Última actualización 15/10/2008@09:06:43 GMT+1
Lejos de ser únicamente el creador de Sherlock Holmes, el escritor Arthur Conan Doyle tuvo dos grandes pasiones en vida: el espiritismo y la criminología. Y no fue un mero aficionado, ya que hasta su despacho llegaron numerosas peticiones para que investigara los casos criminales más importantes de su época. Y por supuesto, aceptó…
Arthur Conan Doyle nació en Edimburgo el 22 de mayo de 1859. Hijo de artistas irlandeses y católicos, desde muy joven supo lo que significaba vivir al margen de la puritana y anglicana sociedad británica, sufriendo sus prejuicios religiosos y clasistas. Este hecho forjó su carácter de tal modo que el futuro escritor se marcó como una de sus metas la defensa del oprimido y del débil. Aún no lo sabía, pero esa actitud le llevaría a granjearse la simpatía de toda una sociedad y a ser visto como la última tabla de salvación por diversos condenados a muerte.
La formación de Doyle se desarrolló entre el Tirol austriaco, dentro de la escuela jesuita de Feldkirch, y la Universidad de Edimburgo, donde estudió medicina. Y fue precisamente en esos años cuando comenzó a interesarse por el mundo del crimen. Ya su padre, Charles Altamont Doyle, trabajaba como dibujante para Ilustrated Times, revista que reflejaba asiduamente los crímenes más sonados que pasaban por los tribunales de Edimburgo.
(continúa en revista ENIGMAS Nº 149)
Iván Rámila