Última actualización 15/10/2008@07:33:45 GMT+1
Algo sin lo que no se puede vivir, porque de lo contrario –por condición humana– estamos condenados a repetir los errores. Es lo que suele ocurrir; por tremenda que sea la barbarie, “siempre habrá quien nos haga mejores”. Hablar del periodo franquista hasta hace muy poco era prácticamente un tabú, un episodio de nuestra historia que no convenía recordar, como si al hacerlo estuviésemos invocando a esas entidades grises que durante décadas dirigieron con mano férrea los designios de nuestra nación; como los viejos mantras, que de tanto repetirlos finalmente manifestaban su poder. Pero es que es precisamente eso: parte de nuestra historia, algo que para las nuevas generaciones forma parte de los libros de texto; algo de lo que, en definitiva, hay que hablar, porque ese es el camino de la tolerancia; porque el diálogo es el medio para olvidar viejas rencillas que deberían desaparecer, incluso, de la memoria decana.
Nosotros, que nos sentimos democráticamente libres para plantear casi cualquier asunto, y ajenos a unas u otras ideologías, que en suma formamos parte de la generación de la transición, reflexiva y templada, enfocamos en este número esa época en blanco y negro desde otra óptica. Y es que mucho es lo que se ha hablado del ya manido esoterismo nazi, encumbrándolo a los altares de la leyenda, como si Hitler y los suyos, al margen de un atajo de asesinos, además, fueran algo así como un colectivo de magos de alta alcurnia. Que lo creyeran es otra cuestión; y hasta es posible que contaran con los conocimientos de determinados colectivos más o menos secretos; incluso que pusieran en práctica técnicas “mágicas” para anular la capacidad de raciocinio que todos tenemos por naturaleza, convirtiendo a sus secuaces –y a los millones que les siguieron– en mera masa moldeable a conveniencia. Todo eso es posible, pero también indemostrable. Sin embargo, sí está argumentado que Franco –y lo que envolvió a sus cuarenta años de régimen–, estuvieron revestidos de episodios paranormales, experiencias místicas, sueños premonitorios y una arquitectura cargada de simbología esotérica que ahora traemos a colación en un dossier elaborado por los expertos más cualificados y rigurosos de nuestro país. Es la otra memoria histórica que no conviene olvidar, porque el objetivo era el mismo: controlar, someter, anular… quitar la libertad.
Por otro lado traemos en exclusiva desde México los últimos datos referentes a las polémicas y sorprendentes figuras de Acámbaro, esas mismas que muestran la convivencia de seres humanos, ni más ni menos que con los grandes saurios. Es una locura, al menos desde el punto de vista de la historia oficial, pero no es menos cierto que la datación de las mismas las sitúa en una época anterior a los tres milenios y medio a. de C. Y además, para más “guasa” se han encontrado grabados en piedra en una “pirámide” cercana, que presentan a estos bichos, en todo similares a las figuras de marras, En fin, enigmas para disfrutar en esta Navidad, que llegados a este punto, aprovechamos para felicitarles a todos. Y ya saben: con moderación…
Lorenzo Fernández Bueno