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Los enigmas del 7-J (II parte)

Última actualización 01/11/2005@00:00:00 GMT+1
Los atentados de Londres siguen siendo un gran misterio. A medida que la investigación continúa, se aclara la existencia de implicación del gobierno del Reino Unido en la creación y expansión de Al Qaeda, en colaboración con los Estados Unidos. ENIGMAS les ofrece los últimos datos al respecto.
El 8 de julio de 2005, la figura de Robin Cook ya estaba en lo más alto del pedestal de la política británica. Hasta el año 2003 había sido ministro de Asuntos Exteriores durante el gobierno del laborista Tony Blair. Sin embargo, guiado por la fidelidad a unos principios sólidos se vio obligado a dimitir cuando el gobierno de su país apoyó sin medias tintas la invasión de Irak por parte de Estados Unidos. No sólo se había mostrado en contra de la guerra, sino que aseguraba que los servicios de inteligencia británicos habían falseado informaciones relativas a Saddan Husein. En opinión de Robin Cook, el dictador iraquí ni disponía de armas de destrucción masiva ni era aliado de Bin Laden en la expansión del terrorismo internacional.

Sin embargo, hasta ese día, justo 24 horas después del terrible atentado ocurrido en el suburbano de Londres, Cook había decidido mantenerse en un segundo plano. Su visceral disciplina política le había llevado a callarse, pero la muerte de 55 de sus compatriotas como consecuencia de un atentado atribuido de inmediato al terrorismo islamista le invitó a romper su silencio. Lo hizo en las páginas del diario The Guardian. Sorprendentemente, sus palabras no provocaron el terremoto político esperado. La alianza entre los medios de comunicación británicos para no mostrar fisuras –aunque eso supusiera faltar a la verdad de forma flagrante– de cara al enemigo terrorista surtieron su efecto. Sin embargo, las declaraciones de Cook fueron nítidas y rotundas: “Al Qaeda es un gigantesco invento de los servicios de inteligencia occidentales. Originalmente, fue un fichero informático en donde estaban registrados los soldados islámicos apoyados por la CIA para combatir contra los rusos en Afganistán”.

De este modo, Cook se aliaba con las llamadas teorías conspirativas, con la diferencia de que él sí había accedido a información sensible en los archivos secretos de su país. Contradecía así las tesis del primer ministro Tony Blair, que había elogiado en público el informe de 800 páginas del Congreso de los Estados Unidos en donde se plasmaban los resultados de la Comisión de Investigación del 11-S. En dicho escrito se ocultan los tratos mantenidos entre la CIA y Bin Laden, a quien se atribuye de manera unilateral el nombre de la red Al Qaeda. Para Cook, ni siquiera esa denominación era de origen islamista. Es más, implicaba a su propio país en el desarrollo de la red terrorista, por ejemplo, cuando a mediados de los noventa se entrenó y financió a grupos kosovares que luchaban contra Serbia en la guerra de la antigua Yugoslavia.

El Reino Unido y su apoyo a Bin Laden
Servidor ya había desempolvado varios informes elaborados en el Senado de Estados Unidos en 1996, los cuales mostré en el libro La Jugada Maestra –Ed. Temas de Hoy–. Dichos documentos demostraban que la OTAN, junto a Estados Unidos, España o el Reino Unido, habían apoyado la creación de una red en Europa de captación de soldados islámicos para ingresar en las filas de los grupos liderados por Bin Laden y su lugarteniente Al-Zawahiri en Kosovo. Parte de esas redes utilizaron mezquitas radicales en el Reino Unido para proporcionar muyahidines a Al Qaeda, pese a que dicho nombre jamás fue utilizado, ya que sólo era el apodo del fichero informático. En esas redes de captación participaron de forma abierta los servicios de inteligencia británicos, como por ejemplo el MI-5. Se utilizó, por ejemplo, la mezquita de Fisbury Park en Londres, en donde impartía sermones Abu Qutada, un extremista de origen jordano a través del cual se hizo llegar dinero y hombres a las redes islamistas. Entre quienes formaban parte de esa red se encontraban algunos presuntos terroristas procedentes de España y que acaban de ser juzgados por pertenencia a banda armada.

Tras los atentados del 7-J, el propio Abu Qutada ha sido expulsado del país. Sin embargo, en ningún momento se han mencionado la existencia de informes del Servicio de Migración del Reino Unido, en donde se detallan los tratos del MI-5 con este intregrista. Tales escritos han sido practicamente silenciados. Tampoco se ha recordado cómo, tras su primera detención, Abu Qutada fue protegido en secreto por el MI-5 en una vivienda del norte del Reino Unido por espacio de varios meses. Éstas y otras informaciones similares sitúan al gobierno de Londres en la misma esfera de responsabilidad que al de Washington.

El propio Robin Cook señalaba en su opinión publicada por The Guardian que la coincidencia temporal entre los atentados de Londres y la reunión del G-8 en Escocia –los líderes de los siete países más industrializados y Rusia– había venido muy bien para que el presidente de los Estados Unidos lograra capitalizar dicha cita, reiterando la necesidad de combatir atentados como el de Londres por la vía militar. Y es que a nadie escapaba que los muertos del suburbano hicieron desaparecer de la escena mediática a las decenas de miles de jóvenes congregados en Gleneagles (Escocia) para exigir a Bush y Blair que lucharan contra el hambre en el mundo.

“El terrorismo es un mito”, dice otro ministro
Por cierto, Robin Cook falleció apenas una semana después de sus declaraciones víctima de un infarto de miocardio. Hasta ese momento, su salud había sido de hierro. Sus últimas palabras en público fueron las ya mencionadas respecto al origen real de Al Qaeda. Ya no podrá desvelar más tramas ocultas del Poder al que perteneció… Pero él no fue el único político de alto nivel que efectuó revelaciones embarazosas al respecto. Conviene citar aquí a otro de los ministros de Blair que abandonaron su cargo a raíz de la guerra de Irak. Es Michael Meacher, titular de Medio Ambiente entre mayo de 1997 y junio de 2003 que, recientemente, publicaba en la revista catalana El Viejo Topo un texto que, en condiciones normales de libertad mediática, habría causado un maremoto político. Su escrito se titulaba “El cuento de la guerra contra el terrorismo”. Aseguraba ahí que la realidad sobre los acontecimientos del 11-S “no se ajusta a la versión oficial y es mucho más siniestra de lo que imaginamos”. Explicaba que existe un plan norteamericano para impulsar corrientes bélicas a partir del terrorismo internacional, que necesitaba un aliado clave: su propio país. Por ello abandonó el gobierno, ya que “el terrorismo actual es un pretexto para conseguir objetivos geopolíticos estratégicos, porque toda esta guerra contra el terrorismo tiene la pinta de ser un mito político propagado para hacer tragar más fácilmente un plan de hegemonía mundial, consolidando por la fuerza el suministro del petróleo”. Además, para el ex ministro, los actuales atentados y la guerra contra el terror es “una pantalla de humo de carácter político que se reduce a que Estados Unidos y el Reino Unido están empezando a quedarse sin suministro energético”.

En la actualidad, gracias a las normativas implementadas tras el 7-J en Londres, declaraciones como las efectuadas por los dos políticos citados podrían ser consideradas como delictivas. Y es que según el paquete de medidas aprobadas por Tony Blair, quien cuestionare el ordenamiento político británico “incitando aunque fuera de forma indirecta” a posibles terroristas, podrían ser expulsados del país. De hecho, algunas páginas web críticas con las versiones oficiales sobre Al Qaeda ya han empezado a ser clausuradas. También al otro lado del Atlántico ocurre algo similar, y es que el Departamento de Estado publicó a finales de julio un informe en el cual se situaba en la órbita de los enemigos de Estados Unidos a aquellos periodistas que estaban divulgando determinadas informaciones contrarias a la versión oficial. Que le apunten a un servidor…
Muchas cosas han cambiado. No es necesario remontarse mucho tiempo atrás. Exactamente, al 11 de enero de 2000. En esas fechas, el presidente de los Estados Unidos era Bill Clinton y la jefa de la diplomacia norteamericana Madeline Albraight, quien recibió un escrito firmado por algunos altos mandatarios, entre los que se encontraban el jefe de la CIA George Tenet –que permaneció en el cargo hasta después del 11-S–, o el director del FBI Louis Freeh –que fue cesado de su puesto siete días antes del 11-S–. Ambos solicitaban a Albraight que se incluyera al Reino Unido en la lista de países que apoyaban al terrorismo islámico. Sobra decir que la propuesta no fue aceptada, pero las motivaciones que llevaron a Tenet a firmar el escrito siguen siendo una incógnita. Curiosamente, bajo su mandato, el delegado de la CIA en Emiratos Árabes Unidos mantuvo una reunión con Bin Laden dos meses antes del 11-S, según confirmó la prensa francesa y periodistas como Richard Labéviere en el mismo lugar de los hechos, el Hospital Americano de Abu Dabi. Lo que ocurrió en esa cita es un gran misterio, del mismo modo que lo son los inexplicables fallos de la CIA, que tenía controlados a varios de los implicados en el 11-S pero que no actuó contra ellos. Sin embargo, las coyunturas políticas han provocado un alejamiento entre George Bush y su tocayo Tenet, destituido al frente de la CIA en 2004. Este último afirmó, a primeros de septiembre de 2005, que podría desvelar “informaciones muy comprometedoras para Washington sobre su papel en el 11-S”.

En ese escrito se dan determinadas pruebas sobre cómo el alto mando en Londres sostiene y ampara ciertas organizaciones armadas. Cita el caso de Hamas, la organización palestina acusada por Israel de terrorismo, que fue un invento israelí con objeto de que sus acciones sirvieran para extender la represión. Curiosamente, la misma mañana del 7-J se encontraba en Londres el ministro de Economía de Israel, Benjamin Netanyahu. Se alojaba en un hotel próximo a donde se produjeron los atentados. Curiosamente, minutos antes de las explosiones recibió un aviso por parte de Scotland Yard –así lo publicó Associated Press– para que se mantuviera en su hotel ya que podría producirse un atentado.

Al Qaeda contra Gadafi…
En febrero de 1996, una bomba estalló muy cerca del lugar en donde Muamar El Gadafi presidía un desfile militar. Varias personas murieron, pero el presidente de Libia salió ileso de un atentado que se atribuyó a Tunworth, rama terrorista vinculadas a Bin Laden. Se emitió entonces una orden de detención contra Bin Laden y un terrorista islamista llamado Anas al Liby. Poco después, este terrorista fue identificado en Londres, pero lejos de ser entregado a Gadafi, recibió asilo político hasta mayo de 2000. La incomprensible acción fue aclarada poco después por un hombre llamado David Shayler, ex espía del MI-6, que efectuó comprometidas declaraciones a la BBC, que posteriormente nunca volvieron a emitirse. Gracias a los datos proporcionados por él se ha sabido la verdad: dos agentes del MI-6 –el servicio de inteligencia exterior– se infiltraron en una célula islámica para convertirla en un grupo terrorista. Dichos agentes tenían los nombres en clave, PT16 y PT16B. Hoy se sabe que se llaman Richard Bartlett y David Watson. Movilizaron al grupo hasta que colocaron la bomba contra Gadafi…

Puntos oscuros
Sobre la implicación de elementos del poder en el terrorismo internacional ya se ha escrito mucho. Los atentados de Londres del 7-J no han hecho más que incidir en esa dirección. A las informaciones que revelaba ENIGMAS sobre la relación de algunos implicados con los servicios secretos y a la existencia de un ejercicio de simulación la misma mañana de los hechos –que fueron llevadas a cabo por una empresa que trabaja para el gobierno que, la mañana del 7-J ensayaba antes de las explosiones cómo afrontar un atentando terrorista en el Metro– hay que sumar nuevos datos casi escalofriantes. Según han confirmado varias fuentes a ENIGMAS, en la Bolsa de Londres y Nueva York se especuló de forma sobresaliente con los precios del oro en los días previos al atentado. Sólo el conocimiento previo de una crisis puede movilizar las cantidades de oro material que se movieron justo antes de las explosiones. Además, hubo algunas empresas petrolíferas que manejaron cantidades de dinero muy importantes en su propio beneficio. Periódicos como El Mundo –17 de julio de 2005– atribuyeron esos movimientos a ejercicios en el parqué del propio Bin Laden. Sin embargo, los flujos económicos manejados no salieron en ningún momento de los circuitos del gran capital. Como si alguien hubiera sabido qué iba a pasar…
Otra de las informaciones que inquietaron durante las primeras semanas a los investigadores eran los nulos elementos probatorios de conexión entre Al Qaeda y los autores de la matanza. Sin embargo, la prensa británica de inmediato se hizo eco de una reivindicación de los atentados que apareció en un foro de Internet. Dicha reivindicación venía firmada por la desconocida “organización secreta de Al Qaeda en Europa”. Más allá de este punto, los medios de comunicación no dijeron nada. Nosotros sí: la web en la que se colgó desde el servicio de administración es al-qal3ah.com. Le seguimos la pista y descubrimos que el servidor en el cual estaba registrada era Everyone’s Internet, cuyos clientes son grupos islámicos de Qatar y páginas pornográficas. Pero a esta extraña peculiaridad hay que sumar otra: el dueño del servidor es Roy Marsh, empresario de Houston que mantiene amistad con George Bush desde los años setenta y con quien hizo negocio cuando el actual presidente norteamericano “sólo” era gobernador de Texas…
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