Los misterios de un continente en miniatura
Última actualización 22/08/2008@13:32:23 GMT+1
Dicen los «canariones», o sea, quienes viven y están orgullosos de esta cumbre emergida del Atlántico que se llama Gran Canaria, que su hogar es prácticamente la maqueta de un continente. Y tienen razón, porque allí pueden encontrarse desde las tórridas y bellísimas dunas de un desierto africano, hasta las condiciones y peculiaridades de la alta montaña. Sin duda, conocer este lugar privilegiado significa realmente viajar al Paraíso.
Por Juan Ignacio Cuesta
Las Palmas de Gran Canaria es un lugar donde se respira sosiego, sobre todo en el parque de San Telmo, con su pequeña iglesia. Su portada es sorprendente, hay en ella esculpidos una serie de símbolos jacobeos, en concreto la cruz de la Orden de Santiago, acompañada de varias conchas peregrinales y flores. El interior, orfebrería barroca, está casi en penumbra para que el devoto se ocupe sólo de las imágenes sagradas.
Para llegar a la parte antigua hay que cruzar la calle principal del barrio de Vegueta, Triana, nombre de claras reminiscencias sevillanas. Tras atravesar la plaza de las Ranas, se vislumbran las torres de la catedral, que compiten con la visión de numerosas estatuas. Varias representan al gran escritor y canario universal Benito Pérez Galdós. Unos bellos balcones de madera, con celosías caladas, nos indican que hemos llegado al lugar donde nació la ciudad. Entre sus callejuelas está la iglesia en la que Colón se detuvo a orar.
La catedral de Santa Ana es esbelta, entre neoclásica y barroca. Quizá sus formas son demasiado rígidas, fruto de los gustos imperantes en la época. Pero el interior tiene un indudable sabor gótico, que se ha tratado de conseguir con columnas y vidrieras que, desde lo alto, esparcen su extraordinaria policromía sobre los visitantes.