Última actualización 01/09/2005@00:00:00 GMT+1
El descubrimiento de un décimo planeta en nuestro sistema solar es una noticia fascinante, que ha merecido honores de portada en algunos diarios. No es para menos, porque han pasado 75 años desde que se detectó Plutón, porque es una nueva demostración de lo poco que sabemos del Universo y por la pequeña revolución que supone para quienes estamos convencido de la validez de la astrología seria.
Pero en realidad, Xena fue fotografiado hace dos años por los mismos astrónomos norteamericanos que acaban de anunciar su hallazgo. ¿Por qué han decidido hacerlo precisamente en este momento? Según algunos, la intromisión de un hacker en sus equipos informáticos quebró su secreto. Otros sostienen que lo han hecho público en el momento adecuado para lograr un impacto mundial que les ayude a conseguir una financiación para unas investigaciones que les permitirán realizar nuevos descubrimientos. También, que con este anuncio se han adelantado a otros colegas españoles que estaban a punto de publicar sus estudios sobre el nuevo planeta. Y sobre todo porque en unos meses éste será visible mediante cualquier telescopio, lo cual se debe a que describe una órbita elíptica muy cerrada que le haría «aproximarse» a la Tierra de tarde en tarde. Por si esto hace que algunos se pregunten si se tratará de un astro cuya «llegada» provocaría numerosos trastornos, según diversos profecías, les adelanto que nadie mínimamente serio ha planteado semejante posibilidad hasta el momento.
Algunos nos han recordado que resulta incorrecto denominarlo el décimo planeta, puesto que ya se habían descubierto otros que compiten por la misma categoría. El problema es distinguir a qué llamamos planeta, pues muchos cuestionan que se pueda considerar como tal incluso a Plutón, por encontrarse en las fronteras del cinturón de Kuiper; en esa amplísima región repleta de inmensas rocas es donde se encuentra Xena, a más del doble de distancia del Sol que Plutón y 97 veces más alejado de nuestra estrella que la Tierra.
Otro planetoide más pequeño pero muchísimo más próximo a nosotros sería Quirón, cuyas dimensiones le hacen destacarse entre los cuerpos que forman el llamado cinturón de asteroides, y cuya supuesta influencia viene siendo tenida en cuenta desde hace tiempo por los astrólogos, como ya está siendo estudiada la de Xena.
Aquí llegamos a un punto muy interesante: hasta el momento, todos los planetas menos el ultrafemenino Venus, tenían nombres de dioses masculinos de la mitología greco-romana. Xena es una gran excepción, porque su nombre lo han tomado de una heroína televisiva, una princesa guerrera que prefiere la compañía femenina a la de los hombres. Mi buen amigo y brillante astrólogo Vicente Cassanya me explica cómo, tanto el momento en que se descubre un nuevo planeta como las características del mismo y el significado del nombre que se le asigna, sincronísticamente están trasmitiendo un mensaje a la humanidad sobre los aprendizajes más inmediatos que le esperan. Por ejemplo, el hallazgo de Urano, que astrológicamente marca las revoluciones, coincidió con la revolución francesa. En su opinión, el bautizo de este nuevo astro refrenda dos retos inminentes: Xena representa la guerrera feminista que emerge como nuevo modelo frente al patriarcado racionalista que hasta ahora ha dominado nuestro mundo; puesto que la ambigüedad sexual de este personaje televisivo ha hecho que gays y lesbianas la hayan erigido como uno de sus iconos, representa también la tolerancia en muchos sentidos y especialmente en el de la identidad sexual. Poco importa que Xena no pertenezca a la mitología clásica, porque los mitos nacen, se reintroducen y se reinterpretan de forma permanente.