Última actualización 15/10/2008@07:49:39 GMT+1
Los Servicios de Inteligencia están implicados en turbios asuntos que asocian sus actividades al terrorismo internacional y a la CIA.
Ya es un tópico: Pakistán es un hervidero. Y más tras el sospechoso asesinato de Benazir Bhutto el pasado 27 de noviembre después un mitin en Rawalpindi. De acuerdo a las primeras versiones oficiales, un hombre se acercó al coche en el que viajaba la líder del Partido del Pueblo y le disparó varias veces a la cabeza, tras lo cual se inmoló provocando varias víctimas. Horas después, el Gobierno de Pervez Musharraf informaba que Bhutto había fallecido como consecuencia de los efectos de la explosión: la onda expansiva le provocó que se golpeara con una manilla del techo del coche a través del cual se asomaba para saludar a sus seguidores. Además, el presunto líder de Al Qaeda en la región tribal de Warzistán, Baitula Mesud, habría confirmado la autoría de grupo liderado por Bin Laden.
A partir de ese instante las dudas no cesaron. Mientras los testigos y una filmación demostraban que Bhutto había muerto por disparos, el presunto terrorista negaba la implicación de Al Qaeda. Además, la propio Bhutto preparaba un informe que pretendía hacer público en esos mismos días, revelación en donde acusaba al dictador paquistaní de extraños manejos con los terroristas. Incluso, la asesinada, que había sido dos veces primera ministro del país –entre 1988 y 1990, y entre 1993 y 1996– señaló en varias ocasiones que los servicios secretos –Intel Service Intelligence, el ISI– estaban infiltrados en Al Qaeda para provocar actos terroristas intencionados. No le dolieron prendas al señalar la participación del ISI en los sucesos del 11-S.
El 18 de febrero de 2004, tras numerosas gestiones, servidor pudo concertar una cita con un importante mandatario político de Pakistán que pertenece a un clan familiar muy próximo al presidente Musharraf. La entrevista con Ali Taqfahs –nombre supuesto a petición de la fuente– transcurrió en una oficina diplomática de Pakistán en un país europeo. Durante la conversación confirmó que los guerrilleros islamámicos que resistieron la invasión rusa en Afganistán durante los años ochenta “fueron entrenados por Estados Unidos y también por nosotros, pero el problema llegó después, una vez que el ejército ruso se retiró. No se supo qué hacer con aquellos luchadores que estaban allí, sin objetivo… Eran guerreros para quienes la vida y la muerte significaba lo mismo”. Y esos soldados fueron el gérmen de Al Qaeda y los talibanes. Fueron utilizados para ello. “El propio Bin Laden fue una creación nuestra fruto de esa colaboración del ISI con los americanos”, confesó. Y aunque no se atrevió a confesarlo de forma abierta, Taqfahs no negó las acusaciones de que el ISI y los Servicios de Inteligencia americanos estuvieran detrás de ciertos actos terrorista: “EEUU es un país amigo y de los amigos no se puede pensar nada malo. Aunque fuera cierto todo lo que se dice, no vamos a perder el sueño por eso”, concluyó cuando le cuestionamos sobre el hecho de que varios de los implicados en el 11-S buscaran refugio en Pakistán horas antes de los atentados, tras recibir ciertas cantidades de dinero que fueron enviadas a los EEUU por orden del entonces jefe de los Servicios de Inteligencia de este país, el general Mahmood Ahmed, que fue relevado de su cargo dos semanas después del 11-S. “Lo quitamos del ISI, se jubiló… y el general –añadió el entrevistado en relación al presidente Musharraf– tenía otras preferencias”. Sobre las acusaciones, el gobernante se limitó a decir, con media sonrisa: “Propaganda de los Servicios de Inteligencia de la India”.
Bruno Cardeñosa