Última actualización 26/09/2008@07:53:24 GMT+1
Nuestro informe les ilustrará sobre el peso que tiene –entre aquellos de los que depende la paz mundial– la convicción de que vivimos tiempos apocalípticos.
Por parte norteamericana, la influencia de estas creencias no se acabará con la llegada de un nuevo presidente. Porque si es elegido McCain, los fundamentalistas cristianos seguirán gravitando sobre la Casa Blanca. Y si lo es Obama, el ambiente se volverá aún más apocalíptico, continuando la feroz campaña que ya se ha desatado en su contra, como muestran las casi un millón de referencias en Internet que relacionan a Obama con el anticristo.
Pero más allá del uso de estas creencias como armas políticas en EE UU, está la influencia inevitable que éstas tendrán en los dos focos de tensión que podrían conducirnos hacia una guerra global: El polvorín eterno que tiene su epicentro en Jerusalén, donde sectores difícilmente controlables pretenden construir un nuevo Templo para lograr que aparezca su Mesías, lo que provocaría el levantamiento de todos los musulmanes ante lo que considerarían un agravio imperdonable. Por otro, el avance irrefrenable del programa nuclear iraní, cuyos principales dirigentes han manifestado su creencia en la inminente llegada del Mahdi, que provocará la expansión del Islam por todo el mundo. A no ser que los negociadores europeos y rusos hagan un milagro, ni los iraníes van a dar marcha atrás ni los israelíes van a consentir que quienes predican la desaparición de su estado dispongan de armas atómicas. Según el diario arábigo Asharq Al-Awsat, publicado en Londres, los iraníes estarían financiando ocho organizaciones fundamentalistas que –junto a docenas de miles de guardianes de la revolución iraní que ya se han alistado como mártires– en una operación llamada El Día del Juicio, convertirían el mundo en un infierno para los norteamericanos y británicos si éstos decidiesen destruir sus plantas nucleares… y está claro que esas llamas nos molestarán a todos desde el primer momento.
No hay nada más peligroso que intentar imponer a otros nuestra voluntad e intereses, convencidos de que servimos a una causa mesiánica; y cuando los dos bandos enfrentados se consideran representantes del Dios de los Ejércitos, no hay solución razonable y sólo nos queda rezar al Dios del Amor que anida en todos los corazones para que se apiade de este mundo sufriente y nos llene de paz.
Enrique de Vicente.