Fue uno de los más prominentes estadistas, legisladores y filósofos británicos de su siglo. Y un notable orador, historiador, mitólogo, poeta, experto en códigos cifrados, espía, promotor de la ciencia moderna y de la colonización de Norteamérica. Pero, según muchas evidencias, su máscara pública ocultaba a un gran místico y hermetista, que fue el gran impulsor de la masonería, del rosacrucianismo, de la literatura y de la lengua inglesa. Seguimos analizando la vida de este genio polifacético, guiado por un propósito trascendente, que –como vimos– probablemente fue hijo no deseado de la Reina Virgen y el cerebro que se oculta tras las obras de Shakespeare.
Por Enrique de Vicente