Última actualización 01/10/2005@00:00:00 GMT+1
Nuevos avistamientos y filmaciones del mítico “pies grandes” reabren la polémica sobre la existencia del “yeti americano”. Aquí están los datos…
El bigfoot, el legendario “pies grandes”, ha vuelto este año a los titulares de muchos de los medios de comunicación americanos, a raíz de una nueva filmación en la que aparece caminando por la orilla de un río, diversas apariciones –algunas ante niñas que han quedado traumatizadas y aterrorizadas–, y varias expediciones que han vuelto con indicios de su existencia. Ello ha reavivado el debate sobre la presencia en los más profundo de los bosques del norte del continente americano de una gran criatura que camina sobre dos piernas, como los seres humanos, pero que es algo diferente… Tal vez algún simio desconocido, o algún antepasado de nuestra evolución, o un eslabón perdido en el camino que nos ha llevado a ser lo que somos.
Este nuevo capítulo de una historia que por el momento carece de final, se comenzó a escribir el pasado 16 de abril, cuando Bobby Clarke, operador del ferry del norte de Manitoba, en Canadá, observó desde su barco una insólita figura moviéndose por la orilla. Rápidamente se dispuso a filmar las evoluciones de ese ser de tamaño superior a un ser humano normal, con el cuerpo totalmente cubierto de pelo y con un caminar que resultaba peculiar. Fueron 2 minutos y 49 segundos los que grabó este nativo americano, perteneciente a la Nación Cree, los indios que habitan en la zona conocida como Norway House. En las imágenes que consiguió se puede apreciar el periplo de la criatura, que mediría entre dos metros cuarenta y tres metros de altura, y totalmente cubierta de pelo. Al final de la filmación se puede ver claramente cómo el ser se gira hacia la cámara, al parecer mirando hacia el testigo, pero sin que sea posible apreciar con demasiada claridad los rasgos de su rostro.
Durante los días siguientes fueron cientos los vecinos, miembros de la misma comunidad indígena, los que pudieron apreciar las insólitas imágenes, hasta que finalmente los derechos de emisión de la cinta fueron vendidos al programa de televisión A Current Affair –“Un Asunto de Actualidad”–, que distribuye la cadena Fox, que lo emitió en exclusiva.
Esa filmación ha sido calificada por muchos como la mejor grabación de un bigfoot –o sasquatch, como se prefiere decir en Canadá–, desde la ya mítica y polémica filmación de Roger Patterson en 1967. Aunque su calidad no es la mejor posible, –está algo desenfocada–, muestra a una figura que no parece humana.
En un primer momento los investigadores serios que dedican sus esfuerzos a buscar la verdad sobre el misterio del bigfoot, que son bastante numerosos en Estados Unidos y Canadá, pusieron en duda el testimonio del nativo Cree, sobre todo por la venta en exclusiva de los derechos de emisión a una cadena de televisión. Pero más tarde se aclaró que fueron los líderes de su comunidad los que gestionaron esa venta. Investigadores que han hablado personalmente con Clarke –e indagado sobre la fiabilidad de su testimonio–, han manifestado que parece ser una persona honesta y de total credibilidad. “Después de haber estado hablando con él me parece un testigo totalmente fiable”, manifestó el investigador Tom Biscardi. De la misma opinión se muestra el doctor Franklin Ruehl, que fue uno de los primeros que habló con el testigo y pudo analizar la cinta. “Vi una entidad intrigante que ciertamente parecía un híbrido entre un mono y un hombre”, dijo este investigador, que apuntó que la criatura no caminaba como un oso, y sus brazos eran largos, por debajo de las rodillas. “Todo lo que pude ver fue esa figura; estaba algo oscuro pero sabía que no podía ser un hombre. Era demasiado grande para serlo”, dijo el testigo y autor de la filmación Bobby Clarke. Otros investigadores que han estudiado la misma coinciden en que esas imágenes dejan abiertas más preguntas de las que contestan. Como ha ocurrido en otras ocasiones, la grabación de la aparición de una de estas criaturas no resulta una prueba concluyente. Los que ya creían en este enigma continúan pensando que los bosques de Norteamérica esconden a un gran primate desconocido, y los escépticos siguen creyendo en que no hay nada nuevo bajo el Sol.
Apenas dos semanas después de la emisión de la extraña filmación del sasquatch, el programa de televisión que había ofrecido la exclusiva de su difusión organizó una expedición a la misma zona donde había tenido lugar el avistamiento. Además del mencionado doctor Ruehl, se desplazaron a los bosques que rodean el río Nelson otros pretendidos investigadores, así como el productor del programa, Brett Hudson, y la cantante Cherie Currie. El 14 de mayo el equipo ofreció una rueda de prensa en la que informaba de los resultados de su búsqueda por los bosques de la zona donde se había producido la filmación de la extraña criatura. Si bien no consiguieron avistar al enigmático ser, encontraron diversos indicios físicos de su presencia, como huellas de gran tamaño, restos de alimentos a medio consumir y sobre todo unos pelos que no parecen corresponder a ningún animal conocido, y que anunciaron que serían remitidos para su estudio y análisis de ADN al Bigfoot Field Researchers Organization, posiblemente la entidad que más trabajos está haciendo sobre el terreno para descubrir la realidad que se encuentra detrás de los pies grandes.
No será desde luego la primera vez que se analiza vello supuestamente perteneciente a esta criatura, sin que por el momento los resultados hayan sido concluyentes. Sin ADN con el que realizar comparaciones lo único que se ha podido determinar en otras ocasiones es que se trata de un material hereditario procedente de una especie diferente al ser humano, aunque próxima en la escala evolutiva, posiblemente algún tipo de antropoide de una especie desconocida. El análisis de pelos pertenecientes a uno de los muchos parientes del bigfoot, cuya pista se puede seguir por medio mundo, el yereen de China, arrojó hace unos años uno de los resultados más concluyentes. En una investigación realizada por científicos chinos, en la que participó un equipo de investigadores de la Universidad de Manchester, se concluyó que la proporción de dos elementos, zinc y hierro, que había en esos cabellos era muy diferente tanto a la que tienen los seres humanos como otros animales conocidos, por lo que se determinó que éstos procedían de una especie de primate sin clasificar.
Sólo seis días después de la mencionada conferencia de prensa, el extraño ser volvió a dar señales de vida en el norte de Manitoba, en la misma zona –Norway House– donde había sido filmado un mes antes. En esta ocasión las testigos fueron unas niñas que se encontraban jugando cerca de sus casas, al lado mismo del bosque. Eran casi las ocho de la tarde cuando se percataron que las estaba mirando el sasquatch. La impresión fue tan grande que una de ellas se desmayó, mientras que las otras quedaron paralizadas ante la aterradora presencia de la criatura, que en ningún momento se mostró agresiva ni hizo intento alguno de atacarlas. Al enterarse del encuentro los vecinos de la zona organizaron rápidamente una partida para rastrear los contornos, y se encontraron con una serie de huellas de enorme tamaño, al menos el doble de las que dejaría una persona con un calzado del 45, que mostraban claramente visibles los dedos de los pies.
También encontraron varias muestras de pelo, algunas en el interior de las huellas, y otras junto a un pino donde había más rastros de la criatura. Según uno de los testigos se trataba de vello bastante largo, negro y blanco. Toda la zona estaba impregnada de un olor nauseabundo. En los días siguientes se encontraron nuevos rastros en la zona de Paupanekis Point, donde las niñas habían visto al animal. Las huellas eran de menor tamaño, unos 30 cm de largo, en lugar de los 50 de las primeras, y los pelos que se encontraron junto a ellas eran de color negro, por lo que los veteranos rastreadores indios están convencidos de que se trata al menos de dos individuos diferentes, uno mayor y otro menor y posiblemente más joven, un sasquatch adolescente, posibilidad que concordaría con los extraños aullidos que se han escuchado por la noche en la zona, como si se estuviesen comunicando entre sí. En los días siguientes se produjeron nuevas observaciones y huellas, lo que precisamente no ha contribuido a calmar los ánimos de las gentes de la zona. Las niñas que fueron testigos del bigfoot no quieren salir de sus casas para jugar junto al bosque como solían hacer antes. Saben que el sasquatch puede estar merodeando, y no les importa que los zoólogos les digan que eso que han visto no existe.
Uno de estos seres volvió a dar señales de vida el pasado 10 de julio, cuando nueve vecinos de la remota comunidad Teslin, en el territorio del Yukon, en el norte de Canadá, vieron a uno de estos gigantes bípedos merodeando por los alrededores de las casas. Uno de los testigos, Roger Smarch, relató que primero escuchó un extraño ruido en el exterior de su casa, como un crujido de ramas, y miró por la ventana extrañado, pues ese día no hacía viento. En ese momento pudo ver cómo cruzaba corriendo a grandes zancadas una gran criatura peluda. Instantes después otros testigos lo observaron junto a un coche abandonado. “Pude ver una cosa grande y negra que corría, pero no pude distinguir la cabeza ni ningún otro rasgo, me imagino que estaba merodeando”, dijo otro de los testigos que se encontraba en el porche de su casa en ese momento. Las autoridades, avisadas por los vecinos, constataron la presencia de numerosas huellas de gran tamaño, el doble de las de una persona normal y también hallaron diversos cabellos negros que han sido enviados para ser analizados, con la esperanza de que su ADN pueda arrojar algo de luz.
Porque lo cierto es que pese a que la ciencia no reconoce la existencia de esta criatura –como es lógico pues todavía no hay pruebas definitivas de su existencia–, los indicios de la presencia de un gran primate bípedo en los bosques norteamericanos se acumulan. Las primeras historias de la aparición de estos extraños seres fueron narradas por los indios hace ya más de cuatro siglos, y pronto se cumplirán doscientos años del primer avistamiento del que se tiene noticia por parte David Thompson, que encontró las pisadas en la región de Alberta, en Canadá. Desde entonces se han producido miles de avistamientos. El investigador John Green reunió en sus archivos una muestra con 465 informes de avistamientos de estos seres, que permite hacer un retrato robot del gran peludo americano. Su tamaño estaría entre los 2,10 y los 2,40 metros, pues apenas una cuarta parte de los informes apuntan a tallas menores, y sólo uno de cada cinco lo describe con mayor altura. Más de la mitad de los testimonios hablan de que su pelaje es negro u oscuro. Sus pisadas, según la mayoría de los testimonios y huellas encontradas, tienen entre 45 y 48 centímetros, un tamaño que sin duda les complicaría la búsqueda de un calzado adecuado, en el más que hipotético caso de que lo necesitasen. Diversos estudios han apuntado que en su dieta predominan los vegetales, pero también con un importante aporte de pequeños animales y peces, pues en ocasiones han sido vistos mientras los transportaban.
Miles de testimonios, moldes de las huellas, filmaciones, e incluso muestras de ADN sin identificar componen las piezas de un puzzle que por el momento no tiene solución ya que falta la pieza clave, lo único que haría posible resolver el misterio: la captura de un ejemplar, o la recuperación de un cadáver. En los bosques del oeste de Estados Unidos y Canadá podría haber en la actualidad en torno a un millar de “pies grandes”, según un cálculo realizado en función del hábitat y de las necesidades alimenticias estimadas para estos seres. Ahora sólo hay que buscarlos…