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Hemeroteca :: Edición del 01/08/2008 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 18/07/2008@14:15:11 GMT+1
Dicen que los cementerios son lugares donde los difuntos descansan en paz. Pero no siempre es así. La oscura e incomprensible historia que poseen algunos de ellos hace que dudemos de tal realidad. Ruidos perturbadores, voces misteriosas, ataúdes que se desplazan solos, como si una potente y extraña fuerza se empeñara en mostrar su presencia, tal vez su inconformismo, ante el eterno reposo.
Los más atrevidos e ignorantes hablan de folclore, o incluso de leyendas urbanas, como si el mero hecho de negar estos enigmáticos sucesos borrara su inexplicable existencia. Uno de los que más ríos de tinta han provocado se halla en la isla de Barbados, en las Antillas Menores, entre el mar del Caribe y el océano Atlántico. Allí se encuentra el cementerio de Christ Church, en la costa sur de la isla, junto a la bahía de Oistins, donde, en una de sus tumbas y durante un plazo de ocho años, tuvieron lugar escalofriantes fenómenos que se dieron a conocer por todo el mundo y para los que jamás se ha hallado una explicación satisfactoria y plausible. Se trata de los conocidos como “ataúdes deslizantes de Barbados”.

No fue un fenómeno aislado, ya que los acontecimientos ocurrieron entre 1812 y 1820, repitiéndose con escalofriante regularidad hasta que, finalmente, los propietarios del panteón y los funcionarios locales, acosados por la sociedad y por su propio nerviosismo, decidieron poner fin a la dantesca situación. Pero no adelantemos acontecimientos…
Los orígenes de esta curiosa tumba se remontan al año 1742, cuando fue construida para la familia Walrond, propietaria en aquella época de una importante plantación de caña de azúcar, que aún en la actualidad tanto abunda en la isla. El panteón es una edificación sólida, con una superficie de cuatro por dos metros. Construida semienterrada con grandes bloques de coral unidos con cemento, está cubierta con una losa de mármol que le sirve de bóveda. Tras su construcción, y antes de ser ocupado, los Walrond decidieron vender el mausoleo familiar a sus amigos, los Elliot.

El lugar de sepelio iba a ser inaugurado con los restos mortales del coronel Thomas Elliot, pero en última instancia, cumpliendo con los deseos del finado, su cuerpo fue arrojado al mar.
(Continúa la información en la revista ENIGMAS Nº 152).

Eugenio Vallvé
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  • El misterio de los ataúdes malditos

    Últimos comentarios de los lectores (2)

    3084 | lin - 27/08/2008 @ 23:11:40 (GMT+1)
    Toda aparicion desgraciadamente es por algo que paso años atras, son almas que no an podido cruzar al otro lado o que tienen algo pendiente que hacer o decir, esto esta mas que comprobado.
    3006 | matias - 15/08/2008 @ 15:28:17 (GMT+1)
    Escalofriante la historia
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