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Hemeroteca :: 01/11/2008
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Geografía mágica
Última actualización 21/10/2008@13:04:08 GMT+1
Osona, en la provincia de Barcelona, es una de las comarcas más desconocidas de la geografía catalana. En sus valles y altiplanos unas comunidades dejaron su testimonio en forma de numerosos enclaves sagrados, numerosos escenarios que hoy, poco a poco, están siendo analizados por sus valores, que superan la dimensión del tiempo, el espacio y la historia. Uno de los más singulares es Savassona…
Savassona se encuentra entre los pantanos de Sau y Susqueda, al Norte, y la ciudad de Vic, al Sur. Es un pequeño agregado de Tavèrnoles, constituido por un par de masías y una iglesia prerrománica, cuya fachada fue modificada tras el desolador terremoto de primer tercio del siglo XV, dedicada a Sant Feliu, que fuera la iglesia del antiguo castillo de Savassona, del que únicamente restan fragmentos de lienzos de muralla, y nada de las tétricas mazmorras subterráneas, en las cuales, según las crónicas modernas, estuvo preso y recibió toda clase de torturas el legendario bandolero catalán Joan de Serrallonga, antes de ser conducido a la Ciudad Condal, donde, durante los disturbios de la Guerra de los Remenses, fue ejecutado públicamente, a mediados del siglo XVII.

Un caos de rocas

Tras dejar el vehículo aparcado bajo unos árboles, nos disponemos a emprender el descubrimiento de este singular enclave, provistos de botas de montaña, bastón, cantimplora con agua o zumos, y frutos secos. El lugar se encuentra en la calzada izquierda de la carretera. El sendero, en gran parte empedrado de tiempos medievales, se abre paso entre densas manchas de robles. Las huellas arqueológicas no tardamos en descubrirlas: un importante castro celta, lo que confirma la sacralidad de este enclave, donde los sacerdotes druidas encontrarían el caldo de cultivo para sus ritos y ceremonias, en un espacio propicio para la transmisión de la cultura a un noviciado que aprendía de forma oral –nunca por escrito–, los saberes del Universo, la naturaleza y el hombre. Según los datos aportados por el carbono 14, el yacimiento se remonta al S. V a. de C.

Seguimos unas marcas pintadas de color blanco y rojo en algunas piedras, y algunos pequeños letreros que dicen “Sant Feliu” –la ermita–; pero cuando nos acercamos a la roca llamada El Dau –el dado–, aconsejamos se interne por una variante del sendero que se abre a la izquierda; un atajo que se esconde literalmente entre la abrupta vegetación arbórea.

A los pocos minutos de marcha, alcanzamos el lugar que nos interesa: la “Piedra del Diablo”, mejor conocida como “De los sacrificios”. Se trata de una roca calcárea que emerge entre la vegetación como un frío espejismo. Esta ciclópea roca fue meticulosamente excavada hace tres décadas por varios arqueólogos de Vic y Manlleu, aportando interesantes testimonios que confirman que tan singular enclave fue habitado por pueblos de la Edad del Bronce y por los celtas, cultura esta última, que no dudó en elevar el espacio en centro sagrado, por la aparición de tumbas de reyes-guerreros.

Los druidas debieron utilizar esta piedra como centro de ofrendas a las divinidades; aún se conservan parte de las escalinatas que facilitarían la ascensión a la zona superior de la roca, donde los sacerdotes celtas sacrificarían un animal para pedir lluvias para los cultivos, evitar epidemias, suerte en la guerra, abundancia en la cabaña ganadera y riqueza para todo el clan.
(Continúa la información en revista ENIGMAS 155).

Jesús Ávila Granados
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