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Hemeroteca :: Edición del 01/11/2007 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 01/11/2007@00:00:00 GMT+1
Una carretera tortuosa, un pueblo enigmático, parajes donde se manifiesta lo insólito… Esferas luminosas, extrañas desapariciones y supuestos casos de teletransportación. Desde hace tiempo los alrededores de la localidad tarraconense de Tivissa despiertan gran interés entre los investigadores, tal vez por el halo que envuelven su calles, sus montes, sus recónditas cuevas, e incluso la carretera que une la población con el mar: la conocida C-44…
La población de Tivissa se encuentra anclada en el Priorato tarraconense, a escasos dieciocho kilómetros del mar, ascendiendo por la C-44 que, desde Hospitalet de L’Infant atraviesa Coll de Faxes, un peligroso tramo de carretera donde se cuentan historias inquietantes referentes a una antigua aldea maldita. Se dice que Tivissa está en pleno centro de una zona “telúrica” que abarcaría desde Pratdip hasta Mora de Ebro, pasando por la Serra D’almós debido a la confluencia de placas itosféricas –corrientes de aguas subterráneas–. Tal vez ello tenga que ver con los fenómenos que, supuestamente, se manifiestan en esta área: aparición de luces misteriosas, extrañas nieblas que algunos interpretan como puertas interdimensionales, visión de seres de apariencia absurdas… A las tradicionales leyendas que evocan aquelarres y reuniones de brujas en la Edad Media, los lugareños cuentan que sus montes albergan cuevas de laberínticas grutas cuya exploración sirve de antesala a un viaje con destino incierto… No menos inquietantes son los inverosímiles testimonios que, desde antiguo, se refieren a los ataques de los llamados “perros vampiros” y que curiosamente dan nombre a la cercana población de Pratdip, –“prado de los lobos vampiros”–, en cuyo escudo queda inmortalizado el dibujo de una de esas feroces alimañas. Cuentan las viejas leyendas que Tivissa se vio amenazada antiguamente por estas misteriosas criaturas que atemorizaban a los pastores, matando a las ovejas de sus rebaños y absorbiendo su sangre. Encrucijada de leyenda y misterios Han pasado más de veinte años desde que los investigadores y curiosos del fenómeno OVNI dejasen de frecuentar estos parajes que, en la década de los ochenta, se convirtieron en un genuino reclamo turístico para los aficionados del misterio que ansiaban la búsqueda de un contacto con supuestas entidades de otras no menos supuestas dimensiones. ¿Se disipó entonces la supuesta fenomenología paranormal ligada a Tivissa? Pese al tiempo transcurrido, todavía se recogen nuevos testimonios, insólitas vivencias de personas que, sin pretenderlo, quedaron atrapadas por una experiencia que les ha marcado para el resto de sus vidas. Venciendo las reticencias iniciales a narrar su historia, Juan Pallisé, un anciano vecino de Tivissa se atrevía a confesar lo que le ocurrió hace más de treinta años, cuando el destino se encaprichó en convertirlo en protagonista de un suceso difícil de olvidar: “Yo sé que desde hace años se vienen contando historias extrañas en estos lugares. Lo que os puedo asegurar es que lo que yo llegué a ver aquella tarde verdaderamente me impactó, y cada vez que paso por el lugar desde donde lo aviste, me acuerdo como si fuera ayer…”. Retrocediendo su memoria en el tiempo, los cansados ojos de Juan Pallisé parecían estar oteando nuevamente lo que presenció esa misma tarde de hace más de treinta años: “No sé si hace treinta o treinta y cinco años –recuerda–, que lo avisté por un lugar denominado Pas de L’ase, por donde pasa a su curso el río Ebro. Desde allí, hasta otros picos más altos llamados La Figuera, vi salir como una bola de fuego anaranjada, que daba vueltas, y que por detrás parecía desprender una especie de humo rojizo. Pasó como una exhalación. Al día siguiente me encontré con un vecino, ya fallecido, que también lo había visto. Él decía que se trataba de un ‘platillo volante’. Confieso que yo era la primera vez que los habia oído nombrar. Es lo único que puedo decir, pero esto, os aseguro que es verídico”. No obstante, la extraña fenomenología de Tivissa no es algo que pertenezca únicamente al pasado. Artur Altés nos relata lo que le aconteció junto a su hijo y a dos compañeros de trabajo una fría noche de febrero de 1996, cuando se encontraban haciendo la tarea rutinaria de la recogida de basura, recorriendo las calles vacías de la población: “Eran sobre las once de la noche, cuando se nos presentó por detrás del cerro un objeto plano, con un gran haz de luz cegador que pasó muy lentamente por encima de nuestras cabezas. Después se alejó de nosotros, alcanzando gran velocidad y desapareciendo tan rápido como había aparecido. Os aseguro que esto es para vivirlo, y no para contarlo, aunque yo desde entonces prefiero olvidar esta historia y no comentarla”. C-44, ¿carretera hacia lo inexplicado? Aseguran los más escépticos que estas extrañas luminarias nocturnas bien pudieran ser fruto de la abundancia de materiales geológicos existentes en este tipo de zonas telúricas que, al cargarse de energía solar, presentan la singular capacidad de producir fenómenos luminosos en la atmósfera. Una hipótesis bastante factible si el comportamiento de estas luces no pareciera, en ocasiones, responder a un comportamiento algo más que casual… Estas luces, de repente y sin previo aviso, se presentan ante el viajero o a todo aquel curioso que se atreve a indagar en la zona donde se producen las manifestaciones con más asiduidad. Es el caso, entre otros, del entonces joven biólogo Vicente Pérez Baeza, y de su compañero Joaquín Bonilla. Ambos se encontraban una noche de finales de los ochenta en el cruce de la carretera que se dirige hacia Tivissa, con la que termina en Pratdip, cuando les ocurrió lo que sigue, en voz de los propios testigos: “Lo que ocurrió fue muy curioso –nos cuentan–. Nos encontrábamos en la carretera que entonces conducía desde Tivissa hasta Pratdip cuando empezamos a ver luces del tamaño de estrellas que se convirtieron en esferas de aspecto rojizo. Una de ellas pasó por encima del coche y sucedió algo que nos dejó paralizados: se apagaron los faros, se apagó el motor, y el radiocasette dejó repentinamente de funcionar”. La aparición de estas extrañas luminiscencias, o efectos luminosos provocados por la naturaleza parecen manifestarse con especial insistencia en el itinerario que recorre la carretera comarcal C-44, a su paso por Tivissa. Es lo que relataba una mujer de unos cincuenta años –que prefiere mantener el anonimato–, que una fría noche de hace aproximadamente cinco circulaba por esta carretera junto a otras cuatro personas en su automóvil. Desde el vehículo pudieron observar cómo dos focos luminosos se les acercaban cada vez más, hasta llegar a iluminar completamente el interior del coche. En un primer momento, pensaron que se trataba de un automóvil que les iba a adelantar. Pero su sorpresa fue mayúscula cuando esas luces dejaron de verse y se esfumaron en mitad de la noche en décimas de segundo. Incluso pararon el vehículo, e inspeccionaron la zona. No había nadie, sólo ellos, su vehículo, la naturaleza… y la oscuridad de la noche. ¿De dónde provenían esas misteriosas luces? ¿Fenómenos atmosféricos o percepciones de la propia sugestión? Pasado más de un año de lo ocurrido, la mujer se atrevió nuevamente a circular por la zona cuando, de repente… “Cuando sales de Tivissa –cuenta–, atraviesas dos curvas para continuar por un tramo de carril lento, pues desde el principio del primer tramo, hasta el final del segundo, no recuerdo absolutamente nada… Solo sé que me encontré de un sitio a otro sin saber cómo. Solo recuerdo que entonces estaba en la carretera, pero desconcertada; no sabía si iba bien por la derecha, o por el carril contrario… Yo no vi nada, sólo que llegué a pasar de un tramo a otro sin saber cómo. Lo pasé verdaderamente mal, con mucha angustia y nerviosismo”. ¿Apariciones de OVNIs o manifestaciones de poco habituales efectos atmosféricos? ¿Carreteras donde se producen supuestos fenómenos de teletransportación o zonas donde circulan frecuencias electromagnéticas capaces de alterar el sentido de la orientación de los conductores? En cualquier caso, Tivissa parece ser un paraje cuyos alrededores se ven envueltos de una energía extraña, cuya vasta fenomenología nutre desde hace años los cuadernos de la casuística paranormal de los investigadores y aficionados del estas temáticas. David y Germán Tenorio
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