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Hemeroteca :: Edición del 01/11/2007 | Salir de la hemeroteca
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Destruido el legado arqueológico en la cuna de la civilización

Por Marwan Paz

Última actualización 01/11/2007@00:00:00 GMT+1
AÑO/CERO ha recorrido Irak, Afganistán, Palestina y Líbano –países actualmente en guerra–, para documentar el mayor saqueo arqueológico de la historia. Oriente Medio, cuna de la civilización occidental, está sufriendo el robo sistemático de su pasado ante la complicidad de las tropas y autoridades invasoras.
Mientras el avión se aproxima al aeropuerto de Beirut, capital de Líbano, nuestros corazones se encogen. A nuestros pies se extienden miles de kilómetros plagados de historia y cultura. Generaciones de artistas, exploradores, científicos y poetas que legaron su sabiduría a la humanidad en forma de papiros, tablillas, esculturas y monumentos arqueológicos.Al norte se encuentra Siria, con las huellas de Zenobia, Saladino y Saulo de Tarso; más allá, Turquía, el país del imperio inalcanzable. Al este, Jordania, Irak y Arabia Saudita, desbordantes de historia sagrada antigua y moderna. Al sur, Palestina y Egipto, cunas del cristianismo, del judaísmo y del imperio de los faraones respectivamente. Y al oeste se extienden la costas mediterráneas, exploradas antes que nadie por los fenicios, el pueblo del mar. Es imposible calcular cuánto debe la historia de la humanidad a esa región que llamamos Oriente Medio. Basta imaginar por un momento qué ocurriría si eliminásemos de los libros de texto todas las páginas que se refieren a Mesopotamia, donde se inició la historia escrita; a Palestina o Arabia, cunas respectivas de Abraham, Jesús y el profeta Mahoma; a Egipto, origen de la ciencia y la cultura… Nuestra historia quedaría coja, ciega y sorda. Al salir del aeropuerto es inevitable toparse con las cicatrices de los bombardeos que han mutilado sin piedad la orografía de Beirut, pero también recibimos una poderosa sensación: la «energía» que emana una ciudad que no se resigna a su destrucción, a pesar de haber soportado lustros de bombas y balas. Recorrer el centro de Beirut o su largo paseo marítimo produce en cualquier visitante novato una momentánea desorientación. Lujosos automóviles, edificios ultramodernos y mujeres voluptuosas nos hacen olvidar por un momento que nos encontramos en un país árabe que ha sufrido como pocos los zarpazos de enfrentamientos armados. Sin embargo, si abandonamos la Avenida París y sus elegantes miradores al mar, o las zonas reconstruidas del centro de la capital, pronto encontramos infinidad de rastros visibles de la guerra. Las cámara fotográficas pueden inmortalizar mil y un ejemplos de los continuos conflictos que han diezmado la población y la historia del Líbano en el último siglo. LA «CIUDAD DEL SOL» BAJO LOS MISILES Es imposible cuantificar el valor de las pérdidas arqueológicas e históricas provocadas por los enfrentamientos armados que han tenido lugar en la capital libanesa. Hace algunos años, por ejemplo, salió a la luz, entre la Plaza de los Mártires y el puerto de Beirut, un importante yacimiento datado en el 1900 a. C. Aquellos valiosos restos arqueológicos quedaron mutilados por los bombardeos israelíes. Y lo mismo ocurrió con otros muchos restos arqueológicos descubiertos de forma similar en los últimoms años. No tardamos en descubrir edificios en ruinas, dañados por incontables bombardeos a lo largo de las últimas décadas, en los que familias enteras continúan viviendo entre los cascotes y los escombros. Esta visión contrasta con los taxis Mercedes y los fastuosos Hummer, Porsche o BMW que nos rodean. Seguimos con nuestro paseo y nos topamos en el barrio chiíta de la ciudad con varias estatuas del Ayatolah Jomeini, rodeadas de «cicatrices» por años de guerras. Fuera de la capital, al sur, la situación es aún peor. Líbano alberga auténticas joyas históricas y arqueológicas, consideradas Patrimonio de la Humanidad. La hermosa Biblos, que presume de ser la urbe más antigua del planeta; la solemne Tiro, fundada por faraones y capital de los exploradores fenicios; o la inquietante Baalbek (AÑO/CERO, 196), llamada «la ciudad del sol» y probablemente el emplazamiento arqueológico más importante del Líbano. El conjunto de templos romanos de Baalbek ha soportado el paso de los siglos y de ejércitos y conquistadores de diferentes naciones. Sin embargo, en el verano de 2006, los muros del Templo de Baco sufrieron los «daños colaterales» de los misiles israelíes, que destruyeron varios edificios de la plaza central. Lo mismo ocurrió con el Templo de Júpiter, la estructura religiosa más grande construida por el Imperio Romano. Baalbek es sólo uno de innumerables tesoros arqueológicos localizados en el valle de Beqaa, cuya estructura se vio afectada por los ataques israelíes. Podemos referirnos también a importantes edificios históricos de los siglos X y XIII, que salpican todo el país, como la ciudadela de Chehabi en Hasbaya, que sirvió de fortaleza para los ejércitos cristianos de la Primera Cruzada en el siglo XI y que fue tomada en el siglo XII por los emires de Chehabi, cuyos descendientes la ocupan hasta la fecha. TESOROS EXPOLIADOS EN IRAK Tras los atentados del 11-S, George Bush aseguró que comandaría una cruzada contra el «eje del mal». Y no hablaba en broma. Sus modernos «cruzados» no tuvieron ningún reparo en utilizar todas las armas a su alcance para combatir a los terroristas en sus propios hogares. Pero a diferencia de los cruzados del siglo XI, esta vez utilizaron misiles y la última tecnología bélica. Los últimos bombardeos contra Irak, la antigua Mesopotamia, se iniciaron en 2003. Como consecuencia, en menos de un lustro se han perdido miles de años de historia. Es justo reconocer que el expolio de piezas arqueológicas en Irak se inició a comienzos de los 90, después de la primera guerra del Golfo, iniciada tras la invasión de Kuwait por Saddam Husein. Mafias organizadas protagonizaron entonces robos en los museos del norte del país, a la vez que grupos armados saudíes y kuwaitíes atravesaban el territorio chiita para saquear centros culturales. En diciembre de 1994, más de veinte especialistas de talla internacional remitieron una carta a la UNESCO para denunciar la situación de abandono en la que se encontraban los enclaves arqueológicos iraquíes y la impunidad con la que actuaban los saqueadores. El bloqueo impuesto por EE UU generó hambre, miseria y enfermedades, lo que obligó a muchas familias a expoliar su pasado para conseguir algo que llevarse a la boca. Ese mismo año, más de 70 hombres armados entablaron un combate contra los guardias que custodiaban la antigua ciudad de Al Medina. Pretendían robar las antigüedades de dicha urbe. En la misma época, moría en Larsa el vigilante de unas excavaciones. Los asaltantes se llevaron valiosos restos que terminaron en Suiza, desde donde se vendieron en el mercado negro. Entre los «tesoros» sacados de Irak se encontraban más de 80.000 piezas de la biblioteca cuneiforme que albergaba el museo de Al Medina, miles de joyas, cientos de sellos y varios toros alados de Asiria. A partir de la ocupación norteamericana, el robo, el saqueo, la destrucción y el expolio del legado histórico de Mesopotamia se multiplicó por mil. Olvidándonos por un instante del incomparable sufrimiento humano y los cientos de miles de iraquíes muertos, heridos o mutilados, el daño que la guerra ha infringido al patrimonio histórico de la humanidad es incalculable. Según diversos analistas, más de 4.000 piezas arqueológicas de gran valor fueron robadas en Irak durante el caos que siguió a su conquista. Pero lo verdaderamente escandaloso es que más de 300 de esas piezas aparecieron años después en el Museo Metropolitano de Nueva York. Mientras tanto, la administración Bush mira hacia otro lado. Por supuesto, el museo neoyorquino no es el único beneficiario del expolio cultural en Oriente Medio. Piezas arqueológicas iraquíes, como varias esculturas de Jatra o un relieve del rey asirio Sennaquerib (siglo VIII a. C.) han terminado expuestas en museos como el British Museum de Londres. Las autoridades europeas también guardan silencio sobre tan vergonzoso asunto. MERCADO NEGRO DE ANTIGÜEDADES BÍBLICAS Otras reliquias del pasado iraquí han sido descubiertas en Israel. Así, en el Museo de los Países de la Biblia de Jerusalén se exhiben descaradamente varias piezas de Mesopotamia. En las vitrinas de este centro pueden contemplarse desde tiaras de cuernos de bronce a estelas de basalto de Salmanasar III, pasando por tablillas cuneiformes, esculturas, etc. Si Israel no participa oficialmente en ninguna excavación arqueológica en Irak, ni existe intercambio ni mercado legal de piezas arqueológicas, ¿de dónde han salido las que se exponen en Jesusalén? Las obras ilegales ordenadas por el gobierno israelí en los antiguos muros que rodean la mezquita de Al Aqsa no son más que el último eslabón de una larga y continuada serie de profanaciones y destrucciones del legado arqueológico en Palestina. La repercusión mediática que acompañó a este incidente no suele producirse ante los saqueos, robos o destrucciones de emplazamientos arqueológicos en Gaza, Hebrón, Jenín, Nablus o Ramallah, cuyas piezas terminan acompañando las vitrinas de museos como el de Jerusalén. Judeh George Morkus, ministro palestino de Turismo y Antigüedades, nos recibió en su despacho de Belén para responder a nuestras preguntas. Según explicó a AÑO/CERO, pese a que Israel se ha apropiado de muchos emplazamientos arqueológicos a lo largo y ancho de todo el país, todavía quedan enclaves históricos importantísimos en diferentes puntos de Belén, Jenín, Hebrón, Nablus, etc. Como ocurrió en Irak durante el bloqueo, el hambre, la desesperación y la miseria hacen que los ladrones no sean siempre extranjeros. «Aquí en el Ministerio –nos explicó– hay un equipo que sigue las excavaciones oficiales. Pero mucha gente que está construyendo sus casas encuentra antigüedades que no podemos controlar. Y aunque algunas se ponen en contacto con nosotros para que vayamos a ver su valor, otras deciden averiguarlo por su cuenta». Como consecuencia del embargo decretado por EE UU, cientos de miles de familias palestinas viven una situación insostenible desde hace un año. La mayoría de los funcionarios no reciben su sueldo desde 2006 y los brotes de violencia entre los propios palestinos son constantes. No se puede descartar el estallido de una guerra civil. En este contexto, el mercado negro de antigüedades bíblicas está nutriendo a los traficantes de arte occidentales. LÍBANO: EN GUERRA PERPETUA En el Líbano siempre han convivido diferentes culturas y religiones. Hasta el siglo XV perteneció al Imperio Otomano, pero tras la Primera Guerra Mundial se convirtió en un protectorado de Francia. Consiguió su independencia en 1941, convirtiéndose en un estado próspero. En 1975 comenzó una guerra civil que duró cinco años. Tiempo después, en 1982, Israel invadió el país para eliminar las bases de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) existentes en el territorio árabe. Desde entonces, el Líbano se convirtió en el epicentro de los enfrentamientos entre Palestina e Israel, por lo que son constantes las injerencias extranjeras en su política interna. EE UU apoya a poderes pro israelíes, mientras que Siria, con enorme influencia en los órganos de poder libaneses, intenta no perder su poder en la zona. En 2006, Israel bombardeó el país, destruyendo prácticamente toda su infraestructura y generando casi un millón de desplazados. LOS BUDAS DE AFGANISTÁN El 26 de febrero de 2001, el mulá Omar, entonces líder de los talibanes, emitió un edicto en el que ordenaba la destrucción de las colosales estatuas de los Budas en Bamiyán (Afganistán). La opinión pública internacional se escandalizó cuando las televisiones de todo el planeta emitieron las imágenes de los talibanes volando las enormes estatuas. Su destrucción contribuyó notablemente a que la opinión publica internacional justificase la invasión de Afganistán. Quienes acabaron con aquel legado cultural y arqueológico, patrimonio de toda la humanidad, sin duda eran unos bárbaros. Sin embargo, ante los bombardeos israelíes a Baalbek, Tiro o Beirut, ante los robos y expolios de los museos iraquíes y ante la usurpación de antigüedades en Palestina, esas mismas voces occidentales callan. Afortunadamente, los Budas de Bamiyán serán reconstruidos gracias al apoyo internacional. Pero, ¿qué ocurrirá con los miles de vestigios arqueológicos robados o destruidos en Oriente Medio?
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