Última actualización 01/09/2007@00:00:00 GMT+1
El 10 de agosto, grupos de peregrinos acudirán a Ba’adri (Irak) para celebrar la fiesta más sagrada de los yezidis, un extraño culto al que en numerosos países árabes consideran propio de adoradores del diablo. Pero el mito puede más que la realidad. Eso sí: la fe yezidi acapara ahora la atención internacional por la reciente aparición de una terrible grabación en la que se lapida a una joven.
Al comienzo del vídeo, grabado el pasado 7 de abril con un teléfono móvil, se puede ver cómo varios agentes de la policía iraquí vigilan la entrada a una plaza mientras cientos de varones se amontonan para presenciar y participar en el linchamiento. Durante interminables minutos, la joven Du’a Khalil Aswad’s, de sólo 17 años, suplica por su vida acurrucada en el suelo e intentando protegerse la cabeza con sus manos. Fue asesinada a puñetazos, patadas y pedradas por parte de docenas de personas. La masa, embriagada por el odio y el fanatismo religioso, no mostró piedad. La masa nunca tiene piedad.
Ha sido uno de los últimos casos de una “sentencia de honor” acontecido en Oriente Medio, pero esta vez en el contexto de un culto tan ancestral como desconocido: los yezidis. Y es que según la acusación, Du’a Khalil Aswad’s había cometido el terrible sacrilegio de profanar el sagrado Quitab Al Jilwah –libro sagrado yezidi– al enamorarse de un musulmán y pretender abandonar su aldea, Bashiqa, cerca de Musul (Irak). Su objetivo era convertirse al islam y poder casarse con su amado.
Manuel Carballal