Geografía mágica
Última actualización 01/12/2005@00:00:00 GMT+1
Mientras circulábamos por Berlín, contemplamos asombrados cómo las marcas de la guerra todavía perviven en forma de pequeños orificios producidos por balas «perdidas» en las fachadas de los edificios.
En pleno centro de la capital se encuentra la famosa Puerta de Brandenburgo. Junto al célebre Oso, se erige en un emblema de la ciudad, próximo a la Plaza de París. Construida por Carl Gothard Langhans entre 1788 a 1791, esta puerta se considera la obra más importante del estilo clásico en Alemania, imitando los modelos de la Acrópolis griega. De ella destaca la impresionante cuadriga tirada por la diosa Victoria creada por Johann Gottfried Schadow.
Poco después llegamos al denominado Kulturforum, donde se expone un busto de Nefertiti. La belleza serena de esta singular reina de Egipto, esposa del faraón Akhenatón (AÑO/CERO, 18), destaca en una pequeña sala en la cual, bajo el epígrafe de «Criptografía antigua», también se pueden admirar diferentes obras.
Es en la «Isla de los Museos» donde el visitante puede encontrar obras de incalculable valor histórico y artístico. Allí está el Altar de Pérgamo (Museo Pergamón), construido entre 180 y 160 a.C. y descubierto por Carlos Humann en 1860, en la ciudad de Bergama (Turquía). Fue trasladado a Berlín y reconstruido entre 1911 y 1930. Se trata de un friso lleno de riqueza escultórica y misterio, en el que se describen las luchas entre dioses y gigantes que, según la mitología, poblaban la Tierra en tiempos pretéritos. Cercano al altar está la no menos conocida Puerta de Ishtar, procedente de la antigua Babilonia. En ella destacan sus relieves, que reflejan criaturas semihumanas, reflejos de antiguas tradiciones y dioses olvidados.
La profecía del Reichstag
Nuestro siguiente destino en este paseo por Berlín es el edificio del Reichstag, construido entre 1884 y 1894 por orden del emperador Guillermo II. Este inmueble singular sufrió un terrible incendio el 27 de febrero de 1933. Al parecer, fue un atentado nazi realizado para acusar a los comunistas y conseguir que se concedieran a Hitler poderes especiales. Para los amantes del misterio, este edificio también guarda entre sus muros una «profecía» sobre aquel sonado incendio. La habría realizado un personaje conocido como el «mago de los guantes verdes», un vidente famoso por sus demostraciones en teatros, que se ha dicho influyó en el entorno del Führer. Se trataba de Hermann Steinchneider, era de origen judío y se hacía llamar Hanussen. Este personaje auguró, entre otras cosas, la subida al poder del líder austriaco y poseía un pequeño «palacio del ocultismo» en la calle Lietsenburger. Sin embargo, algunas de sus predicciones, como la del incendio del Reichstag, le granjearon enemistades. De hecho, fue detenido días después de este suceso y asesinado por los nazis.
Luces populares
Brieselanger es una masa forestal cercana a Berlín, donde se manifiestan una serie de extrañas luces que podrían relacionarse con el fenómeno OVNI, debido a su similitud con los foo-fighters que se vieron durante la IIª Guerra Mundial. Son conocidas en Alemania con el nombre de Irrlichter. Se trata de dos focos luminosos que realizan maniobras «imposibles» o, al menos, inexplicables para quienes las han observado e intentado determinar su naturaleza.
En este mismo bosque encontramos una extraña historia: «el carro de los moribundos». Sin duda, se trata de una leyenda que ha sobrevivido a la prueba del tiempo gracias a su poder de sugestión. La historia nos presenta la imagen de una carreta conducida por un esqueleto al que sólo alumbra un mortecino farol. En el interior del lúgubre vehículo yace el cuerpo sin vida de alguna víctima.
Enigmas del Tercer Reich
Auschwitz, Treblinka, Mauthausen, Dachau, Bergen-Belsen, Sachsenhausen, Buchenwald, Ravensbruck… Cerca de Berlín hallamos dos de estos campos de exterminio.
El primero de ellos, Ravensbruck, a unos 80 kms de la capital, acogió en su interior, desde 1939 a todo tipo de ciudadanos no gratos para el régimen nazi: polacos, judíos y testigos de Jehová se encuentran entre sus primeras víctimas.
El campo de concentración de Sachsenhausen se encuentra más próximo, a unos 35 kms de la ciudad. Su historia, como en el caso anterior, es una tragedia de muerte y horror. Pero entre sus muros se guarda la historia de un operación nazi poco conocida y que pudo haber marcado parte del futuro de la IIª Guerra Mundial. En este campo de concentración fue donde comenzó la mayor operación de falsificación de moneda en el mundo, auspiciada por el gobierno nazi con el objetivo de desestabilizar la economía británica, inundando el Reino Unido con libras esterlinas falsas. Se conoció como «Operación Bernhard» y corrió a cargo del comandante Bernhard Krüger.
Quien visite este campo de concentración no debe de perder detalle del pabellón 19, cuya ubicación señala un monolito. En este lugar, los mejores artesanos e impresores judíos fueron forzados a poner su saber al servicio del Reich. Entre aquellos prisioneros estaban los hermanos Landau. Peter contó cómo fue trasladado junto con su hermano al campo de concentración de Sachsenhausen para trabajar en la creación de libras perfectas. Hitler otorgó la supervisión de esta misión a Heinrich Himmler, el jefe de las temidas y tristemente célebres SS. Himmler no escatimó esfuerzos en dotar al equipo de falsificación con un equipamiento impecable. Al cabo de dos años, se lograron fabricar las primeras libras esterlinas falsas, pese a la extrema complejidad que implicaba la reproducción de sus ribetes y filigranas. Un emisario de las SS llevó uno de estos billetes a un banco suizo manifestando, intencionadamente, sus dudas de que fuese auténtico. La entidad helvética lo trasladó a Gran Bretaña y, desde Londres, confirmaron que no se trataba de moneda falsa.
Afortunadamente para la Europa aliada, todo se fue al traste cuando Himmler observó que su plan de lanzar el dinero mediante la Luftwaffe sobre el Reino Unido era inviable, dadas las numerosas bajas que estaba sufriendo la aviación alemana. Corría el año 1943 y todas aquellas falsificaciones fueron desviadas a otros lugares (Munich, los Alpes o Merkers), donde se hallaron casi 9.000 lingotes de oro, aparte de papel moneda francés, inglés, alemán y norteamericano, piedras preciosas, obras de arte e incluso sacas llenas con piezas dentales de oro robadas a los judíos.
En la actualidad, son muchas las personas que todavía dedican parte de su tiempo libre a buscar los tesoros del III Reich, supuestamente enterrados o sumergidos en diversos lagos, como Grober Mügelsee, Flakensee, Trebelsee, Fahrlandersee, Sacrower See o Templiner See.
Según la leyenda popular –aunque la historia no deja de tener una sólida base de realidad–, la proliferación de los tesoros ocultos se debió a que los jerarcas nazis, preparando su huida de Berlín cuando supieron que la guerra estaba perdida, quisieron garantizarse su futuro y decidieron esconder miles de objetos valiosos. En un porcentaje difícil de evaluar, la mayor parte de éstos nunca ha sido recuperada. De un convoy procedente del Reichsbanck, con destino a la vecina mina de Kaiseroda, se dice que se perdió un vagón que algunos aventurero siguen intentando localizar.
En los cercanos túneles de las estaciones de metro berlinesas, en sus accesos más antiguos, los más ancianos todavía recuerdan cómo los nazis se introducían en ellos con obras de arte cuidadosamente embaladas, por orden del coronel Friedrich Josef Rauch, y desaparecían con ellas en sus kilométricos túneles para no volver a aparecer. Tampoco se sabe nada de estos supuestos tesoros pero, según se afirma, siguen ocultos en el subsuelo de Berlín, en cámaras secretas, a la espera de ser descubiertos por un explorador tan intrépido como Indiana Jones.
En pleno corazón de Berlín, junto a la Puerta de Brandenburgo y el Arco de la Victoria, se encontraban los búnkers de las cancillerías. Se trataba, en su mayoría, de refugios antiaéreos para el personal de los edificios públicos cercanos. Fueron construidos por la compañía Hochtief, como también lo fue el Führerbúnker en los jardines de la nueva Cancillería, en el número 77 de Wilhelmstrasse. En este punto encontramos otro de los misterios berlineses: ¿era realmente el de Adolf Hitler el cadáver hallado por las tropas soviéticas?
Los «dobles» de Hitler
Los últimos días de vida del dictador los pasó oculto en el búnker capitalino. Sus ayudantes y oficiales notaron en el Führer un comportamiento anormal. Se encontraba poco hablador, aletargado, como drogado. Aparentemente era él, pero su actitud era muy diferente a la habitual.
Sabemos que, supuestamente, Hitler se intentó suicidar tomando cianuro. Sin embargo, esta acción no surtió el efecto deseado. Algunas fuentes señalan que, posiblemente, un oficial de su guardia personal apellidado Linge se encargó de poner fin a su vida, disparando a la cabeza del dictador.
Con posterioridad, los cadáveres de Adolf Hitler y Eva Braun fueron introducidos en el interior de unas alfombras y quemados en la Cancillería, siendo enterrados en su jardín, dentro de unos cajones de munición. Cuando la Smersch soviética, al mando del teniente coronel Klimenko, entró en el lugar, tenía orden de capturar al dictador con vida o, en su defecto, hacerse con su cadáver. Pero la tarea no fue sencilla. Se hallaron los cuerpos del general Krebs, de Goebbels y de algunos miembros de la élite de su personal, pero ni rastro del de Adolf Hitler…
Y en este punto retomamos algunas leyendas e hipótesis controvertidas. Según alguna de ellas, los asombrados soldados rusos empezaron a encontrar diferentes dobles de Hitler, hasta cuatro, sólo en el interior y el entorno de la Cancillería…
Finalmente, se hallaron los restos de Hitler, quemados y enterrados en el jardín. Se supone que se trata de los auténticos, debido a que los tejidos de dicho cadáver, aunque estaba muy deteriorado, revelaban niveles anormalmente elevados de cianuro. El cráneo presentaba un disparo en la cabeza y el cuerpo carecía de uno de los testículos, una anormalidad congénita de Hitler. Sin embargo, existen muchas incógnitas relacionadas con este episodio. Nadie debería olvidar la presencia del doctor Stumpfegger en el búnker. Este «médico» provenía del campo de Ravensbruck, donde efectuaba experimentos sobre personas, entre ellos, supuestamente, la consecución de «dobles» muy logrados mediante cirugía estética.
Ante todos estos datos, cabe preguntarse: ¿Es posible que el dictador se fugara? Algunas fuentes apuntan a que, en el último momento, gracias a un postrero transporte aéreo a cargo del oficial Jurgen Bosser, acaso Hitler pudo escapar a una muerte segura el 28 de abril de 1945.
Fugas imposibles
No muy lejos de la antigua Cancillería encontramos el Checkpoint Charlie, antiguo punto divisorio de las dos Alemanias. Junto a él hallamos los vestigios del Muro de Berlín, repleto de historias de fugas y tragedias.
Cercano al mismo descubrimos el monumento al pueblo judío, a las víctimas del holocausto. Se trata de un hermoso laberinto al aire libre, construido a base de bloques pulidos de cemento de diferentes alturas, que crean un enigmático conjunto el cual hace que el visitante se sienta perdido y desorientado. Es un mausoleo interactivo, cuyo propósito es hacernos percibir la pesadilla brutal que sufrieron durante el horror nazi miles de hebreos y miembros de otras minorías.
Justo enfrente de este edificio, y por una abertura en el suelo, acristalado, se pueden ver las estanterías de una habitación blanca que nos recuerdan la perversa actuación nazi en la Kristallnacht o «noche de los cristales rotos», del 9 al 10 de noviembre de 1938: el inicio oficioso de su campaña de violencia antisemita.
Curiosas exposiciones
En otro frecuentado barrio berlinés encontramos la Iglesia de San Nikolai, la más antigua de la capital alemana, construida en 1230. Sufrió varias reestructuraciones a lo largo de su historia, pero acoge en su interior una importante colección de objetos extraños que van desde reliquias, libros misteriosos, raras esculturas, estatuas de ángeles y, lo más curioso, unas insólitas figuras demoníacas de color rojizo, símbolo de los sufrimientos y maldades del infierno.
No demasiado lejos de allí, nos desplazamos hasta el parque de Halkestrasse, donde varias personas afirman haber sido testigos de la aparición singular de una dama en traje de época que pasea por el extenso y verde arbolado con actitud apesadumbrada. Según los testimonios, se trataría de una mujer semitranslúcida que se muestra indiferente ante los visitantes del parque y, finalmente, se pierde entre las intrincadas veredas del Halkestrasse.
Pasada la fortaleza de Charlotenburgo y el aeropuerto de Tegel se levanta la famosa ciudadela de Spandau. Este célebre castillo albergó entre sus muros a un notable prisionero: Rudolf Hess. El destacado líder nazi, un gran apasionado del ocultismo, fue capturado al comienzo de la guerra tras volar a Gran Bretaña donde, al parecer, pretendía persuadir a este gobierno para que firmara la paz con Alemania, con la ayuda de esoteristas británicos. En cualquier caso, tanto su viaje en solitario como su supuesta misión formaron parte de una intriga política nunca aclarada. Sobre todo si se piensa que algunos miembros de la Familia Real británica simpatizaban abiertamente con Hitler, en quien veían una garantía para frenar la expansión soviética.
Según relatan los guías turísticos y sus escasos cuidadores, en este mismo castillo tendrían lugar diversos fenómenos paranormales. Los supuestos testimonios hablan de extraños susurros y suspiros agónicos que pueden escucharse en sus dependencias, o de pisadas de presuntos fantasmas, que se desplazan a lo largo de sus amplias galerías.
Como no podía ser de otra forma, algunas de las personas que hoy trabajan en el interior de la ciudadela de Spandau aseguran que el fantasma de Rudolf Hess continúa paseando por las mismas dependencias en las que estuvo encarcelado hasta su muerte, ocurrida en 1987.
Finalmente, tenemos una visita obligada a la vecina localidad de Potsdam. Allí está el castillo de Cecilienhof, última construcción de los Hohenzollern, famoso por haber acogido la Conferencia de Potsdam entre los Jefes de Estado de las naciones vencedoras en la IIª Guerra Mundial: Harry S. Truman (Estados Unidos), Clement R. Attlee (Reino Unido) y Iósif Stalin (Unión Soviética).
En Potsdam encontramos el parque de Sanssouci, mandado a construir por Federico II el Grande, tras la Guerra de los siete años. Allí se levanta el Palacio Nuevo, construido por J. G. Büring y H. C. Manger entre 1763 y 1769. Se trataba de plasmar en esta construcción el antiguo esplendor que aún conservaba la aristocrática Prusia, con un pasado tan glorioso y perdido como el palacio.
No obstante, la historia de este edificio guarda en su interior la leyenda de un fantasma que, en su constante caminar, hace crujir con sus pisadas el desgastado suelo de madera. Según los guardias y guías que trabajan en el edificio, el espectro no sería otro que el espíritu del mismísimo Federico II el Grande.
Cerca del Parque de Sanssouci descubrimos un lugar clave para los investigadores de lo paranormal: el cementerio de Potsdam, que alberga entre sus muros una inquietante historia de fantasmas. Si hemos de creer en leyendas urbanas, se trataría de seres o entes que han sido vistos en diferentes ocasiones por asombrados testigos que no daban crédito a lo que veían, como Hans Einrinch o Paul Lottner, quienes aún recuerdan vivamente estas estremecedoras apariciones. Otras personas han afirmado ver el fantasma de un niño que busca a su madre entre las tumbas, perdiéndose tras la gran cruz central del cementerio.