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Hemeroteca :: Edición del 01/10/2007 | Salir de la hemeroteca
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Fenómenos EXTRAÑOS en los crímenes del destripador

Por Antonio Ruiz Vega

Última actualización 01/10/2007@00:00:00 GMT+1
Entre el final del verano y el comienzo del otoño de 1888 tuvieron lugar en Londres una serie de horribles crímenes, a cuyo autor la prensa apodó «Jack, el Destripador». Sin embargo, alrededor de estos hechos sucedieron una serie de misteriosos sucesos: coincidencias asombrosas, la aparición «fantasmal»de algunas de las víctimas, lugares marcados por la desgracia, etc.
Aunque los estudiosos sobre los crímenes de «Jack el destripador» nunca se han puesto de acuerdo, hay cierto consenso en considerar que las cinco víctimas atribuidas con casi total seguridad al misterioso criminal fueron Mary Nichols, degollada el viernes 31 de agosto de 1888 en Bucks Row; Annie Chapman, muerta y destripada el sábado 8 de septiembre del mismo año en Hanbury Street; Elizabeth Stride y Katharine Eddowes, asesinadas la misma noche del 30 de septiembre en Berner Street y en la plaza Mitre respectivamente, y Mary Jane Kelly, descuartizada en su habitación de Dorset Street durante la madrugada del 9 de noviembre del mismo año. Pero lo sorprendente es que hoy en día todavía existen serias dudas sobre la verdadera identidad de tres de ellas. Si las dos primeras, Mary Nichols y Annie Chapman, son reconocidas por amigos y familiares sin excesivos problemas, los agentes judiciales de la época se enfrentaron a serios problemas para establecer las identidades de la prostituta sueca Elizabeth Stride y de Katharine Eddowes, las dos víctimas de la noche del 30 de septiembre. COINCIDENCIAS ASOMBROSAS En cuanto a la primera, en los documentos judiciales de este caso se lee que en un principio no se sabía quién era la víctima. De hecho, se la denomina «la mujer desconocida de Berner Street». En las jornadas siguientes, varias personas determinaron que la asesinada se llamaba Elizabeth Stride. Sin embargo, la primera duda surge cuando una tal Mary Malcolm asegura que la fallecida es su hermana, de nombre Elizabeth Watts. El juez Baxter, encargado de aclarar el terrible crimen, reconoció que en el proceso de identificación del cuerpo tuvieron lugar una serie de equívocos, cuanto menos curiosos: «Las dos, Stride y Watts, han sido cortejadas por policías, tienen el mismo nombre cristiano y son de la misma edad. Ambas vivieron con marinos, que además tuvieron –ambos– un café en Poplar; las dos son apodadas ‘Long Liz’; de las dos se ha dicho que tenían hijos a cargo de sus maridos o amigos; las dos son dadas a la bebida; las dos viven en albergues del East End; las dos han sido acusadas por la Corte del Támesis; las dos han escapado al castigo judicial, alegando que sufrían ataques epilépticos, aunque los amigos de ambas coinciden en que es mentira; las dos han perdido sus dientes frontales y las dos han vivido vidas cuestionables. Ambas son cojas y tienen sobre su cuerpo señales de mordedura de serpiente durante su niñez, así como lesiones o malformaciones en el paladar». La duda persistió hasta que se presentó en la Corte la verdadera Elizabeth Watts, profiriendo insultos y amenazas contra su hermana. En cualquier caso, Mary Malcolm debía ser una mujer crédula e impresionable, pues a los investigadores del caso les contó que a la hora aproximada en la que se supone que falleció Elizabeth, protagonizó una experiencia extrasensorial. Mientras se encontraba en la cama sintió una presión en el pecho y escuchó el sonido de tres besos, lo que le hizo sospechar que su hermana había dejado este mundo de forma violenta. NUEVOS ENIGMAS Por increíble que parezca, la segunda víctima de la noche, Katharine Eddowes, plantea casi los mismos problemas de identidad. La mujer muere tres cuartos de hora después que Elizabeth Stride en una pequeña plaza todavía existente, Mitre Square, situada dentro del territorio de la City londinense. El diario Star publicó el 2 de octubre de 1888 que el día anterior una mujer de Rotherhite, un barrio situado justo al otro lado del Támesis, acompañada de su hijo, se presentó en la comisaría de Bishopsgate –zona donde había pasado Katherine sus últimas horas de su vida–, afirmando que la mujer asesinada era su hermana, a quien no había visto en varios años. Aseguró, además, que pensaba que su hermana vivía cerca de Bishopsgate, en compañía de un hombre apellidado Kelly. La pareja de la verdadera fallecida efectivamente se llamaba John Kelly. El misterio no acaba aquí, porque la anónima «mujer de Rotherhite» declaró que había sido la publicación en la prensa del comentario, según el cual la difunta tenía tatuadas en su brazo las iniciales T. C. y que entre sus pertenencias se había descubierto un resguardo de empeño a nombre de Mary Kelly, lo que la llevó a sospechar que la asesinada era su hermana. Según el Star era el primer testimonio que identificaba a la fallecida, por lo que se le concedió una alta credibilidad. No obstante, para evitar cualquier error se decidió que un policía acompañara a la señora al domicilio de su hermana. Sorprendentemente, la «muerta» les abrió la puerta, lo que estuvo cerca de provocar el desmayo del agente y la mujer. El tercer caso, quizá el más sorprendente, es el de Mary Kelly, a quien dos testigos vieron moverse por Dorset Street horas después de su asesinato. Diversos autores llegaron a la conclusión de que Mary Kelly no había sido la destripada de Miller´s Court, pero en la época muchos pensaron que los testigos en realidad habían contemplado al fantasma de Kelly o a su doble. La aparición de un doble es considerada en todas las culturas como infausta, pues anuncia la inminente muerte de la persona que lo presencia. Existe una mancia de origen medieval, la autoscopia, que consiste en la adivinación del porvenir por el aspecto del propio doble. Las legendarias sagas islandesas y danesas están repletas de historias sobre las apariciones de estos dobles, llamados fetch, que no son vistos por todos, sino sólo por algunas personas con facultades especiales. En buena parte de las ocasiones adoptan formas no-humanas, las cuales suelen coincidir con el animal totémico del guerrero predestinado. La despedida del doble es también un clásico de la mitología germánica, muy presente todavía en la literatura medieval. Por ejemplo, en la saga de Thor se describe la aparición de Blundketill a su hijo, anunciándole que acaba de morir. Hay casos más recientes, como el del rey alemán Augusto, llamado «el fuerte», quien se apareció ante la cama de su amigo, el Señor de Grumbkow, en 1752, justo en el momento de su muerte. El hecho sólo se conoció mucho después, debido a la lentitud de los correos de la época. Y ya en nuestro siglo, una discípula de Carl Gustav Jung, Aniéla Jaffé, se dedicó a recopilar casos de este tipo en Suiza, con sorprendentes resultados. Regresemos –tras esta disgresión– al caso de Mary Jean Kelly. A diferencia de las anteriores, todas mujeres de escaso atractivo y de más de 40 años, Mary acababa de cumplir los 24 y la mayoría de los testimonios la describen como una joven de gran belleza. Se trata también la única que muere en el interior de un edificio y cuyo cadáver es prácticamente irreconocible. Salvo los ojos y el cabello, no queda en su rostro un solo rasgo identificable, lo que ha dado mayor pábulo a la teoría de que aquellos restos no eran los de Mary Kelly. EL «FANTASMA» DE LA ASESINADA Lo cierto es que dos personas afirman haberla visto viva la mañana del 9 de noviembre, cuando el informe forense indica que su óbito tuvo lugar hacia las cuatro de la madrugada del mismo día. Caroline Maxwell la vió salir de Miller´s Court a las 8: 30 e intercambió unas palabras con ella. Si atendemos a su declaración, la llamó por su diminutivo, Carrie, que sólo conocían sus allegados. Percibió que Mary estaba muy alterada y le comentó que no se encuentra bien. Horas después de este encuentro, Caroline observó de nuevo a Mary charlando con un hombre junto al pub Britannia, uno de los tres que había en Dorset Street. También un sastre, Maurice Lewis, declaró que hacia las 10 de la mañana del 9 de noviembre estaba jugando al pitch & toss –un juego similar a la tanguilla castellana– en Miller´s Court, el patio interior donde estaba la habitación de Mary, cuando alguien avisó que llegaba la policía y abandonaron el juego. Entonces Maurice salió a la calle Dorset y se dirigió hacia el pub Britannia, en cuyas cercanías observa a Mary Kelly en compañía de un hombre. Ese mismo día, Londres estaba engalanado con sus mejores adornos, pues se celebraba la fiesta de proclamación del Lord Mayor (alcalde). A medida que la comitiva recorría las calles de la ciudad, comenzó a difundirse la noticia de la muerte de Mary Kelly. Pues bien, en ese momento se desataron verdaderos disturbios entre los espectadores. En parte por la indignación popular, pero también, según relata la prensa de la época, por la extraña insistencia de algunos espectadores en dudar de la realidad de su muerte. Tanto es así que uno de ellos es golpeado y detenido. ¿Por qué? Parece que Mary, la cual había manifestado la noche anterior su deseo de asistir a la proclamación del Lord Mayor, se permitió un último capricho antes de pasar al anonimato y algunos la vieron entre la multitud que se agolpaba al paso de la comitiva. CRÍMENES EN LA CASA MALDITA A tenor de los testimonios es posible que Mary no fuera en realidad la muerta y su aparición nada tuviese de paranormal, pero lo cierto es que en el lugar donde se halló el cuerpo de la mujer brutalmente asesinada, el pequeño cuarto de tres por cuatro metros en el número 13 de Miller´s Court, sucedieron a partir de entonces todo tipo de hechos luctuosos, hasta que el edificio fue derruido en 1925. Al menos cuatro personas murieron asesinadas en sus inmediaciones en los años siguientes: 6 En 1898, justo encima del cuarto que había ocupado Mary Kelly, Kate Marshall asesinó a su hermana Eliza a cuchilladas. Kate trató de culpar del crimen a David, el marido de Eliza, pero la policía descubrió a la verdadera culpable. Condenada a muerte, finalmente consiguió un indulto. 6 En 1901 mataron de 10 puñaladas en el abdomen a Mary Ann Austin en el 35 de Dorset Street. Este albergue para pobres se encontraba frente a la entrada de Miller´s Court y en él habían vivido varias de las víctimas de Jack. 6 En 1909, Kitty Ronan, una joven de 24 años de edad –los mismos que tenía Mary Kelly cuando murió–, apareció degollada en el mismo cuarto de Miller´s Court donde Kate Marshall había asesinado a su hermana. Pese al tiempo transcurrido desde los asesinatos de Jack, el East End News tituló: «Nuevos crímenes del Destripador». El cadáver lo descubrió el amante de Kate, Henry Bensted. Algunos días más tarde, un marinero se autoinculpó del crimen. En el informe de la autopsia, el doctor John Clarke escribió: «Se encontró a la difunta yaciendo en la cama sobre su espalda, con la cabeza orientada hacia la izquierda». Es decir, casi en la misma postura en la cual apareció el cuerpo de Mary Kelly. 6 El 10 de junio de 1914 el Times publicó un «suelto» sobre el asesinato de Jane Williams en Miller´s Court. Su supuesto asesino, Joseph Carson, de 65 años, se entregó voluntariamente a la justicia. No obstante, no todos los investigadores estaban convencidos de que el autor del crimen fuera realmente el autoinculpado. EL OLVIDO En 1892 la prestigiosa corresponsal del diario canadiense Toronto Mail, Kathleen Blake, viajó a Londres para visitar el escenario donde tuvieron lugar los crímenes de Jack el destripador. En Miller´s Court localizó y entrevistó a una tal Lottie, entonces inquilina del cuarto donde murió asesinada Mary Kelly. Horrorizada, la mujer vió que las paredes del cuarto todavía tenían huellas de sangre. Lottie le contó a la reportera que días antes de ser asesinada, Kelly le dijo que se encontraba muy asustada porque soñó que un hombre la asesinaba. «Puede que sea la próxima, Jack está actuando en este distrito», afirmó la pobre desdichada. Ni Miller´s Court ni Dorset Street existen en la actualidad. Fueron derribadas en 1925 para ampliar el mercado de Spitalfields y actualmente en el solar hay un parking privado. El último que recorrió estos escenarios fue Leonard Mattews, el autor de The Mistery of Jack the Ripper, uno de los primeros libros escritos sobre el tema. La casa en la que se encontró el supuesto cuerpo de Mary Kelly se encontraba cerrada, a excepción de una habitación, ocupada por una anciana de aspecto terrible que salió de la oscuridad guiñando los ojos y provocando la sorpresa de Mattews. «Cuando me vio enfocar mi cámara y tomar una foto de la fachada de la casa –escribió Loenard Mattews–, la vieja me lanzó una maldición y se volvió a escurrir pasaje adentro. Tomé probablemente la última fotografía de la casa, porque tres días después Miller´s Court y los edificios abandonados de la misma acera ya no eran más que un montón de ladrillos. Los piquetes de demolición destruyeron completamente el conjunto de delerictos y sahurdas donde Jack el destripador cometió su último crimen». No obstante, lo más extraño es que nadie en el vecindario parecía conocer la historia negra de Miller´s Court. Tom Cullen, en su obra Otoño de terror, recopiló una leyenda urbana relacionada con Miller´s Court, según la cual era visible una huella sangrienta de una mano en el muro. Esta terrible marca nunca se borraba y la gente pagaba a los habitantes de la zona para que se la mostrasen. En pleno siglo XXI, los crímenes del Destripador continúan sin un responsable y la historia ya ha sido olvidada por los londinenses. TEORÍAS Y MÁS TEORÍAS Esta era la letanía con la que el inspector Frederick Abberline respondía, cansado, cada vez que alguien le proponía una nueva teoría sobre el caso. Cada año aparecen cuatro o cinco nuevos libros sobre Jack el Destripador, hasta ahora hay más de cien en el mercado. Las teorías pueden ser tan pintorescas como la que implica a Lewis Carroll, el autor de Alicia en el País de las Maravillas (Light-hearted Friend, de Richard Wallace, Gemini Press, 1996), aunque la más difundida (e improbable) asocia los crímenes a un vástago de la familia real británica, el luego nombrado duque de Clarence y Avondale, Eddie para los conocidos. Tras el lanzamiento mundial de Retrato de un asesino, de la norteamericana Patricia Cornwell, quien propone que Jack fue el pintor germano-británico Richard Sickert, un ex detective inglés, Steve Marriott, (Jack the Ripper, the 21st century investigation, John Blake Publishing, London, 2007) propone al marinero alemán Carl Feingenbaum, presente en los muelles londinenses durante las fechas de los asesinatos y que hubiera confesado sus crímenes en el lecho de muerte. Tony Williams en su Uncle Jack (Orion Books, London, 2006) atrae la atención sobre su propio tío abuelo, el cirujano John Williams, quien se sabe que trató a una de las víctimas. Por desgracia ninguna de las tres investigaciones es concluyente. El misterio sigue siendo impenetrable y lo va siendo más a medida que pasa el tiempo y las fuentes se hacen más y más lejanas y borrosas. Por cierto, la teoría de Abberline (su sospechoso era Nicholas Chapman, colgado por otros delitos) no goza hoy de mucho aprecio entre los ripperólogos. LA NOCHE DEL DOBLE EVENTO Publicada por Santos Ochoa editores, la novela Últimas palabras de Kate Eddowes, de la que soy autor, fue premiada con el Ciudad de Majadahonda de novela 2005. Su personaje central es la pequeña mujer morena que murió la noche del 30 de septiembre de 1888 en la londinense Mitre Square, a manos del asesino victoriano Jack el Destripador. Apenas tres cuartos de hora antes, no muy lejos de allí, aparecía el cadáver de otra víctima, Liz Stride. Aquella noche aciaga pasó a conocerse como la del double event (el doble evento o suceso), palabras tomadas, literal y macabramente, de una postal enviada al día siguiente, primero de octubre, por el mismo Jack The Ripper. A diferencia de sus demás víctimas, muchos dudan hoy de que Kate fuera una prostituta. Es casi seguro que conocía la identidad del asesino y puede que lo pagara con la vida. La noche antes de morir aseguró que le conocía y que había vuelto a Londres (ella y su amante, John Kelly, estaban recolectando lúpulo en Kent) para cobrar la recompensa de 500 libras que se ofrecía por la captura del Destripador. Quien resuelva el misterio de Kate probablemente solucione también el mayor enigma de todos los tiempos. La identidad de Jack The Ripper.
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