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Última actualización 01/11/2005@00:00:00 GMT+1
José Argüelles o Valum Votan, conocido mundialmente por sus investigaciones de la cultura maya, es uno de los grandes descifradores de los fabulosos conocimientos que esta civilización tenía del cómputo del tiempo. Recientemente ofreció en España un seminario con
el título de «El viaje de
la Paz hacia el 2012».


Este acontecimiento tuvo lugar entre los días 5 y 7
de agosto en San Sebastián (País Vasco).
Es autor de decenas de libros y se le considera una de las figuras más representativas de la espiritualidad y del cambio de paradigmas. Valum Votan está entregado por completo, como presidente de la Fundación para la Ley del Tiempo, con sede en Oregón, EE UU, a la investigación de las enseñanzas transmitidas a los seres humanos por los llamados «mayas galácticos». Éstos serían seres de elevadísima frecuencia que, en el pasado, supuestamente, habrían llegado al territorio maya desde distintos lugares del Universo y desde otras dimensiones, desarrollando así, con un vigor inusitado, una de las más grandes civilizaciones del planeta.

Ciclo solar

Utilizando como lema «El tiempo es arte», a través del «Movimiento mundial de paz mediante el cambio al calendario de 13 Lunas», propugna la sustitución del calendario gregoriano, que considera un cómputo artificial y erróneo de tiempo, por el calendario lunar de trece lunas de veintiocho días, más el «Día Fuera del Tiempo», lo que nos da 365 días, todo ello como reflejo armónico del ciclo solar, que nos sitúa en la frecuencia del tiempo natural de la Tierra.

Al seminario acudió acompañado por la Reina Roja, la persona que está instruyendo para hacerse cargo de su legado en el futuro, con un propósito concreto: que esta herencia espiritual pueda ser transmitida por la energía femenina, tan necesaria en nuestro planeta. Recordó nuestro derecho al despertar espiritual masivo frente a la crisis global, como preparación para el nuevo ciclo o estado de la humanidad llamado Noosfera (la capa mental del planeta), que sucederá, según afirma, al de la Tecnosfera que con el predominio de la tecnología está causando gravísimos problemas al estado de conciencia de la humanidad, como especie que es parte indisoluble de la Biosfera, el vínculo natural y armónico con la naturaleza.

Frente a «la guerra del terror, el recalentamiento global y el descontento social», Argüelles reclama la regeneración de la Tierra y el total desarrollo de una civilización cósmica con plena consciencia de las leyes universales. Para ello tendríamos que ser conscientes de que vivimos en una realidad manipulada, en gran medida engañados por condicionamientos mentales que tienen sus raíces en épocas muy lejanas, y que nos han desvinculado de las auténticas frecuencias de la creación que nos permitirían ser libres. Se trata de una «realidad» artificial y engañosa, fundamentalmente a causa de una forma errónea de percibir el Tiempo, provocada por el denominado «Robo del Tiempo».

Cuarta dimensión

La medición del Tiempo es fundamental para la evolución de la humanidad, pues siendo la cuarta dimensión es el puente que permitiría la auténtica transformación, desde la tercera dimensión, que supone un engaño para nuestros sentidos, hasta la quinta dimensión, la del espíritu. Es por eso que en múltiples ocasiones ha rechazado la expresión «el tiempo es oro», utilizando en su lugar la de «el tiempo es arte». El Tiempo, como un estado interior de conciencia, se transforma en una herramienta creativa para disolver las ataduras de una medición de Tiempo que condiciona peligrosamente nuestra mente. Esta percepción errónea ha provocado que la belleza y la armonía, y la conexión con otras dimensiones, se supediten al progreso material, a la industrialización y a la destrucción de la biodiversidad del planeta, negando la primacía de la condición espiritual del ser humano en relación con las leyes universales de la Creación.

Según Argüelles, el principal problema del mundo es el ego, lo que nos impide identificarnos con quienes nos rodean, todo lo contrario de lo que representa la frase del código de honor maya: In lak’ech (yo soy otro tú). Por ello, asegura que el calendario (o sincronario) de 13 lunas supone «la reformulación de la mente humana». Se trata de una «perfección de la armonía matemática, ya que todo en el Universo es armonía». En este sentido, no habrá paz en el mundo hasta que cada uno de nosotros seamos paz, y la paz comienza en la mente. «No puedes encontrar la paz si no conoces tu psiquismo, pues todo en el Universo se construye con tu mente». Con esta afirmación se une a la corriente universal de los grandes místicos que han afirmado sistemáticamente que el Universo es el resultado de nuestros pensamientos, un proceso mental que está colaborando en la creación continuamente, elaborando una realidad determinada en función de nuestro psiquismo.

Proceso cósmico

Según Argüelles, innumerables factores están llevando a la humanidad a un callejón sin salida. Esta situación empeorará todavía como consecuencia de la propia evolución cósmica que incide en el extraño comportamiento del Sol. Para Argüelles, todo esto forma parte del proceso que culminará en el 2012. En este caso, el Sol (conocido por los mayas como Kinich Ahau) ha sido y es el responsable de la evolución de nuestro planeta, a través de la emisión de códigos de luz provenientes del centro de la galaxia, que recibe y envía a la Tierra. A este centro, fuente de luz e información de la galaxia, los mayas lo llamaban Hunab Ku, «el gran dador de la medida y del movimiento». No sólo lo identificaban con el Dios Supremo, la Fuente Creadora de la que todo procede, sino con un proceso matemático y con un movimiento absolutamente armónico.

Las extrañas anomalías del Sol, detectadas por la ciencia, serían el resultado de un cambio progresivo de frecuencia que hará posible una mutación inimaginable hasta el momento, como parte de un período en el que numerosos ciclos cósmicos encajan para que la especie humana experimente un salto cuántico sin precedentes. Argüelles destacó una y otra vez la importancia de sincronizarse con esta nueva frecuencia, la necesidad de retornar a la naturaleza, de volver a resonar con los ciclos cósmicos y con un tiempo que responda al movimiento armónico de nuestro planeta en relación con el Sol y cada uno de los planetas del sistema solar. Lo que está ocurriendo ahora es el preludio de lo que va a suceder en un futuro a mayor escala, pues como parte del ciclo de 23 años aproximadamente de nuestra estrella, el clímax en la espectacular actividad de las manchas solares, como tantos otros aspectos de este cambio sin precedentes, tendrá lugar, una vez más, en el 2012. La gran pregunta es cómo va a afectar todo este proceso a nuestro sistema nervioso, si la humanidad va a estar preparada para adaptarse a una situación extrema como parte del incuestionable cambio climático y de frecuencia vibratoria. Uno de los argumentos que con más insistencia expone Argüelles es el de la aparición de la Noosfera, un estado de conciencia colectiva en el que se adquiriría la facultad de la telepatía global y en la que no sería posible la «burbuja del ego». Frente a la actitud egoica que supone el rechazo de los demás, y que es el germen de todo conflicto, prevalecería la primacía de una mente colectiva, colaborando eficazmente en un proceso espiritual de vital importancia para el salto evolutivo que nos corresponde dar. Los principios de la Noosfera ya fueron expuestos por Teilhard de Chardin y Vernadsky, y son perfectamente compatibles con la novedosa formulación de la «Ley del Tiempo», que sería la síntesis del proceso de investigación y experimentación de toda una vida de José Argüelles.

Manifestación sublime

El Tiempo es una esencia trascendental de conexión con otros planos dimensionales. La perturbación ha sido tan grande que lo hemos transformado en una secuencia de movimiento a través de un espacio, por medio de las agujas de un reloj. Para los mayas, sin embargo, era la manifestación sublime del proceso armónico de la creación. Según Argüelles, «la intención principal de los mayas clásicos no era la de computar el Tiempo, sino la de anotar las calibraciones armónicas del rayo de sincronización armónica de 5.200 tunes», lo que se corresponde con un ciclo de 5125 años, período de gran importancia, pues el último comenzó en el tan significativo año 3113 a. C y culmina el 21 de diciembre de 2012, fecha en la que tantas profecías se empeñan en recordarnos que habrá grandes cambios para la humanidad.

Como base fundamental de la amplia enseñanza de la Ley del Tiempo, basada en códigos de luz de resonancia cósmica, existen dos frecuencias importantes, los trece tonos galácticos y los 20 sellos solares, que dan lugar al sagrado calendario maya llamado Tzolkin, el Telar Maya o Módulo Armónico. Una vez descifrado este auténtico programa de ordenador estelar, se despliega una información sin límites. La fusión entre ambas frecuencias da como resultado un conjunto de 260 días o kines, también representativos de la esencia de los seres humanos.

Tal como Valum Votan ha explicado, la Ley del Tiempo se expresa mediante la siguiente fórmula «T(E) = Arte, energía factorizada por el Tiempo produce arte. T equivale a la frecuencia 13:20 constante, energía igual a cualquier manifestación en el plano fenoménico de un proceso, y arte es el resultado armónicamente establecido en el mundo de las apariencias. La velocidad del Tiempo es instantáneamente infinita, estableciendo al tiempo como medio de la telepatía».

Según este cuerpo de enseñanzas, «la perfección armónica del calendario de Trece Lunas/28 días no es sólo un vehículo para la re-armonización de la mente humana y finalmente la del ADN humano, sino también es una herramienta para la trascendencia instantánea de la historia».

Espiritualidad y ciencia cobran sentido en el descubrimiento actual de una de las más grandes civilizaciones que han poblado nuestro planeta. Argüelles desentraña este misterio en El Factor Maya: «Si los trece números son la luz que despierta la mente y el cuerpo, entonces las veinte posiciones direccionales son el agua que nutre a esta misma mente, y a este mismo cuerpo. En el juego de los trece números y los veinte símbolos habita el código-banco galáctico, que informa a las estructuras resonantes que componen el tejido de símbolos que es el tapiz de nuestra realidad».

El fuego sagrado

Como parte de las numerosas actividades que se realizaron en el seminario tuvo lugar una ceremonia de iniciación, en la que actuó como sacerdotisa del fuego, y portadora del sahumador con el copal sagrado, la mexicana Simeth Payán, mixteco-zapoteca, pero de origen maya. En este acto, en el que cada una de las personas que asistían fueron purificadas con el incienso sagrado de Mesoamérica, se leyeron los «13 pasos para la paz universal» y se hizo una profunda reflexión sobre el perdón universal. Valum Votan y la Reina Roja fueron tocando a cada uno de los presentes con una varita de abedul en los hombros, como culminación de la transmisión de conocimiento recibido.
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