Última actualización 01/12/2005@00:00:00 GMT+1
La vivienda sufrió su primer incendio el jueves 14 de julio de 2005, por la mañana, de forma aislada, en un colchón de la cama matrimonial, que Darío extinguió rápidamente. El lunes 18, la familia llamó a los bomberos debido a que volvían a producirse nuevas combustiones. Acudieron los funcionarios Héctor Gil, Néstor Sánchez y Gustavo Claús, quienes pudieron observar los daños causados por pequeños incendios en una cama y en el techo de un gallinero de paja, en la parte trasera del domicilio. Después de ayudar a la familia, los bomberos examinaron la vivienda, pero no pudieron determinar las causas del fuego.
Más tarde, realizaron tareas de enfriamiento en determinados sectores de la casa, ya que los propietarios insistían en que en los mismos aparecían distintos focos de fuego, sin que fueran provocados por ellos. Las combustiones surgían espontáneamente en colchones, el techo y las paredes de barro. Ese mismo día, la propietaria de la vivienda, Marcela Flores, fue trasladada a un centro médico, al presentar un cuadro de ansiedad severa.
Focos ígneos
Osvaldo Romero, jefe del Cuerpo de Bomberos, reconoció en declaraciones a AÑO/CERO que se trata de un hecho realmente curioso. Además, cuando el lunes por la tarde Darío regresó a su hogar, desesperado por lo que estaba sucediendo, comenzó a destruir parte de su vivienda. «El propietario tenía miedo de que le pasara algo a sus hijos», comenta Romero. Y agrega: «Se observaron distintos focos ígneos que aparecían súbitamente fuera de nuestro control. Esto ocurrió incluso en momentos en que se encontraban presentes los bomberos. Mientras estaban extinguiendo el fuego en una pared, de pronto apareció un segundo foco en el techo de paja de un pequeño gallinero, a unos cuatro metros del lugar, sin que existiera viento, ni que hubiese volado siquiera una chispa». Luego, ocurrió una súbita y espontánea combustión dentro de un ropero, en un montículo de ropas, sin observarse acelerante alguno después de extinguirlo. Sólo se vio humo que salía del armario. El acta de intervención del Cuerpo de Bomberos local expresa que «no se estableció y se desconoce la causa probable de los distintos focos ígneos». «No podemos decir si hubo o no una intervención de tipo sobrenatural –sostiene Romero–, pero descartamos la posibilidad de fraude por parte de un pirómano oculto u otras causas naturales o accidentes, ya que, de ser así, lo hubiéramos descubierto», advierte.
De hecho, el Juzgado, a cargo de la Dra. Recalde, y la Comisaría Segunda de la ciudad, dirigida por Jorge Alberto Benítez, que intervinieron en el caso, derivaron el mismo al Departamento de Acción Social del Ayuntamiento de Curuzú Cuatiá, cuyo personal trasladó preventivamente a la familia a un albergue, donde también ocurrió un nuevo incendio, nuevamente en el colchón del matrimonio. El Departamento de Acción Social los trasladó al Hospital Civil de Curuzú Cuatiá, bajo el cuidado de un médico psiquiatra.
Los focos habían tenido lugar en diferentes lugares de la precaria casa, debajo del colchón, detrás del armario, en la paja del techo del gallinero y en un árbol. En principio, según Marcela –uno de los principales testigos– «se puede percibir olor a humo. He visto surgir una llama de color rojo intenso que se transformaba en dorado y se extinguía». Marcela explicó que cuando pidió auxilio al cuerpo de bomberos, otro pequeño fuego apareció detrás del ropero; «los bomberos lo apagaron, y apareció otro de forma espontánea en un árbol, fuera de la casa». En otras ocasiones sólo surgió humo en el armario. El último fuego apareció en el colchón de la cama de matrimonio del albergue donde ahora viven provisionalmente. En síntesis, las combustiones se presentaron a lo largo de tres días en la casa original, y luego una sola vez en el albergue. Ninguna de estas igniciones se produjeron cuando alguien más se encontraba en la zona donde éstas tenían lugar. Tampoco ocurrieron con mayor intensidad o frecuencia en determinados momentos del día o de la noche, pero en todos los casos sucedieron frente a Marcela y los niños.
Olor nauseabundo
Darío, por otra parte, ha experimentado sensaciones extrañas. Por ejemplo, afirma que «era frecuente ver una figura humana vestida de blanco, caminar de un sitio a otro de la casa –relata–, y los días de lluvia algunos vecinos escuchamos claramente el llanto de una niña». Más recientemente, la familia llamó a un sacerdote, quien bendijo la casa. Luego manifestaron haber sentido un olor nauseabundo muy intenso. Marcela también tuvo un extraño sueño relacionado con su hermana, ya fallecida. Soñó que la desenterraban en su propia casa. Aunque los testimonios de los padres son algo contradictorios, manifestaron que Damián, uno de los hijos de la familia, les dijo que él era el causante de los pequeños incendios. De hecho, el niño era el primero en advertir de la presencia de humo, mientras los demás no percibían nada anormal.
Aunque no se ha observado ningún comportamiento anómalo en relación a los miembros de la familia, a raíz de estos acontecimientos padecieron repetidos cuadros de ansiedad e insomnio. Por otra parte, a falta de un consejero, psicólogo o médico que los atendiera, buscaron apoyo en creencias religiosas. Acuden habitualmente a una iglesia evangélica donde los progenitores manifiestan sentirse mucho más aliviados. El padre también es devoto de un culto popular local y ha cavado pozos en la casa buscando sin éxito el cadáver de la tía de Marcela, que nació muerta, y se cree está enterrada en la finca. Darío ha interpretado las extrañas combustiones como «mensajes».
¿Agresión inconsciente?
Carlos Falivene, en Curuzú Cuatiá, entrevistó en varias ocasiones a la familia, y yo mismo, desde Buenos Aires, examiné algunas de las principales características psicológicas de la familia en cuestión. Según Falivene, «no hay duda de que el agente causante de los misteriosos focos ígneos es Damián, el niño de 12 años, abandonado por su padre biológico. El niño vivió con una tía en cuya compañía jamás le faltó de nada, pero regresó con su madre, que estaba en la absoluta pobreza. Se trataría, de alguna manera, de una agresión inconsciente proyectada hacia los padres por la condición precaria por la que estaba pasando». Falivene cree que es posible que Damián descargue así su resentimiento contra su padrastro.
Afortunadamente para la familia, desde que comenzaron a frecuentar el culto religioso mencionado anteriormente, del que Damián era enormemente devoto, no se han producido nuevos incidentes. Esto confirmaría –según Falivene– que el causante de la actividad pirómana paranormal podría ser el niño.
Hostilidad y resentimiento
Con todo, el resultado de su exámen psicológico concluye que existe una gran inestabilidad emocional en los padres y un elevado grado de hostilidad con el que se enfrentan a su entorno. Marcela revela mayor irritabilidad, resentimiento, recelos y sentimientos de culpa. Evaluamos su personalidad empleando el test de Eysenck (EPQ-A), la agresividad mediante el Inventario de Hostilidad de Buss-Durkee, y las tendencias a la fantasía y la disociación (cuestionarios de propensión a la fantasía y a experiencias disociativas). Todos los resultados indicaron hipersensibilidad, alta inestabilidad emocional e hiperactividad, así como dificultades para recuperarse después de una situación emocional difícil, estados de preocupación, ansiedad y otros sentimientos desagradables. Básicamente, no son propensos a fantasear y sus niveles de disociación no son más altos que el promedio normal. Los niños fueron examinados con pruebas proyectivas de dibujos (test de Dibujo Libre y test de la Familia), que indicaron alta propensión a la fantasía, dificultades para establecer relaciones, sentimientos de inadecuación a su entorno, inestabilidad e inseguridad emocional. Estos indicadores se presentaron más acentuados en el resto de los niños que en el propio Damián. De hecho, los dibujos de éste indican egocentrismo y narcicismo.
Hipótesis sistémica
Al menos desde una perspectiva psicológica, no hay pruebas suficientes de que Damián pueda ser el sujeto epicentro de actividad parapirogenésica. Aunque su cociente intelectual puede considerarse normal-alto, hubo algunos comportamientos antisociales (robos reiterados y agresiones verbales), tal y como aparece en uno de los dibujos a la manera de indicador. No obstante, quizá en este caso sea un error atribuir la causa a un único individuo. En algunos episodios, al menos, parece interesante la hipótesis sistémica, la cual sostiene que la actividad PK no estaría focalizada en un individuo, sino distribuida sinérgicamente entre los miembros del grupo familiar. En otras palabras, todos son partícipes en la descarga psíquica que podría contribuir a la ignición paranormal. Futuras investigaciones quizá tengan la última palabra.