Última actualización 01/09/2005@00:00:00 GMT+1
Baalbek (Líbano) es una de las ciudades más misteriosas de la antigüedad. Nada sabemos sobre sus primeros habitantes, y desconocemos cómo llevaron a cabo sus portentosas edificaciones… Motivos más que suficientes para ir allí…
La mítica y milenaria ciudad de Baalbek guarda un gran secreto. Tan grande que los más osados autores han llegado a proponer que los inmensos bloques de piedra que aquí nos encontramos sirvieron como lanzaderas de naves espaciales procedentes de otros mundos… Casi nada. A sabiendas de esta aventurada teoría me embarqué en una apasionante singladura en un país que ha resurgido, cual ave fénix, de sus cenizas después de la cruenta guerra civil que lo sumió en el caos y el horror, si bien, en el corazón de sus habitantes, las heridas aún no han cicatrizado. Tampoco en sus avenidas, en donde se dan la mano modernos edificios y otros desvencijados, en los que todavía se observan los efectos de los proyectiles de una guerra que jamás debió ocurrir.
En la cosmopolita Beirut, moderna y a la vez tradicional, la llamada a la oración desde los alminares de las mezquitas se une al repicar de las campanas de las iglesias cristianas maronitas. Es en este lugar en donde se localiza la cuna de la civilización fenicia. Por sus tierras caminaron romanos, egipcios, griegos y asirios, convirtiendo esta tierra en punto de referencia para las más ancestrales civilizaciones de la cuenca mediterránea y del Oriente Medio. La ciudad de Byblos, por ejemplo, cuenta con una historia de más de 7.000 años, lo que nos remonta a la época de reyes, consquistadores y dioses. Pero el lugar que ha marcado a generaciones de investigadores es Baabelk, un enclave que entre sus ruinas guarda algunos de los secretos más enigmáticos del pasado. En la actualidad, para llegar allí es necesario sortear durante dos horas serpenteantes carreteras y constantes puestos de control, en los cuales, militares armados hasta los dientes, lo inspeccionan absolutamente todo.
La ciudad está situada a unos 1.200 metros sobre el nivel de mar; no es extraño que, en invierno, la nieve cubra sus callejuelas del mismo modo que, cuando llega verano, el Sol castiga con fuerza. Bajo este clima extremo, las condiciones de vida nunca han sido fáciles. No sabemos por qué eligieron este lugar, ya que realmente hay cientos de enclaves mucho más placenteros en las cercanías para crear un centro de adoración como éste que, sin embargo, pasa por ser unos de los más importantes de la antigüedad.
El nacimiento de la leyenda
Los orígenes de la ciudad son un misterio. Sabemos que los romanos edificaron sus templos entre los siglos I y III d. de C., pero que lo hicieron sobre los restos de la civilización griega que habitó en el lugar, quienes, a su vez, levantaron sus edificaciones ocultando las anteriores, que eran de origen fenicio.
Algunos historiadores como Velikovski creen ver en Baalbek la mítica ciudad bíblica de Dan, a la que llegó el patriarca Abraham para establecer su hogar tras derrotar a los reyes del norte, que hicieron prisionero a su hijo Lot. Otros dicen que Adán vivió en los alrededores y que el asesinato de su hijo Abel a manos de Caín se llevó a cabo en una de las laderas de las montañas del Antilibano, que rodean Baalbek. Posteriormente, habría sido enterrado en el cercano pueblo de Han, al igual que el protagonista del diluvio bíblico, Noé, que también reposaría en las cercanías, exactamente en la villa de Karah. Por su parte, respecto al origen del nombre de Baalbek existen discrepancias, si bien la teoría más aceptada es la que señala que la expresión deriva de los términos semíticos baal –“dios solar”, para los fenicios– y baki –“ciudad”–, lo que nos indicaría que se trataba de una ciudad-templo erigida en honor del astro rey.
Durante años, Baalbek fue paso obligado para las caravanas de mercaderes, ya que dos importantes rutas comerciales atravesaban la misma. La primera partía de la costa mediterránea, en donde puertos como Sidón o Tiro se unían a las ciudades mesopotámicas. La segunda unía Siria con Palestina. Este continuo trasiego era el marco perfecto para que los conocimientos que albergaba la ciudad fueran trasmitidos, pero pese a conocer al detalle cómo se manifestó esa herencia cultural, no se ha podido desvelar quiénes fueron los primitivos pobladores de la urbe. Y es que ni conociendo al detalle este hecho hemos podido quitar a Baalbek el halo de misterio que sigue cubriendo la urbe.
Cuando Alejandro Magno la conquisto en 332 a. de C., la ciudad pasó a formar parte del mundo griego, pero la adoración al Sol se perpetuó, especialmente tras su muerte, cuando los Lagidas de Egipto, herederos de su reino, la bautizaron como Heliopolis. La realidad es que ningún arqueólogo, historiador o investigador ha logrado certificar los orígenes de tan maravillosa e importante enclave, ya que fenicios, romanos y griegos son sólo herederos de una civilización mucho más antigua.
Los enigmas de Salomón
Los cronistas árabes dicen que el gran Salomón mandó construir con la ayuda de ángeles y genios tres poderosas e impresionantes fortalezas, una de las cuales sería Baalbek. Y es que según la leyenda, el monarca judío poseía vínculos con seres sobrenaturales –djins–, poseedores de una tecnología y conocimiento sobrehumanos. Según los relatos míticos, estos serviciales espíritus le confiaron un enorme poder con el que dominar a los pueblos de aquellas latitudes. Para ello poseyó máquinas voladoras como la descrita en el Kebra Negast –“La gloria de los Reyes”–, un antiguo texto etíope que retiene entre sus páginas la versión más antigua sobre el idilio entre Salomón y la reina de Saba. En él, se relata con todo lujo de detalles que el poderoso rey poseía un carro volador que le permitía recorrer, en un sólo día, la distancia entre Jerusalén y el mítico Reino de Saba –ubicado, según diferentes teorías, en Etiopía o en Yemen– cuando las caravanas tardaban mucho más: “El rey y todos cuantos obedecían su mandato volaron en el carro, sin enfermedades ni padecimientos, sin hambre ni sed, sin sudor ni fatiga y cubrieron en un día el recorrido de tres meses”.
No sólo el citado texto habla de este artefacto. Por ejemplo, en el Targum de los judíos se dice que Salomón se desplazó de La Meca a Yemen a bordo de la nave, ya que estas máquinas le permitirían trasladarse rápidamente a cualquier punto de su reino e incluso más allá. Alcanzó Pakistán, Irán y la India, en donde edificó impresionantes residencias estratégicamente ubicadas en lo alto de las montañas, que recibían el nombre de “Tronos de Salomón”. Baalbek pudo formar parte de este intrincada red de estratégicas bases, desde la cual se trasladaría para gobernar la zona y trasmitir los conocimientos que le habían sido otorgados.
Son diversas las ocasiones en las que la ciudad aparece en la Biblia unida a las venturas de Elías. Y es que apenas a unos 50 kilómetros, en la población de Nabi Aila, hay una mezquita en honor a este profeta, un hombre estrechamente vinculado a la arqueoastronomía, ya que en el Antiguo Testamento –Reyes II, 2, 11– aparece el siguiente párrafo: “…Yendo ellos y hablando, he aquí que un carro de fuego con caballos de fuego, apartó a los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino…”. Pero no acaban aquí las sorpresas, porque el profeta que desapareció en el cielo vuelve a aparecer en el Nuevo Testamento varios siglos después, cuando Jesucristo les dice a sus discípulos: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías, el que había de venir…” –Mateo, 11, 14–.
Roma construyó el más grande los templos de su imperio en Baalbek. Se trata del llamado Templo de Júpiter, formado por columnas que se elevaban más de 35 metros y que llegaban a tener tres y medio de circunferencia. Resulta difícil explicar por qué lo construyeron aquí y no en Roma que, al fin y al cabo, era la capital más importante del mundo clásico.
Obra de titanes
La gran terraza sobre la que se levantó el templo, del que sólo quedan unas pocas columnas en pie, es una construcción que los modernos arqueólogos e ingenieros no logran entender. Quién la construyó y para qué son las preguntas que atenazan a los investigadores, que observan con inquietud esta ciclópea obra erigida gracias a las piedras talladas más grandes que se conocen. Se trata de enormes bloques pétreos, cortados y colocados con enorme precisión a seis metros de altura para lograr una base firme e inamovible de más de 400.000 m2. Entre ellos están los llamados Triliton, tres colosales bloques que miden 22 metros de longitud, 4’5 de altura y 3 de ancho. El peso de los mismos oscila entre las mil y dos mil toneladas. Si transportarlos hoy en día sería una ardua y laboriosa tarea, saber cómo se hizo tal cosa en la antigüedad es un misterio de enormes dimensiones.
Sugieren algunos científicos que en la labor participaron cientos de hombres que unieron sus fuerzas en un titánico esfuerzo. Sin embargo, si realizamos un simple cálculo matemático descubrimos que es imposible mover estas enorme piedras por un grupo de hombres normales… Para lograrlo, sería necesario reunir a 10.000 levantadores de talla olímpica, es decir, de los que son capaces de soportar un peso de 200 kg cada uno. No parece que tal cosa estuviera al alcance de los constructores de Baalbek. Además, y teniendo en cuenta que no caben más de cuatro hombres en un metro cuadrado, sería imposible que bajo cada bloque se colocaran más de 400 personas. Algo no encaja…
Algunos han querido ver en la Biblia la clave para desvelar el enigma, en cuyo texto se habla de los primeros habitantes de Baalbek. Ahí se explica que Moisés, mientras caminaba por el desierto, enviara espías a Canaan para determinar las posibilidades de una invasión. Pero las noticias recibidas le hicieron desistir: “No debemos ir contra aquella gente; son más fuertes que nosotros. La tierra que hemos explorado devora a los hombres y todos sus habitantes son de gran talla. Allí vimos a los gigantes, a los hijos de Anak… ante los que nos pareció que éramos langostas, y así les parecimos a ellos”.
En 1959, el científico ruso Matest M. Agrest, doctor en física y matemáticas por la Universidad de Moscú –y que trabajó hasta el año 1992 en el programa de energía atómica de la extinta Unión Soviética– fue el primer investigador en exponer públicamente que la Tierra fue visitada por seres extraterrestres en la antigüedad. Y no sólo eso, sino que aseguró que numerosos enclaves arqueológicos muestran claras evidencias de este enigmático pasado.
Sus investigaciones en Baalbek le confirmaron que la terraza sirvió como lanzadera y pista de aterrizaje para los astronautas de la antigüedad. Los enormes bloques servirían para proteger a la población de la radiación producida por las naves, tanto al despegar como al aterrizar. Fue aún más lejos al afirmar que encontró restos del efecto de los cohetes propulsores, conclusión a la que llegó tras descubrir en varios bloques piedra vitrificada que sólo puede crearse generando altas temperaturas. Como vemos, opiniones para todos los gustos…
La Piedra del Sur
Cerca del yacimiento principal se encuentra lo que parece una prueba definitiva. Se trata del bloque de piedra tallado más grande del mundo. Sus dimensiones son pasmosas: 22 metros de largo, 4 de ancho y casi 5 de altura. Esta mole, conocida como Piedra del Sur, supera en peso –con creces– a los bloques del interior de las ruinas. Permanece allí como esperando ser elevado para formar parte de una construcción que jamás se llevó a cabo…
Al recorrer un lugar como éste no se puede dejar de pensar en yacimientos legados por antiguas culturas. En muchos de estos casos, pensamos en que desarrollaron una tecnología que deja en pañales a la actual. Algunos estudiosos han intentado desentrañar estos misterios, como por ejemplo el físico Joseph Davidovits, que sostiene que las grandes construcciones egipcias se llevaron a cabo gracias a un extinto conocimiento mediante el cual eran capaces de reblandecer la piedra para posteriormente volverla a endurecer. Pero aún siendo muy atrevidas estas tesis, lo cierto es que se hallan sustentadas en análisis microscópicos, ya que gracias a ellos se encontró en el interior de los bloques de la Gran Pirámide cabellos y fibras textiles que de algún modo inexplicable quedaron atrapados en las piedras.
En un lugar del océano Pacífico, en la isla de Pohnpei, se encuentra, para algunos investigadores, una de las pruebas para armar la teoría que podría explicar cómo se logró elevar monumentos como los de Baalbek. Allí, las leyendas hablan de los hermanos Olosipe y Olosaupa, que habrían construido el santuario de Nag Matol transportando las piedras por el aire. Por si fuera poco, la tradición dice que ambos vinieron desde el cielo en una nube luminosa con la intención de construir una cuidad en honor del protector de la tierra y el mar. Sea como fuere, son leyendas, pero… ¿esconden algo de verdad para explicar la hasta ahora misteriosa forma de construcción de estas edificiaciones del pasado? Los asombrosos paralelismos entre las diferentes civilizaciones que poblaron el orbe han hecho pensar que existió una única poseedora de un elevado grado de conocimiento espiritual y tecnológico, que desapareció tras un holocausto. La única evidencia que nos quedó de estas culturas son sus imponentes edificaciones. Posiblemente, la respuesta a todas estas cuestiones está en el hecho de que la Tierra no posee una historia tan lineal como nos quieren hacer ver…