Última actualización 01/06/2007@00:00:00 GMT+1
Las apariciones marianas de El Escorial (Madrid) fueron rechazadas inicialmente porla Iglesia, pero el paso del tiempo ha convertido al movimiento capitaneado por la vidente Amparo Cuevas en uno de los más importantesy aceptados por la comunidad católica. Pero la polémica prosigue. Y ahora ha llegado a los juzgados…
Miles de personas continúan acudiendo cada primer sábado de mes a un pequeño paraje de la sierra madrileña. Y es que las visiones de la Virgen en El Escorial siguen acaparando la atención de creyentes, curiosos, investigadores y medios de comunicación, a pesar de que, desde hace cuatro años, ya no hay comunicados “virginales”. Oficialmente, todo comenzó el 14 de junio de 1981. Aquel día, la Virgen se apareció por primera vez a la vidente Amparo Cuevas, una mujer casada y con cuatro hijos que trabajaba como asistenta en el hogar de la familia Martínez Pascual. Como ocurre en tantas otras apariciones, la Virgen pidió que se construyera “en este lugar una capilla en honor a mi nombre”. Y, a continuación, la aparecida prometió que el agua de la fuente que manaba de allí curaría a los fieles que acudieran con voluntad de “penitencia y oración”. Desde entonces, la polémica no ha abandonado El Escorial, cuyas apariciones fueron desautorizadas el 12 de abril de 1985 por el Arzobispado de Madrid: “No consta el carácter sobrenatural de las supuestas apariciones marianas”.
Amparo Cuevas decidió acatar las órdenes de los responsables eclesiásticos y, desde aquella fecha, no ha vuelto a realizar ningún tipo de declaración a la prensa, ni a aparecer de forma pública en las congregaciones multitudinarias que se celebran cada primer sábado de mes. Pero, a finales de los años ochenta y principios de los noventa, el ambiente se vio turbado por una decisión del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial. La tensión surgió ante las aparentes persecuciones del edil socialista contra los seguidores de Amparo Cuevas después de que el enclave de las apariciones fuera vallado. Según el Ayuntamiento, la finca de Prado Nuevo era un bien patrimonial cuya posesión ostenta el consistorio escurialense. Pero, durante meses, los devotos marianos siguieron acudiendo, pese a la presencia de la que algunos bautizaron como la “valla de la vergüenza”. Un tiempo que dejó estampas sociales sin parangón; hombres y mujeres arrodillados frente a la valla, aferrados a ella, dando rienda suelta a su devoción y con la mirada clavada en aquel árbol en donde un día, se supone, puso los pies la Virgen María. Finalmente, la situación se zanjó en septiembre de 1995 cuando el nuevo alcalde, Javier de Miguel, del Partido Popular y “enemigo” del anterior, optó por retirar la valla. De Miguel, por otra causa, fue juzgado en 1999.
Y... ¿milagros?
En Prado Nuevo se ha producido todo un abanico de incidentes sobrenaturales. Quizás uno de los más repetidos es la aparición de un olor a rosas que surge, al igual que en otros enclaves, de forma repentina embriagando a quien lo huele. Muchos curiosos, investigadores y periodistas –incluido quien estas líneas escribe– han tenido la oportunidad de experimentar esos aromas quiméricos. El veterano escritor y divulgador Salvador Freixeido también se encuentra en la nómina de testigos. Quizás por su talante escéptico y crítico ante este tipo de fenómenos, su experiencia resulta muy válida: “Yo mismo he sido testigo más de una vez de este hecho y tengo que decir que, en cierta ocasión, estando en el campo de las apariciones, a unos treinta metros de Amparo y mientras ella rezaba el rosario con sus acompañantes, yo, que tengo buen sentido del olfato, comencé a sentir el típico aroma. Lo comuniqué a quienes me acompañaban. Estos, buenos fumadores, me dijeron que no percibían nada, pero cuando lo estábamos comentando oímos por los altavoces que Amparo interrumpía el rosario y decía que la Virgen ‘me dice que está difundiendo por el aire un olor a rosas para que nadie dude de su presencia”.
¿Sugestión? Puede ser. No en vano, dentro de la psicología se encuentran catalogadas diferentes clases de alucinaciones y, entre ellas, un tipo bajo el cual, en un momento de sugestión colectiva, se pueden producir estas fantasías olfativas en nuestra mente. Lo único cierto, por lo menos hasta el momento, es que sólo han podido constatarse científicamente los estigmas que aparecieron en el cuerpo de Amparo Cuevas días antes de que se produjera la primera aparición mariana. Las señales epidérmicas que sufrió la mujer de origen manchego fueron certificadas por el doctor Fernández Ruiz, que elaboró un informe sobre la autenticidad de los mismos.
“Un buen día –describe el informe médico– llegan a mis oídos los extraños sucesos de los que Amparo es protagonista; la insistencia de la noticia y las mil cábalas que circularon me llegaron a interesar y deseo ver lo que sucede; Amparo está conforme con mi deseo y dice que sea avisado para ser testigo de lo que ocurra. Efectivamente, hace seis u ocho meses me llevan precipitadamente a la casa de Amparo donde, con cierta regularidad, aparecen señales en su cuerpo. Cuando llego ya tiene las heridas en fase sangrante, con manchas incluso en las sábanas de la cama en donde está postrada. De entrada, el olor a rosas es destacadísimo y me dediqué a ver de cerca las heridas y analizar el estado en que se encontraban. Las heridas radicaban en la frente, eran punzantes y sangrantes, y dejaban un rastro de sangre por la región frontal. Eran siete; también tenía en ambas manos, más en la derecha que en la izquierda; las manos estaban rígidas y los brazos formando un ángulo con el cuerpo de unos 45 grados, pero se podía ver perfectamente la sangre manante y unas llagas evidentes. En los pies sucedía lo mismo, estando uno sobre otro y la sangre manchando las sábanas de la cama después de discurrir sobre los pies”.
“En el costado derecho también tenía señales que creo recordar eran más discretas. El estado de Amparo era de gran excitación, con movimientos de cabeza y señales de que padecía algún tipo de dolor. En este estado permaneció alrededor de treinta minutos. En un momento determinado, las señales que teníamos delante empezaron a desaparecer y en el transcurso de unos cinco minutos quedó su piel totalmente limpia y sin ninguna señal de lo que había sucedido y que yo he intentado explicar en las líneas que anteceden”.
El doctor analizó las muestras de sangre manada por las heridas. Los resultados determinaron que era humana. No se pudo profundizar más debido a la falta de medios, pero los estudios preliminares dejaron claro que algo fuera de lo normal pudo ser el detonante de los episodios sobrenaturales. “Médicamente no puedo dar explicación a lo que vi”, sentenció el galeno.
Otro de los espectaculares fenómenos que se han producido en el lugar son las llamadas “danzas del Sol”. La que más impacto generó fue la ocurrida el 2 de junio de 1984. Un extraordinario suceso celeste del que pudo ser testigo la aristócrata Esperanza Ridruejo: “Del cielo cubierto por nubarrones empezaron a aparecer rayos de intensa luz hasta que un gran círculo atravesó las nubes. Muchos dijeron que era el sol pero, a aquella hora, las seis de la tarde, al astro rey le correspondía estar la parte contraria. De repente, comenzó a girar sobre su eje, y a cambiar de color, sin dañar la vista. El fenómeno duro ocho minutos y la secuencia se repitió dos veces más”.
Se acabaron los mensajes
Tras el último de los mensajes recibidos –data de mayo de 2002–, los responsables de la asociación que “estudia” las apariciones centran sus objetivos en buscar el respaldo de las autoridades religiosas para así poder, supuestamente, construir un templo. ¿Un Lourdes o un Fátima a la española?
Veinte años después de las primeras apariciones, la Iglesia ha variado su postura inicial. No en vano, en junio de 1994, el arzobispo Ángel Suquía aprobó los estatutos de la Asociación de Reparadoras de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores. Todo ello acompañado de la creación, por parte de la Fundación Virgen de los Dolores, de dos residencias para la tercera edad en Peñaranda de Duero (Burgos) y Torralba del Moral (Soria). Ambas obras costaron 500 millones de las antiguas pesetas –algo más de 3 millones de euros–.
La Virgen en los juzgados
Durante el mes de junio de 2006, un nutrido grupo de personas se congregaba junto a la finca Prado Nuevo para manifestarse ante los seguidores del movimiento mariano. La Asociación Víctimas de El Escorial afirma tener documentados 26 casos en los que, presuntamente, los responsables de la Fundación se lucraron a merced de sus seguidores, a los que se exigió sus pertenencias. Diferentes familias de la organización afirmaron que, supuestamente, habían perdido el contacto con sus hijos tras ingresar en la institución religiosa. Uno de los casos más significativos es el protagonizado por la ya fallecida Aurora González Ramos. Su hijo descubrió que había sido desheredado y que todas las propiedades y pertenencias de su madre habían pasado a la Fundación. La familia logró demostrar la incapacidad mental de la anciana mujer –sufrío alzheimer– y recuperó parte de la herencia legítima, aunque se encuentran pendientes de resolución las querellas interpuestas por estafa, robo y apropiación indebida.
El pasado mes de febrero, las Fiscalías española y portuguesa iniciaron diligencias para investigar varios casos de presuntos delitos cometidos por la Fundación Virgen de los Dolores. Parte de estas acciones responden a la iniciativa de Juan Carlos Bueno, responsable de la Asociación Víctimas de El Escorial: “Tenemos referencias de que existen cientos de afectados en España y Portugal; muchos casos no se denuncian por miedo y desconfianza en la justicia, pero llevan 25 años causando daños” aseguró Bueno a ENIGMAS.
Entre la documentación aportada se encuentran dos sentencias que en las que los jueces tildan a estas instituciones marianas como fanáticas y las condena por coacciones en el “rapto” de una joven lusa, Carla Filipa Almeida, de 19 años, que fue obligada a ingresar en una de las residencias que la Fundación tiene en Soria, donde permaneció quince días bajo presión psicológica. El episodio tuvo un final feliz gracias a la intervención de la Guardia Civil. Según declaró la joven, durante su estancia tuvo que vestir hábitos religiosos y se le impedió cualquier contacto con su entorno familiar. Además, habría sufrido maltratos psicológicos. Ni la Comunidad de Madrid ni el Arzobispado han respondido a los requerimientos de la Asociación de Víctimas. Ahora será la justicia –y no el cielo– la que dictará sentencia.