Última actualización 01/12/2005@00:00:00 GMT+1
La ciencia darwinista representó desde su aparición una gran amenaza para las afirmaciones teológicas y para la función social de la religión, que confiere propósito y sentido a la existencia. Se dice que, al conocer la noticia, la esposa del obispo anglicano de Worcester (Reino Unido) exclamó: «¡Querido, descendemos del mono! Esperemos que no sea cierto. Pero si así fuera, recemos para que el mundo no se entere».
Guerra contra la religión
Las ideas de Darwin eran totalmente inaceptables para los cristianos. Estos pensaban que el mundo había sido creado hacía seis mil años, tal como se interpretaban los seis días del Génesis en el Antiguo Testamento. El origen de las especies representó, por tanto, un hito culminante en la lucha por liberar al pensamiento y a la ciencia de la religión. Pero, ¿a quiénes beneficiaba? ¿Cómo habían surgido estas ideas? ¿Pudo Darwin ser promovido por intereses en la sombra?
El padre de la Teoría de la Evolución había estudiado teología en Cambridge y en su histórico viaje a bordo del H.M.S. Beagle llevó consigo dos libros: La Biblia y Principios de Geología, de Charles Lyell. Se diría, pues, que nuestro protagonista estaba más preparado para la religión que para la biología. ¿Cuál fue entonces el «factor» que inclinó la balanza por las ideas antirreligiosas?
Harun Yahya, autor de El engaño del evolucionismo, no duda en atribuirlo a la masonería. El abuelo del naturalista, Erasmus Darwin, fue uno de los maestros de la conocida Logia Canongate Kilwinning de Edimburgo. Estaba conectado también con los masones de Francia y con los Illuminati, que habían hecho del trabajo antirreligioso su tarea principal. Darwin heredó de su abuelo el amor por el naturalismo del que Erasmus había sido precursor en Inglaterra. Esta tendencia asumía que la esencia del universo estaba en la propia naturaleza y negaba que hubiese un Creador trascendente. Es posible que los ideales masónicos del abuelo calaran en Charles, quien completaría con su trabajo una gran misión a favor de esta causa.
Además, Erasmus había criado a su hijo Robert (el padre de Charles) en sus mismos ideales y lo había introducido en las logias masónicas. Es lógico pensar, por tanto, que Charles recibiera una influencia masónica tanto de su padre como de su abuelo. Según Harun Yahya: «la masonería era uno de los poderes centrales que condujo el largo combate para abatir el viejo orden socio-económico que se apoyaba en la religión y reemplazarlo por un nuevo orden secular».
El naturalismo fue promovido por la masonería. Este hecho fue proclamado especialmente en la conocida encíclica del Papa León XIII (1810-1903) Humanum Genus, en la cual leemos: «Todos los objetivos y esfuerzos de los masones conducen a una intención: abolir las disciplinas religiosas y sociales de la Cristiandad y establecer un nuevo sistema de normas basadas en los principios del naturalismo y en sus propias ideas».
De acuerdo con los ideales masónicos, la humanidad irá desarrollándose gradualmente hacia la apoteosis. En otras palabras: la evolución del hombre conduciría al superhombre, una aspiración que nace de los antiguos misterios. El propósito real de la masonería moderna no es, como se dice, la caridad o las obras sociales, sino la evolución espiritual de aquellos que aspiran a ser perfectos en su propia naturaleza y transformar sus cualidades pareciéndose a los dioses.
Con Dios exiliado de la ciencia, el concepto de un hombre a imagen y semejanza del Creador no tiene sentido y es ahí donde la masonería pone su acento doctrinal. Darwin escribió sobre ello en El origen de las especies: «La selección natural trabajó únicamente por y para el bien de cada ser vivo; todas las dotaciones corporales y mentales tenderán a progresar a la perfección. Hay grandeza en esta visión de la vida… Desde el principio hemos conseguido los más bellos y maravillosos seres». Dicho de otro modo, la naturaleza esculpe una deidad emergente que se confunde y disuelve con ella misma (deísmo), idea que Karl Marx calificaría como «un modo bastante cínico de liberarse de la idea de Dios» y que atribuye a la filosofía burguesa.
Nuevo orden del mundo
Algunos masones sostienen que una raza en particular ha tenido el favor de la evolución. Esta agenda racial fue delineada en septiembre de 1950 en New Age Magazine, la revista oficial del Concilio Supremo, grado 33 del rito escocés. En ella C. William Smith escribe: «Mirando atrás en la historia podemos ver fácilmente que la mano guiadora de la Providencia eligió a los nórdicos para comenzar y revelar el nuevo orden del mundo. Los documentos nos revelan que el 95% de los colonos nortemericanos son nórdicos anglosajones. La Providencia ha elegido a la raza nórdica para que nos revele la ‘Nueva Era’ del mundo… un Novus Ordo Seclorum».
Argumentaciones polémicas
Pocos han señalado que Darwin se reiteró en esta ideología racista en su famoso libro. El profesor Adam Sedgwick, un contemporáneo de Darwin, fue uno de los primeros en advertir sobre los alcances negativos de la llamada Teoría de la Evolución. Aunque es evidente que mucho antes de que Darwin publicase sus ideas la práctica del genocidio racista tenía una historia tan larga como la humana, también es evidente que el darwinismo concedió a esas tendencias una «legitimidad científica».
Los evolucionistas asegura que Darwin nunca fue racista, pero lo cierto es que sus trabajos contienen ideas inequívocas. Por ejemplo, en El origen de las especies leemos: «En algún momento de un futuro no muy distante, casi con toda certeza, las razas humanas civilizadas exterminarán y reemplazarán a las razas que viven en las comunidades salvajes de todo el mundo… La diferencia entre el hombre y sus parientes más cercanos será cada vez mayor; por esto, la diferencia entre un hombre caucásico, en un estado más civilizado –como es de desear– y un mono tan bajo como el mandril será como la existente ahora entre un negro o australiano y un gorila».
O esta otra: «Construimos asilos para los imbéciles, tullidos y enfermos; instituimos leyes protectoras del pobre; y nuestros médicos se esmeran al máximo para salvar la vida de toda esa gente… De hecho, hay razones para creer que la vacunación ha preservado a muchos individuos de constitución física débil, que de otro modo habrían sucumbido ante enfermedades comunes, como la viruela… Protegidas de esa manera, muchas personas débiles fueron capaces de propagar su linaje, pero nadie que haya prestado atención a la cría de animales domésticos dudaría de que esto (el cuidado y la salvación de los débiles) tiene que ser muy nocivo para la raza humana».
El científico norteamericano James Ferguson pone de relieve que la teoría darwinista de la supervivencia del más apto fue recibida con entusiasmo por los científicos de la época. Creían que la humanidad había atravesado varias etapas de evolución, culminando en la civilización del hombre blanco. A mediados del siglo XIX –y hasta mediados del siglo XX– este racismo era aceptado sin escándalo en los medios cultivados y científicos de Occidente.