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Hemeroteca :: Edición del 01/02/2008 | Salir de la hemeroteca
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¿Realidad, ficción o superstición?

Por Alberto Granados

Última actualización 15/10/2008@07:42:54 GMT+1
Coordinador de Milenio 3, Alberto Granados ha publicado recientemente Leyendas urbanas (Ed. Aguilar) –libro del que les ofrecemos el siguiente extracto–, donde analiza un fenómeno que, gracias al boca a boca y a las nuevas tecnologías, ha pasado a formar parte del inconsciente colectivo. Porque, ¿quién no ha oído hablar alguna vez de la chica de la curva, o de los cocodrilos que viven en las alcantarillas de Nueva York…?
Historias terroríficas, relatos sobre coches y carreteras, drogas y alucinaciones, ciencia y medicina, comida, toxinas y venenos, viajes, robos y alarma social, animales y plantas, negocios, tecnología e Internet, famosos… Estos son, entre otros, los argumentos escogidos y desarrollados por Alberto Granados en su libro Leyendas Urbanas. A continuación les ofrecemos un breve resumen de su contenido. ¡NO ENCIENDAS LA LUZ! A Margi se le hacía cada vez más pesado tener que ir a dormir al colegio mayor. Compartía habitación con Susi, una veinteañera empollona y arisca con la que no llegaba a congeniar. Por eso, cuando su novio Alex le pidió que se quedara a dormir con él, no se lo pensó dos veces. Aunque era un poco tarde, no tuvo más remedio que ir al colegio para recoger algunos objetos de aseo personal, el pijama y una muda (…). Subió hasta la habitación y, por no despertar a su compañera, ni siquiera encendió la luz. A tientas, recogió todo lo que necesitaba y bajó apresuradamente las escaleras. Al día siguiente, cuando volvió a la escuela, descubrió que había un gran revuelo cerca de la puerta de su habitación. Muchos curiosos y varios policías entrando y saliendo de su cuarto. Un agente uniformado se le acercó: –Disculpe, señorita –dijo el policía en tono serio–. ¿Vive usted en esta habitación? –Pues sí. ¿Ocurre algo? –le respondió inquieta. –¿Entró usted anoche en este cuarto? –preguntó nuevamente el policía. –Siiií –respondió–, estuve aquí a eso de la una, pero sólo para recoger un par de cosas, enseguida me marché porque mi novio me esperaba abajo y no quería hacerle esperar. –¿No notó nada raro? ¿No encendió usted la luz? –No, ¿por qué? –Le faltaba el aire a causa de la angustia. El policía compuso una sombría expresión. – Su compañera de cuarto ha aparecido esta mañana apuñalada. El desalmado que lo hizo, primeró la violó y luego la mató. Creemos que estaba aquí escondido cuando usted entró; hemos encontrado una enigmática pintada en la pared hecha con lapiz de labios; dice así: «¡Suerte que no encendiste la luz!». – LA CAZADORA –¡En qué hora se me ocurriría coger la moto! Roberto se quejaba mientras la lluvia caía sin interrupción sobre el asfalto. Aparcó junto al acceso principal de una discoteca donde, todos los fines de semana, se dejaba caer para tomarse algunas copas. Mientras colocaba el candado en la rueda la vio aparecer: una joven de largos cabellos humedecidos, ataviada con un vestido primaveral que apenas si cubría sus formas y que llevaba los brazos cruzados sobre el pecho, como si quisiera retener el poco calor que le quedaba en su cuerpo. Roberto, conmovido por la escena, comprendió que no la podía dejar marchar en aquellas condiciones: –¡Eh, espera! –gritó. Se quitó su cazadora de cuero para ponérsela a la joven sobre los hombros. –¡Mírate, estás empapada y congelada! ¡Ven, pasa conmigo, te invito a tomar algo! La joven accedió y entraron en la discoteca. No se separaron en toda la velada, charlando, bebiendo y divirtiéndose. Roberto se ofreció para acompañar a la muchacha, que dijo llamarse Yolanda, hasta la puerta de su casa. El amanecer era frío, y aunque había dejado de llover, el ambiente era húmedo. Montaron en la moto y ella se aferró a su cintura, él notaba sus temblores. Roberto se dirigió en la dirección que la joven le había indicado. Conocía con detalle la carretera; se anticipaba en cada curva y en todas le suplicaba que disminuyera la velocidad, tenía mucho miedo a sufrir un accidente. Cuando llegaron, Roberto detuvo la moto junto a la acera. Yolanda bajó a la calzada e hizo ademán de devolverle la cazadora. –No te preocupes, ahora no tengo frío; si te parece, mañana me paso y la recojo. ¿Cuál es tu piso? ¿Te viene bien a eso de las cinco? –preguntó Roberto. Yolanda asintió con la cabeza sin emitir palabra alguna y besó fugazmente sus labios. Inmediatamente desapareció. A la mañana siguiente el joven regresó ilusionado a la casa de su nueva conquista. Una señora de pelo cano abrió la puerta. –Hola, ¿cómo está? Esto… yo… había quedado con Yolanda para recoger mi cazadora y tomar algo. La mujer dejó caer el vaso que llevaba en su mano. Roberto se asustó con el ruido de los cristales al estallar en mil pedazos. El rostro de la mujer se demudó: –Pero… ¿Qué broma es ésta? –Esto es en serio, señora. Ayer le dejé mi cazadora a Yolanda y quedamos en que vendría a recogerla hoy. La mujer se puso muy nerviosa y pidió a Roberto que describiera a la joven. A medida que escuchaba las explicaciones, su expresión se fue tornando amarga, y entonces estalló en un llanto desconsolado. Cuando pudo recuperar el aliento, alcanzó a decir: –Justo así era Yolanda, mi hija, pero ella… ¡murió hace cinco años! Un día de mucha lluvia, mientras conducía hacia la discoteca, su moto derrapó, su cuerpo quedó destrozado en una curva… ¡Fue horrible! En el cementerio, aquí muy cerca, hay una foto de mi hija incrustada en la lápida. Es la única que conservo. Acompáñame si no me crees. Fueron ambos hasta el cementerio, a cinco minutos escasos de la vivienda (…). A Roberto le faltó poco para quedarse allí clavado, convertido en una piedra más. Tal como le advirtió la madre de Yolanda, la fotografía, aunque desfigurada por el paso del tiempo, mostraba la imagen de la chica tal y como la conoció aquella noche. No podía ser de otra. La joven le sonreía desde la lápida con complicidad. Fue en ese preciso momento cuando Roberto se quedó paralizado: ¡Su cazadora se encontraba apoyada sobre la tumba! SACRIFICIO DE GATOS NEGROS Desde la Antigüedad se ha asociado a los gatos con las fuerzas ocultas. Se pensaba que habían sido seres humanos castigados a convertirse en felinos por sus malas acciones. La superstición medieval también creía que Satanás y los brujos asumían la forma de gatos negros. Se cree que las brujas volaban acompañadas también por gatos negros y la Iglesia declaró a estos animales como portadores del Maligno. Los celtas, en cambio, creían que estos felinos eran sagrados. Estas mascotas cobran especial significado en la festividad de Halloween, donde a veces se las utiliza simplemente como ornamentación para una fiesta. Algunos, asimismo, aprovechan Halloween para llevar a cabo cruentos sacrificios de gatos negros. En algunas sectas satánicas se realizan estos rituales de sangre amparados en no se sabe bien qué religión o creencia. Lo que sí está constatado es que, muchas protectoras de animales, los días anteriores al 31 de octubre, procuran no dar en adopción a ningún gato negro. Curiosamente, en días posteriores se experimenta un incremento del trabajo de recogida de estos animales abandonados por sus amos. EL VECINO ATERRORIZADO La policía no podía dar crédito a lo que veía: tumbado en el jardín hallaron el cadáver ensangrentado de un individuo disfrazado igual que el asesino de la película La matanza de Texas. De hecho, tuvieron que detener la sierra eléctrica que aún rugía entre sus manos. El sargento que investigaba el crimen observó que el vidrio de una de las ventanas estaba destrozado. Con precaución, se acercó a la vivienda mientras bajo sus pies crujían los fragmentos rotos del cristal. Su mirada se detuvo en el cadáver de un anciano que sostenía una escopeta de cañones recortados todavía humeante (…). ¿Qué habría ocurrido? Esta escena habría llamado mucho más la atención si no se hubiera producido en el día de Halloween, donde muchos criminales utilizan el anonimato del disfraz para encubrir sus delitos. En este caso, la investigación resultó sorprendente. Al parecer, el cadáver pertenecía a un hombre que utilizó aquel disfraz con la intención de gastar una broma en la fiesta de un amigo. El guateque se celebraba tres casas más allá, aunque aquel hombre nunca llegó a su destino. Un fatal error de cálculo hizo que se confundiera de casa y que intentara entrar en la del anciano, quien, aterrorizado al ver a un intruso, cogió su escopeta y le disparó tres veces. El forense dictaminó que tal tensión produjo un gran choque emocional en el anciano; su débil corazón no pudo reaccionar ante una situación tan aterradora. LA CABEZA DEL MOTORISTA Pese a que su familia le aconsejó que no saliera aquella noche, Santiago no lo pudo evitar. Había quedado con Antonia para ir al cine y ése era motivo suficiente (…). Llovía con virulencia desde la seis de la tarde. Santiago era consciente de que tendría que transitar por una carretera peligrosa hasta llegar al pueblo donde vivía su chica, pero el riesgo no supuso traba alguna. Tampoco le importaba dar gracias a Dios cada vez que conseguía que arrancara su automóvil (…). A los pocos minutos ya circulaba por aquella tortuosa carretera, con la mirada fija, intentando adivinar algo del exterior. –¡Vaya unos limpiaparabrisas! ¡Lo único que hacen es complicarme aún más la visión! Aquellos pensamientos se esfumaron de súbito cuando escuchó un sonido extraño. Parecía como una detonación… Tras unos cuantos tirones el vehículo se detuvo. –¡Lo que me faltaba! ¡Maldito coche! A Santiago le parecieron una eternidad los diez minutos que transcurrieron hasta que se detuvo un motorista junto a él. –¿Quieres que te lleve a algún sitio? –¡Desde luego!, ¡me salvas la vida! Necesito ir al pueblo y ya desde allí mandaré una grúa para recoger la joyita de coche que tengo –comentó Santiago agradecido. –No hay problema, pero yo te recomendaría que dieras la vuelta a tu cazadora, porque si no, con la que está cayendo, te va a entrar agua hasta en los calzoncillos. Venga, yo te la abrocho por detrás. Así lo hizo Santiago, aunque aquel modo de ponerse la chaqueta le incomodaba un poco (…). La lluvia arreció y al conductor le costaba mantener la verticalidad, las balsas de agua dificultaban cada maniobra, y eso, unido a que prácticamente no se veía nada, hacía que el motorista no notara siquiera la presencia de su acompañante (…). Miró hacia atrás para ver cómo iba y descubrió con asombro … ¡Que no estaba! –¡Dios! Pero… ¿qué ha pasado? ¿Cuándo se habrá caído? El motorista, confundido, dio media vuelta con prudencia y volvió a recorrer parte del trayecto. A lo lejos divisó unos faros y, al acercarse, distinguió a algunas personas alrededor de un bulto. Frenó y se acercó corriendo hasta el grupo. –¿Está bien? –¡No! Estamos aterrados –contestó uno de ellos. –Lo vimos caer de su moto… ¡Menos mal que frenamos a tiempo!…, pero casi nos desmayamos al ver que su cabeza estaba del revés. ¡Ha sido terrible! Cuando cayó… ¡miraba hacia su espalda! Rápidamente intentamos volverla a su posición, pero escuchamos un crujido y no ha vuelto a dar señales de vida… ¡Espantoso! RECUADRO: UNA CHICA CON MÁS DE UNA CURVA Datar el origen de la leyenda de «la chica de la curva» (o de cualquier otra) es algo complicado. Algunos hablan de que se extendió por EE UU a comienzos de la década de 1960. Lo único cierto es que, casi con total seguridad, en cada pueblo afirman tener una historia muy parecida. En España cobra mucha fuerza una curva llamada de La Pólvora, en la zona del bajo Deva, en la carretera N-634 que va de Bilbao a San Sebastián, donde se registraron muchos casos. Se habla incluso de algún suceso con denuncia incluida ante la Guardia Civil en la década de 1980. También en Cataluña se han narrado varios incidentes parecidos. Lo que está claro es que existen cientos de curvas de la muerte: la de Garraf en Barcelona, la de Torreseca en Cáceres, las Siete Revueltas en Navacerrada (Madrid) y, cómo no, en sitios tan dispares como Sudáfrica, Australia o Brasil. Ésta puede ser una de las leyendas más antiguas que se conocen, porque ya se contaba con carruajes y con una mujer que solía esperar en alguna posada para que la llevaran de un lugar a otro. RECUADRO: LOS INTERNAUTAS Y LA COCA-COLA Hay leyendas que son auténticamente surrealistas y van de e-mail en e-mail haciendo estragos. Éstas son algunas de las utilidades que los internautas atribuyen a la Coca-Cola: 6 En muchos estados de Norteamérica los servicios de limpieza de carreteras llevan dos bidones de Coca-Cola en su coche para limpiar la sangre que queda sobre el pavimento tras un accidente. 6 Si se pone un filete en un plato lleno de esta bebida, éste se deshará en dos días. 6 Para limpiar un inodoro hay que verter una lata de este refresco dentro de la taza, dejar actuar al producto durante una hora y luego tirar de la cadena. El ácido cítrico de la Coca-Cola elimina las manchas de la porcelana. 6 Para limpiar la corrosión en los terminales de la batería de un coche, basta con verter una lata de Coca-Cola sobre dichos terminales, entonces las burbujas eliminarán la corrosión. 6 Existe la creencia (sobre todo en institutos y escuelas de EE UU) de que una ducha vaginal con Coca-Cola después de haber mantenido relaciones sexuales sin protección podría evitar el embarazo. 6 Para aflojar un tornillo oxidado, hay que aplicarle un trapo empapado en Coca-Cola. ¿LO SABÍAS? Los relatos fantásticos nos acompañan desde la más remota Antigüedad. Se han transmitido de generación en generación, mediante el boca a boca, el folclore, los medios de comunicación y, más recientemente, gracias a nuevas tecnologías como Internet o la telefonía móvil. Aunque a menudo se presentan con la apariencia de historias veraces, relativas a sucesos ciertos, la mayoría son fábulas concebidas para entretener, asustar o divertir, y muchas de ellas poseen un propósito moralizante o llevan implícita una moraleja. Aunque a veces sus argumentos puedan resultar absurdos, expresan situaciones o preocupaciones cotidianas.
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  • EL ENIGMA DE LAS LEYENDAS URBANAS

    Últimos comentarios de los lectores (3)

    3448 | pablo nicoli - 22/10/2008 @ 13:08:52 (GMT+1)
    En latinoamérica nos contamos muchas leyendas, pero lo cierto es que un alto índice de ellas son originarias de España y fueron traídas por los conquistadores junto con su religión y folclore. Con el tiempo se hicieron parte de las costumbres orales de los pueblos del nuevo mundo. Lo curioso es la variedad de versiones sobre una misma leyenda. En mi ciudad es famosa la leyenda de Mónica, pero esta se cuenta en otras ciudades de América. La leyenda original se llamaba: La dama de los ojos sin brillo y se contaba desde el siglo XVI en la ciudad española de Toledo. Saludos. Pablo Nicoli (Arequipa-Perú)
    1189 | José Luis Moronta - 06/02/2008 @ 04:42:04 (GMT+1)
    En la República Dominicana, país donde vivo, tenemos muchas leyendas urbanas, principalmente la de una joven vestida novia que, según afirman quienes la han visto, aparece ocasionalmente en la autopista Las Américas, después de la medianoche. Conozco el testimonio de dos personas conocidas que aseveran haberla visto casi de manera simultánea cuando transitaban por la referida autopista.
    1076 | JOSE ANGEL - 30/01/2008 @ 04:01:45 (GMT+1)
    ME ENCANTA EL ARTICULO BGOTA COLOMBIA
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