría a nuestro ser al completo. La energía en este vórtice desarrollaría aquello que consideramos normalmente como femenino, esto es, amabilidad, compasión, paciencia, calidez…
La energía del vórtice de Boynton establecería el equilibrio de lo masculino con lo femenino. Que esté compensado nos brindaría la capacidad de construir relaciones basadas en la intimidad, el compromiso, la honradez y la franqueza.

En este vórtice trabajaremos «dejar atrás toda concepción de lo que podemos «percibir como paraíso» más allá de nosotros mismos, concentrándonos en vivir nuestro presente con plenitud
La energía presente en el «remolino» de la Campana armonizaría los tres elementos básicos que hemos descrito anteriormente: el lado masculino, el lado femenino y el equilibrio entre ambos. Por ello, su argumento sería «aceptar que todo vive ya en ti y que puedes expresarlo con fluidez y con naturalidad».

Rueda de la medicina

En el vórtice de Schnebly practicaremos la «Rueda de la medicina», que representa los ciclos de la vida, cuatro direcciones en un círculo de doce piedras, donde cada dirección indica las calidades o aspectos considerados como «medicinales» para nosotros. Su propósito sería lograr el balance, la integridad y la salud en lo físico, mental, emocional y espiritual. Las cuatro direcciones –Este, Sur, Oeste, Norte– se han honrado en diversas tradiciones nativas de todo el mundo durante siglos.
«El centro de la ‘Rueda de la medicina’ es el ojo de Dios. Aquí es donde arriba tendríamos acceso a los cielos, a la tierra abajo y al lugar del conocimiento dentro de nuestro corazón», explica Efrén Álvarez.
«Practicar la rueda de la medicina –prosigue– es honrar todos los ciclos vitales y conseguir la sincronización con ellos. Es un lugar de profundidad y conexión donde obtendremos la renovación, la inspiración y los ‘mensajes’. Es la vida en sí misma, es la tierra y es ‘nosotros’. Al caminar en la ‘Rueda’ nos sentiremos centrados y llenos de esperanza.
«Confío en que quienes participen con nosotros en este viaje lleguen al final del mismo sintiendo que sus corazones han latido con el palpitar de esta tierra, integrando en sí mismos el hecho de contemplar la belleza en todo ser humano; porque quien mira con admiración y grandeza a otros seres humanos como lo hace con la naturaleza, disuelve cualquier temor o duda de los demás hacia él», concluye Efrén Álvarez.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (7)   No(0)
17/30
Comparte esta noticia  Compartir en Wikio Compartir en Del.icio.us Compartir en Digg Compartir en Technorati Compartir en Yahoo Compartir en Google Bookmarks Compartir en Fresqui Compartir en MySpace Compartir en Meneame compartir en Tuenti Compartir en Facebook compartir en Twitter

Comenta esta noticia



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de Akasico.com
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.