Última actualización 26/11/2008@15:32:23 GMT+1
Algunos muestran coordenadas que se desconocían en el momento en el que fueron trazados; otros, continentes y ciudades perdidas; muchos, tierras que quizá nunca existieron… Son los mapas imposibles, documentos de un valor incalculable cuyo análisis obliga, en ocasiones, a reescribir nuestra propia historia.
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No es la primera ni será la última vez que se dice que Colón tenía información privilegiada antes de ir a descubrir un nuevo continente, y parte de esa información residía en unos mapas secretos con costas e islas de América antes de que se llamara así al nuevo continente. Y esto, que no ha dejado de ser un rumor persistente, se está convirtiendo en una palpable realidad gracias a los nuevos descubrimientos de mapas cartográficos, o mejor dicho, gracias a la nueva interpretación que se está haciendo de ellos. Ya no hablamos de leyendas sino de cartografía.
Según esto, no se asombren si les digo que Vasco Da Gama no fue el primero que navegó hasta la India tras doblar el Cabo de Buena Esperanza, Cristóbal Colón no fue el primero en descubrir América o que Magallanes no fue el primero que circunnavegó el globo. Y hay más: Australia fue cartografiada tres siglos antes que lo hiciera James Cook y la Antártida lo fue cuatro siglos antes de las primeras tentativas europeas…
Es la cartografía imposible, incómoda y secreta. La mayoría de los navegantes del final del medievo sabían a dónde iban antes de partir. Lo que nadie ha explicado es por qué los exploradores europeos tenían esa clase de mapas. ¿Quién los dibujó? Se necesitan grandes flotas para cartografiarlas. Gavin Menzies, en su obra 1421: el año en que China descubrió el mundo (Grijalbo, 2002), afirma rotundamente que los mapas que usaron Colón y sus sucesores estaban copiados de sus equivalentes chinos, obtenidos a través de mercaderes venecianos afincados en la India.
Jesús Callejo