A comienzos de 2007, el séptimo Secretario General de la ONU, Kofi Annan, cedía su cargo al coreano Ban Ki-Moon. Todo el mundo vio con agrado su nombramiento debido a su procedencia asiática. Se interpretó como un guiño hacia los países del Tercer Mundo. Sin embargo, las alarmas no tardaron en saltar en diversos foros políticos. El 2 de enero de este año, un grupo de congresistas estadounidenses solicitó a su gobierno que investigara las posibles conexiones del coreano con la secta Moon. La prensa se hizo eco de tales sospechas y comenzó a publicar investigaciones propias en las que se establecían sospechosas relaciones entre Ban Ki-Moon y su compatriota y líder de la secta, Sun Myung-Moon. Pronto se observó que, de ser cierta la conexión, la elección del nuevo Secretario General no habría sido tan humanitaria como se pensaba en un principio.
La secta Moon establece entre sus doctrinas que el coreano debe ser la lengua más importante del mundo y –esto es más importante– la ONU una organización religiosa mundial bajo su control. Por ahora, el Secretario General ha rehusado responder a estas acusaciones, señalando que esa posible afiliación es «irrelevante» para su nuevo cargo en la ONU.
Favoritismo y tramas económicasEste es el último escándalo que ha salpicado a esta organización, pero ya en sus inicios surgieron sombras de sospecha sobre las auténticas intenciones de la institución. Antes de que su sede se erigiera junto al río Hudson, en Nueva York, las sospechas de corrupción urbanística alcanzaron a sus promotores. Ante la imposibilidad de establecer la sede en ciudades como San Francisco o Greenwich, el magnate John Rockefeller Jr. donó ocho millones de dólares para levantar los edificios necesarios en su actual emplazamiento, en aquellos años un área deprimida de Nueva York. La operación tenía carácter secreto, pero justo antes de que la ONU comprase el solar al millonario inmobiliario Bill Zeckendorf, hombres muy cercanos al Secretario General Trygve Lie utilizaron esa información privilegiada para adquirir acciones de la compañía de Zeckendorf, con lo que se enriquecieron de la noche a la mañana .
La ONU había nacido con mal pie e iba a ser difícil enderezar su camino. Tanto que la entrada de los primeros funcionarios no hizo sino agravar la situación. En un principio, la plantilla se estimó en unas 2.000 personas. Rápidamente, los diferentes países se afanaron en intentar incluir el mayor número de nacionales para, de esa forma, influir en el resultado de las votaciones. Los estadounidenses ganaron la carrera, pues cubrieron el 43% de los altos cargos designados.
Esto sirvió para introducir numerosos espías en la sede neoyorquina. Está demostrado que diversos diplomáticos fueron sometidos a seguimiento y sus comunicaciones interceptadas por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de EE UU hasta 1993. También la CIA habría colocado micrófonos en pasillos, lavabos y despachos del edificio. Una práctica que continuaría hasta el año 2003, cuando los miembros del equipo encargado de inspeccionar la posible existencia de armas de destrucción masiva en Irak, denunciaron que entre ellos había varios espías estadounidenses.
Volviendo al proceso de selección, lo más descorazonador era que para acceder a esos puestos no se exigía un buen currículo ni dominio de idiomas; bastaba con haber nacido en un país aliado de EE UU o tener algún «padrino» en un puesto de responsabilidad. El resto de funcionarios «menores» debían pasar una prueba de aptitud y un cuestionario donde se les preguntaba por sus simpatías políticas. Si el candidato no gustaba, los seleccionadores norteamericanos estampaban el sello «sospechoso» en su informe y se le mandaba a casa con la imposibilidad de presentarse a otro puesto.
Pero mucho más graves que los supuestos casos de favoritismo y corrupción son las denuncias de abusos sexuales contra altos funcionarios, las cuales siempre han contado con el silencio del mismísimo secretario general de turno.
Escándalos sexuales Ante las sospechas de abusos sexuales, la propia organización creó el Grupo para los Derechos de Igualdad de la Mujer. Éste realizó un estudio en el que demostró la realidad de tales prácticas con cifras sorprendentes: una de cada cuatro trabajadoras dijo haber sido acosada sexualmente y haber recibido ofertas para promocionar a cambio de sexo. Sin embargo, ninguna de ellas lo había denunciado, quizá por temor a perjudicar su trayectoria dentro de la ONU.
En dicho informe están recogidos episodios como el protagonizado por la funcionaria Catherine Claxton, quien, tras una reunión el 5 de mayo de 1988, fue acosada y sometida a tocamientos por su jefe, el argentino Luis María Gómez. Claxton interpuso una denuncia por acoso sexual, pero la reacción del entonces secretario general Butros-Gali fue cerrar filas en torno al argentino y acallar el incómodo episodio. Sólo después de una dura lucha de seis años, la juez Mella Carroll consiguió que se indemnizara a la víctima con 281.500 dólares. Mucho antes, Luis María Gómez había pactado su salida de la ONU a cambio de un cheque de 75.977 dólares y un cómodo puesto de consejero en una entidad afín.
Otros acosadores sexuales defendidos hasta lo imposible por los altas jerarcas de la ONU fueron el turco Mehmet Ulkümen y el egipcio Aly Teymour. Con ello se demostró que la lucha que esta organización afirma liderar para conseguir la dignidad de la mujer en el mundo, se tambalea desde sus propios cimientos.
Sin duda alguna, los funcionarios de la ONU mejor considerados son los «cascos azules». La Carta de las Naciones Unidas dice que éstos serán desplegados allá donde se necesite el mantenimiento de la paz, la aplicación o supervisión de acuerdos que resuelvan conflictos y donde deba protegerse la ayuda humanitaria. Sin embargo, la ONU no los utilizó para detener el genocidio que acabó con 800.000 vidas en Ruanda y con 8.000 en Bosnia, aún sabiendo que tales matanzas iban a producirse si no se actuaba. Pero la labor de estos «cascos azules» no ha quedado manchada sólo por la inacción, sino también por ciertos episodios más que vergonzosos.
¿Cómo explicar que en Camboya algunos de estos soldados pagaran por tener relaciones sexuales con niñas vírgenes o que en Somalia se fotografiara a paracaidistas belgas cometiendo abusos y torturas contra pequeños indefensos? Lo más grave es que los soldados sólo recibieron una reprimenda, a pesar de las fotografías que los mostraban sujetando a un joven sobre una fogata encendida u obligando a otro a beber agua salada. Hasta el momento, la ONU se ha visto incapaz de frenar estas atrocidades. En Mozambique no consiguió evitar que soldados italianos contrataran los favores sexuales de niñas menores de ocho años o que soldados nigerianos hicieran lo propio en Liberia. También en Sierra Leona, en Kosovo o en el Congo se han registrado el mismo tipo de denuncias.
Más grave si cabe fue la situación vivida en Bosnia-Herzegovina entre 1995 y 2002, donde cada contingente de «cascos azules» tenía su propia especialidad delictiva: los ucranianos controlaban el tráfico de heroína, cigarrillos y coches; los franceses la prostitución y el alcohol; etc. Estos desmanes incitan a una profunda reflexión sobre el funcionamiento de la ONU. Aunque los diversos secretarios generales han ido introduciendo tímidas reformas, no han sido suficientes para resolver este endémico problema.
Nueva York contra la ONUSi la sede elegida para la ONU fue Nueva York, no se debió a que sus ciudadanos lo pidieran, sino a que no se encontró una mejor opción para albergar sus edificios y a los miles de funcionarios que trasiegan por sus pasillos a diario.
De hecho, los neoyorquinos han solicitado muchas veces la salida de la ONU de su ciudad. Y no es para menos. Los vehículos diplomáticos han campado durante años por las calles de la metrópoli, sin respetar las normas de tráfico, taponando salidas de bomberos y ambulancias, amparándose en una inmunidad diplomática que impide multarles. Además, los directores de los hoteles más lujosos no pueden negar el alojamiento a los delegados a pesar de que los impagos superan la cifra de seis millones de euros, algo semejante a lo que sucede en los restaurantes donde esos embajadores han dejado de costear cuentas que sobrepasan en conjunto los 70.000 euros.
Por estos motivos en la ciudad pueden verse eslóganes como «la ONU ama a Nueva York, pero Nueva York no ama a la ONU» o escucharse declaraciones de políticos como el antiguo presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, Jesse Helms, quien aseguró que este organismo es «la cruz con la que cargan millones de norteamericanos».
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 cargaron aún más las tintas, al pensar los ciudadanos y sus dirigentes que esta sede no supone más que un incentivo y una provocación para el terrorismo internacional en la Gran Manzana.
Entrevista con:
Eric Frattini autor de ONU: historia de la corrupción
- Una obra de este tipo no debe gustar a la ONU. ¿Le facilitaron la investigación?
- No. Pedí datos a la Oficina de Información Pública de la ONU en Bruselas mediante decenas de correos electrónicos, pidiendo confirmación a muchos de los casos que estaba investigando. No recibí ni una sola contestación. Tampoco han dado ninguna respuesta oficial al libro, lo que quiere decir que todo lo que relato es cierto.
- ¿Es cierta la conexión entre el actual secretario general y la secta Moon?
- No se han demostrado tales conexiones, pero sí aceptaron como Secretario General a un tipo como Waldheim, involucrado en la deportación de judíos de Yugoslavia a los campos de exterminio. Está claro que cualquiera puede llegar a ser Secretario General de la ONU.
- Es un hecho cierto que la ONU está fracasando en sus planteamientos. ¿Por qué?
- Tal vez porque ya nadie cree en ella tras ver las imágenes de los Casos Azules torturando niños en Somalia o violando niñas en el Congo. La pasividad de Kofi Annan ante la guerra de Irak y su implicación en las tramas corruptas del programa «Petróleo por Alimentos» también influyen en su falta de legitimidad.
- ¿Cuáles son los aspectos que deben ser remodelados?
- Toda su «inflada» estructura. La ONU se ha preocupado de poner elegantes paneles de madera y alfombras persas, pero en su edificio la corrupción sigue campando a sus anchas.
- ¿Qué sería la ONU sin los Estados Unidos?
- Absolutamente nada, como tampoco lo sería sin Francia, Gran Bretaña, China y Rusia, los otros cuatro miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Este es uno de los mayores problemas de la ONU. Casi un centenar de países somos esclavos, en pleno siglo XXI, de sólo cinco.
- ¿Está siendo manipulada la ONU por los Estados Unidos?
- La ONU está siendo manipulada por los cinco países que conforman el Consejo de Seguridad. Mientras esto siga siendo así, no habrá democracia en la institución.
- ¿Es necesario un organismo como la ONU?
- Es necesaria una ONU reformada para poder asumir el liderazgo de los problemas globales del planeta, como atajar el virus del Sida, prevenir actor terroristas o luchar contra el cambio climático.