Última actualización 01/11/2005@00:00:00 GMT+1
Algunos fraudes han proyectado la sospecha de que nos hallamos ante un misterio creado artificialmente. Sin embargo, puede documentarse que estas extrañas formaciones existían desde mucho antes de que se pusieran de moda. ¿Quién o qué elabora los complejos diseños que aparecen sobre el campo como mensajes redactados en un código simbólico? En este reportaje recogemos las teorías más recientes que intentan explicar este fenómeno.
Los círculos de las cosechas han vuelto ha aparecer en abundancia en 2005, desconcertando a los investigadores nuevamente a los investigadores de lo paranormal. No podríamos reproducir en estas páginas la casuística reciente, por ello hemos decidido proponerles un viaje al pasado reciente e intentar explicar este misterioso fenómeno.
Los crop circles (en su denominación en inglés) captaron el interés general en agosto de 1980. Tres formaciones de 18 m de diámetro fueron descubiertas ese día en un campo de Wiltshire (Inglaterra). Desde entonces el fenómeno se ha convertido en algo habitual. Cada año aparecen unos 250 diseños de tamaños muy variados. Algunos pueden alcanzar centenares de metros de diámetro y cubrir grandes superficies. En las últimas dos décadas se han registrado miles de casos. La perfección de los diseños –simetría, dirección de las espirales, complejidad, simbolismo, etc. – se aprecia mejor desde el aire.
El misterio que suponen surge de varios hechos confirmados:
l Los círculos se producen repentinamente, como máximo en pocas horas y a veces en minutos. En julio de 1996 una espiral de 279 m constituida por 151 círculos apareció en la carretera A-303, cerca de Stonehenge (Wiltshire). El testimonio de un piloto que sobrevoló este área a las 17: 30 h y el de las personas que observaron este diseño a las 18: 01 h indican que se creó en menos de media hora.
l Los testigos oculares han descrito incluso formaciones realizadas en pocos segundos por una fuerza invisible que se movía con sorprendente velocidad, pero sin dañar las plantas. También afirman haber presenciado, simultáneamente a la aparición de dichos diseños, vórtices similares a tornados, fenómenos luminosos extraños y sonidos agudos provenientes de una fuente invisible.
l Algunas plantas afectadas presentan alteraciones electromagnéticas o anomalías químicas inexplicables. El geofísico de Michigan W. C. Levengood detectó asimismo notables alteraciones biológicas producidas por radiación en las plantas.
l Ninguna fabricación humana ha podido repetir estos resultados.
l En 1995, expertos del Ministerio inglés de Agricultura observaron en los vegetales afectados por el estampado de los círculos alteraciones químicas, como una proporción anormal de nitratos y otros elementos.
l Los surcos que dibujan los círculos en el cereal o en la hierba se forman por un aplastamiento de las plantas, sin rotura de los tallos. Estos se inclinan en ambos sentidos, entrelazándose.
l En algunos casos se los ha vinculado a fenómenos eléctricos, por su aparición después de tormentas o por haberse avistado supuestas anomalías atmosféricas, como rayos en bola.
l El epicentro de esta manifestación es el sur de Inglaterra, donde se ha registrado la mayoría de los casos. La frecuencia de éstas en determinadas áreas ha impulsado a algunos investigadores a vincularlos con antiguos lugares de poder y centros de culto estelar, como Stonehenge.
l En los últimos años se ha extendido ampliamente, sobre todo en el hemisferio norte. Han aparecido formaciones en Alemania, Canadá, EE UU, Holanda, Chequia, Italia, Rusia y en cultivos de arroz en Japón, entre otros muchos lugares. El 9 de julio de este mismo año se ha informado de extraños círculos aparecidos en Argentina.
l Aunque se les denomina crop circles o «círculos del cereal» por producirse preferentemente en dichos cultivos, también se han manifestado en campos de hierba salvaje y matorrales, o en cultivos tan dispares como el maíz, las patatas, el lino y la colza.
l El fenómeno ha evolucionado claramente desde los años 80, en el sentido de mayor tamaño y complejidad de los diseños. En 2001, un rostro humanoide y un código binario rectangular aparecieron junto a un radiotelescopio en Chibolton (Hampshire). Otro humanoide acompañado asimismo por un código binario se formó en un campo en Winchester, en el mismo condado.
l Los primeros pictogramas complejos surgieron a partir de 1990, con largas cadenas de círculos, rectángulos y anillos armónicamente dispuestos, con una impecable precisión y sentido estético.
l En 1998 apareció un mandala con siete pétalos en Wiltshire, que cubría un área de 6000 metros cuadrados. Dos años antes se había formado una espiral de tres brazos, con 195 círculos y una procesión de triángulos equiláteros ordenados de menor a mayor. Cubría un área de 183 m de diámetro.
l En los últimos años se han generalizado los diseños con un simbolismo esotérico notorio, entre ellos el candelabro judío de siete brazos (Menorah), estrellas de cinco, seis, nueve y diez puntas, o el Hombre Cósmico, entre otros motivos universales conocidos por todos los grandes sistemas religiosos de la antigüedad y atribuidos por éstos a la revelación directa de la divinidad.
Un auténtico misterio
En 1991, los británicos Doug Bower y David Chorley alcanzaron su minuto de fama mediática al declarar que ellos habían inventado los círculos como broma, iniciando una moda que luego sería imitada. En un clima informativo dominado por una contraofensiva escéptica bien orquestada, se difundió como un hecho establecido la versión de que la factura de los círculos era humana y obedecía a diversos fines: atraer turismo a esas zonas rurales y rentabilizar la visita a los campos donde se formaban los círculos cobrando la entrada.
Finalmente, el descubrimiento de algún caso de fraude burdo por parte de la policía británica, amplificado por un masivo despliegue mediático para crear la convicción de que el misterio de los círculos no era más que un invento, consiguió extender el escepticismo entre la opinión pública.
Sin embargo, esta versión oficial y adormecedora de la conciencia social, basada en una manipulación de la información mediante la conocida técnica de no incluir ningún dato que proyecte dudas sobre la hipótesis que se quiere «probar», resulta insostenible por numerosas razones:
l Aparte del antecedente de un grabado del siglo XVII en el cual aparece un diablo dibujando una formación en las cosechas inglesas, la prestigiosa revista científica Nature –hostil a cualquier heterodoxia y nada sospechosa de dar crédito a anomalías– publicó ya hace más de un siglo (1880) la detallada descripción de una formación circular en un campo de cereal inglés tras una tormenta. El científico J. Rand Capron, que firmó dicha información, comentó el dibujo que configuraban las partes aplastadas del cultivo y su complejo diseño, en el cual se integraban varios círculos menores (AÑO/ CERO, 147). Este esquema se corresponde asimismo con muchas otras formaciones aparecidas en las dos últimas décadas. No se trata, por lo tanto, de un fenómeno nuevo asociado a la explotación del turismo ni atribuible a una moda urdida por dos jubilados para matar el tiempo.
l La reciente desclasificación de informes militares de la Inteligencia británica elaborados durante la II Guerra Mundial, demuestra que hace 60 años este fenómeno ya se conocía bien, aunque no se le diese publicidad. La avalancha de casos registrados por el contraespionaje inglés se extendía también por Holanda, Francia, Polonia y Bélgica (AÑO/ CERO 168).
l La factura y diseño de estas configuraciones resultaba evidentemente inteligente, hasta el punto de que el servicio secreto británico pensó que eran obra de los nazis y que su objetivo consistía en marcar puntos de aterrizaje para sus comandos paracaidistas, o emitir mensajes visuales desde tierra a los aviones alemanes.
l Varios científicos provenientes de diferentes ramas del conocimiento han mostrado su interés por el fenómeno desde los años 80, lo han investigado con técnicas y métodos impecables, siguiendo el protocolo y las rutinas de rigor. La conclusión de esta pesquisa multidisciplinar es que los casos de fraude pueden ser fácilmente distinguidos de los auténticos porque no presentan el mismo perfil: los tallos aparecen quebrados –no aplastados y entrelazados–, o las plantas quemadas, o no se detectan anomalías inexplicables por radiaciones del tipo de microondas ni alteraciones electromagnéticas.
l En algunos casos auténticos se han observado también modificaciones cromosómicas de las plantas.
l En resumen: no es posible realizar un fraude que resista estudios serios sobre el terreno y, por otra parte, los exámenes que se han efectuado corroboran que las formaciones genuinas no pueden ser el resultado de una factura humana ni del empleo de una tecnología conocida que permitiese un rápido diseño sin dejar rastros del sistema o artilugio empleado. A esto hay que añadir que para ser fabricados por personas deberían realizarse por la noche furtivamente y en una carrera contra reloj, algo que queda descartado por la perfección que presentan los diseños de alta complejidad.
Los distintos investigadores del fenómeno han llamado la atención sobre ciertas características de los «círculos de las cosechas» y propuesto diferentes explicaciones, entre las que destacan las siguientes:
l Comunicaciones emitidas por entidades extraterrestres.
l Manifestaciones de una fuerza desconocida de la naturaleza.
l Mensajes de la Madre Tierra, Gaia o el Anima Mundi.
l Serían formas realizadas a través de vibraciones (sonidos, ultrasonidos, radiaciones), en muchos casos mediante una doble interacción: actuando sobre el cultivo y al mismo tiempo sobre los acuíferos que se encuentran bajo éstos, dado que se han observado analogías asombrosas entre la dinámica del agua subterránea, los diseños que aparecen en su superficie y las formas de los círculos. Según esta hipótesis, la mayor complejidad de los diseños estaría en relación directa con la presencia de depósitos de agua subterránea, obedeciendo a un fenómeno de resonancia.
La influencia del sonido sobre las plantas ha sido confirmada experimentalmente. Por ejemplo, cierta música (devocional india, clásica, sacra, etcétera) inclina las plantas hacia la fuente emisora como si las atrajera, mientras que otras músicas como el heavy metal las aleja en sentido contrario (AÑO/ CERO, 182). También se ha confirmado que la música influye en el crecimiento de las plantas y el agrónomo norteamericano George Smith ha observado que el calor del suelo aumenta cuando los cultivos de maíz son expuestos a determinadas frecuencias sonoras.
La capacidad del sonido para incidir en la materia y generar diseños es un fenómeno que no admite duda alguna. Como dijo Albert Einstein sobre el Universo y el hombre: «Todos bailamos bajo la influencia de una melodía misteriosa, entonada en la distancia por un invisible flautista».
l Antonio Bonifacio, especialista en historia de las religiones, ha detectado notables relaciones entre los diseños de los círculos, la antigua geometría sagrada y los sellos mágicos creados por grandes iniciados como Giordano Bruno.
l La idea de fin y principio de un ciclo o era también surge de diseños como el Ouroboros (la serpiente gnóstica que se muerde la cola simbolizando la eternidad) y en otras formaciones que sugieren configuraciones cósmicas, como el círculo aparecido en julio de 1994 en Wiltshire, que para algunos representaba la conjunción de Saturno, Júpiter y Marte en la constelación de la Ballena, junto a una luna creciente. Esta conjunción se verificó el 7 de abril de 2000. Otro círculo de mayo de 1999 en Hampshire, representaba el eclipse que tuvo lugar en agosto de ese mismo año.
l Algunos creen que varias formaciones representan al sol en su próximo ciclo de máxima actividad (el año 2012) y las asocian con otros diseños, en los cuales cuatro círculos rodean a un quinto, interpretándolos como un mensaje que señala la era del Quinto Sol del calendario maya (final de un gran ciclo cósmico y comienzo de otro nuevo).
La teoría de Forgione
Entre todas las hipótesis formuladas destaca especialmente la de Adriano Forgione, director de la revista Hera y autor del libro Scienza, Mistica e Alchimia dei Cerchi nel Grano (Ed. Hera). El atractivo de su teoría es que resulta más generalista y, por tanto, no es excluyente sino compatible con otras ideas antes mencionadas.
Forgione afirma que «los círculos representan una teofanía, una irrupción inesperada de lo divino en nuestra realidad». También observa «una relación causal entre sus diseños y la simbología esotérica de todas las tradiciones religiosas, con el fin de articular un mensaje comprensible a la luz de esta relación y una llamada del mundo divino al hombre espiritualmente dormido». Para este autor, estamos ante varios mensajes que se dirigen a distintos niveles, pero ante todo destaca el anuncio del fin del ciclo actual (Kali Yuga), que supone la clausura de un viejo modelo vibracional y el acceso a un nuevo nivel energético de evolución cósmica. «Realizarse es entrar en relación directa con estos niveles de frecuencia», afirma. Y señala que dichos niveles se manifiestan en el Ka de los antiguos egipcios, simbolizado como Merkabah judío o como «Cuerpo de Luz». Se trata de distintas formas de representar la naturaleza divina del ser humano, un potencial que se expresa en la imagen del Hombre-dios: el ser perfecto que media entre el nivel más bajo material y la más alta escala de frecuencia, correspondiente al nivel espiritual.
Forgione ha estudiado in situ el fenómeno para llegar a estas conclusiones. Así, por ejemplo, señala el diseño del Árbol de la Vida cabalístico –una imagen del Cosmos, el Hombre y las correlaciones entre lo visible y lo invisible– plasmado en la formación aparecida en Burderol Down en 1997, o el círculo de Burton Le-Clay del 6 de agosto de 1996, con la palabra OMO (semejante, similar), que evoca el Génesis y la creación del ser humano a imagen de Dios.
En su opinión, numerosos diseños apuntan en la misma dirección y expresan la síntesis masculino (Fuego) y femenino (Agua), invitando a la Humanidad a devenir «más que humana» para protagonizar el nuevo ciclo cósmico a punto de