Última actualización 15/10/2008@07:41:21 GMT+1
La percepción mental del trance de la muerte está relacionada con las creencias religiosas de cada cultura y genera, a su vez, los diferentes rituales. Unas culturas como la budista o la hinduísta, que creen en la reencarnación, reciben el óbito de una manera muy diferente a una atea, o a la cristiana, aunque ésta crea en la resurrección. Pero no siempre se ha vivido de la misma manera este particular momento…
En la civilización occidental, la Iglesia luchó desde el siglo IV contra la costumbre popular de bailar desnudos y realizar orgías en los cementerios. Sólo a partir del siglo XIV el sentido de estos bailes cambió, convirtiéndose en danzas meditativas e introspectivas. Así pues, muchas de las “locas” celebraciones de la muerte que seguidamente veremos y que tan extrañas nos parecen en la actualidad, no son más que reminiscencias de otro tiempo.
Hasta hace quinientos años, nuestra civilización pensaba en la muerte como una lucha entre Dios y el demonio por la vida de una persona. El auge del Humanismo llevó al concepto de muerte natural, una fuerza que igualaba a todos y estaba ligada a la popularización del tiempo exacto, a los relojes que se extienden en el siglo XV por Europa y marcan “la hora”, el momento del paso al más allá. La idea de muerte natural se hizo tan poderosa a partir del Renacimiento –en sus dos sentidos– que fue un argumento de moda en la lírica y en el teatro. Por aquella misma época, en muchas partes del mundo cristiano apareció la llamada danza de la muerte, cuyo símbolo es el hombre-esqueleto, que se convirtió en parte de la decoración a la entrada de las iglesias. (continúa la información en revista ENIGMAS Nº 146)
Rafael Palacios