Última actualización 01/07/2007@00:00:00 GMT+1
¿Qué sabemos con certeza sobre las supuestas visitas a nuestro planeta de seres en el remoto pasado histórico y geológico? La ciencia moderna no descarta la posibilidad de tales visitas desde el espacio. Yuriy N. Morozov, uno de los principales investigadores de las paleovisitas habla para ENIGMAS sobre estas y otras cuestiones…
Yuriy Morozov es folclorista profesional licenciado en filología por la Universidad de Moscú, donde defendió su tesis doctoral sobre la historicidad del folclore. Estudia el campo de las polémicas paleovisitas –supuestas visitas extraterrestres que han dejado huella en vestigios del pasado remoto– desde finales de los años sesenta. Es autor de muchas publicaciones sobre las mismas en revistas académicas y de ciencia popular. Es miembro del Scientific Council of the Research Institute on Anomalous Phenomena. Pero por encima de todo es una persona apasionada con su particular búsqueda de la verdad, pese a ser un proscrito de la comunidad científica…
¿Qué son las paleovisitas y qué problemas plantean?
Bajo el término de paleovisitas se hace referencia a las visitas hipotéticas a nuestro planeta en el pasado histórico y geológico lejano de seres extraterrestres inteligentes. La ciencia moderna admite –o mejor dicho, no descarta– la posibilidad de tales visitas desde el espacio. Esta cuestión constituye los principales contenidos del problema de las paleovisitas. En la práctica, sin embargo, nos encontramos con una serie de “miniproblemas”: ¿puede tal o cual hecho histórico considerarse como testimonio de una paleovisita? Cuando intentamos resolver éstos, surgen otros problemas metodológicos más generales. Resulta que no tenemos muy claro cómo deben ser los rastros de una paleovisita y tampoco podemos seleccionarlos con certeza entre otras reliquias del pasado.
¿Cómo podría resolverse esa cuestión? ¿Qué sería necesario hacer desde un punto de vista teórico y organizativo para alcanzar tal fin?
Hace mucho tiempo que se definieron las condiciones necesarias para resolverlo. Se creía que para su solución, es decir, para “confirmar que se había producido una paleovisita”, era suficiente con encontrar un rastro convincente de una visita espacial a la Tierra, es decir, un artefacto de origen claramente extraterrestre. Obtener la solución negativa, es decir, “nuestro planeta nunca ha recibido visitas de extraterrestres”, tan estrictamente como la solución positiva difícilmente sería posible. Aunque ahora no poseemos testimonios absolutos de las mismas eso no significa que no podamos descubrirlos en un futuro. Sin embargo, tal y como hizo notar el doctor J. Fiebag, “si en el curso de un periodo de tiempo suficientemente largo –un siglo, por ejemplo–, a pesar de la intensa búsqueda realizada con los criterios científicos más estrictos, no se han encontrado testimonios de las paleovisitas, la hipótesis de éstas tendrá que rechazarse con un buen grado de certeza como no verificable y, por tanto, falsa”. Así que, para llegar a una solución positiva o negativa es preciso que “los estudios intensivos satisfagan todos los criterios científicos”. Dichos estudios, a su vez, deben realizarse por personas que en primer lugar reconozcan el problema como real y sientan interés personal en el mismo; en segundo lugar, que posean la preparación académica y científica adecuada para ocuparse de ello, y por último, que su estudio abarque todos los aspectos del problema –geológico, arqueológico, etnológico, etc–. Para tal fin sería preciso formar una estructura organizativa especial que facilitara los canales de comunicación entre los diversos investigadores y, por desgracia, nada de esto existe en la actualidad. Los recientes intentos de crear un consejo de investigación científica sobre el problema de las paleovisitas y de lanzar un periódico han sido infructuosos y han mostrado que todos los proyectos de estas características están condenados al fracaso mientras no haya suficientes personas interesadas en llevarlos a cabo. Con Internet quizá las cosas empiecen a cambiar en este sentido.
¿Cuál es el estado actual de estos asuntos en los países de la antigua Unión Soviética y en Occidente?
En los países de la antigua Unión Soviética la situación no puede ser más deplorable. Vale la pena recordar que fue en la URSS donde el doctor Matest Agrest formuló por primera vez en los años 1959-60 la idea de las paleovisitas como un problema científico. Las discusiones sobre el mismo en los medios de comunicación soviéticos durante los años sesenta fueron muy productivas y a principios de los setenta los investigadores soviéticos consiguieron que el tema saltara a la prensa científica, además de ser tenido en cuenta en congresos internacionales. En la actualidad, el trabajo de la escuela rusa de paleovisitas es muy escaso. Los autores de numerosas publicaciones sobre este espinoso asunto en la prensa rusa de hoy cosechan donde no han plantado, ya sea haciendo refritos de los viejos artículos soviéticos o de publicaciones de autores extranjeros, cuando no plagian directamente. Los escasos intentos de hipótesis “originales” se limitan a hablar por enésima vez de la “sabiduría extraterrestre”, supuestamente codificada en las dimensiones de las pirámides egipcias o en la estructura de Stonehenge. Todo esto no merece ni siquiera tenerse en cuenta. En general, la situación actual sobre los estudios de las paleovisitas difiere considerablemente según los idiomas. En los países de habla inglesa, sobre todo en EEUU, este problema se ha “disuelto” en el tema de los OVNIs, atrayendo un interés relativamente escaso por parte de la comunidad científica; sólo las series del libro Las crónicas de la Tierra, de Zacharias Sitchin pueden considerarse una notable contribución al estudio de las paleovisitas. La escuela francesa, que produjo magníficos trabajos en los años 60 y 70, ha dejado de existir. Por otra parte, en los países de habla alemana –Alemania, Austria, Suiza– se ha producido en la última década un auténtico estallido de actividad y existe una organización bien estructurada. Entre sus diferentes actividades cabe mencionar congresos y seminarios regulares, publicaciones de varias revistas especializadas, la creación de una base de datos, así como traducciones al alemán de las publicaciones más importantes en otros idiomas. En esta comunidad se está investigando con verdadero criterio científico.
¿Y los mayores logros de las últimas cuatro décadas?
El principal resultado positivo de las pesquisas de estos 40 últimos años podría formularse así: se llevó a cabo una búsqueda inicial para encontrar posibles rastros de paleovisitas y se efectuó un examen inicial. Hubo, sin embargo, un resultado negativo. Se trata del hecho de que la investigación y el examen fueran llevados a cabo por personas de especialidades y/o preparación muy diferentes. Los más doctos percibían la idea de las paleovisitas como una falacia que contradecía su visión sobre la historia de la Tierra, y los debates terminaron por simplificarse cuando el problema es complicado.
¿Qué perspectivas hay de que la ciencia participe en estos estudios?
Es interesante rastrear la evolución de la actitud hacia este problema de científicos tan notables como Carl Sagan, por ejemplo. A principio de los años 60 parecía creer en la posibilidad de múltiples paleovisitas y contactos en la historia de nuestro planeta. Formuló criterios de selección para facilitar la extracción de informes de tales sucesos en el folclore, e incluso habló de un posible paleocontacto mítico, el de la tradición sumeria con seres extraños que ayudaron a la formación de esta civilización. Pero tiempo después, Sagan llegó a la conclusión de que los testimonios de esa naturaleza no podían considerarse como pruebas convincentes de una paleovisita. Se dedicó a criticar las teorías de Erich von Däniken, cuyas “pruebas” eran, en su opinión, menos convincentes todavía. En consecuencia, en el libro Los dragones del Edén (1977), Sagan situó “la creencia en los antiguos astronautas” entre otras doctrinas ridículas, junto con la astrología, el espiritismo y la teoría de la Tierra hueca. Este ejemplo, sin embargo, nos da una idea de cuál es la situación al respecto. “La gran ciencia”, tras plantear el problema, dio marcha atrás y desde entonces las fuentes históricas, por su naturaleza, dejaron de prometer una solución definitiva y se convirtieron en un campo fértil para las especulaciones paracientíficas. En consecuencia, este problema científico está siendo investigado ahora por gente sin formación científica alguna. Tal vez la situación cambie, pero de momento sólo contamos con algunos representantes del mundo científico que sienten un interés personal en diversos aspectos de las paleovisitas. Si sus nombres y/o resultados de su trabajo en este campo resultan lo bastante sólidos, sus voces terminarán por oírse.
¿Podría decirnos cuáles son sus principales conclusiones?
Mi respuesta no será demasiado original: la realidad de las paleovisitas no puede descartarse, pero, a fecha de hoy, no se ha podido demostrar. Esa era mi opinión cuando a finales de los años sesenta me dediqué al estudio serio de esta cuestión y, en la actualidad, sigo pensando lo mismo. Durante las últimas décadas, los supuestos rastros de paleovisitas han resultado ser meramente de origen terrestre en más de una ocasión. Igualmente, hay una serie de cuestiones que siguen sin resolverse, sobre todo el saber astronómico de los dogón, las líneas de Nazca, etc. Estoy muy impresionado por el trabajo de A. Eenboom y sus colegas, que experimentalmente demostraron que las antiguas figuritas de “aeroplanos de oro” de Colombia, que datan del primer milenio de nuestra era, son modelos de naves aéreas muy sofisticadas.
Tras haber investigado las paleovisitas durante tanto tiempo, me atrevería a admitir que invitados del espacio exterior produjeron un fuerte impacto en ciertas culturas terrestres. Pero este impacto fue limitado y sobre todo perseguía objetivos de investigación y experimentación. En cuanto a esos “gurus del espacio” que supuestamente han conducido a la humanidad por su espinoso sendero histórico durante milenios para luego desaparecer sin dejar rastro… no creo en ellos.
Vladimir Rutbsov