Templos mágicos y rincones misteriosos
Por Juan Ignacio Cuesta
Última actualización 26/11/2008@12:34:39 GMT+1
Sin duda, Cataluña puede presumir de un pasado esplendoroso desde el Paleolítico Medio. Indigetes, ausetanos, lacetanos, laietanos, ilergetes, ilercavones, griegos y romanos entre otros ocuparon el espacio que va de la Costa Brava hasta los Pirineos como sus primeros habitantes históricos. Su primer dirigente fue Guifré el Pilós –o Wifredo el Velloso–, el mítico conde medieval que mandó construir uno de los más importantes santuarios altomedievales de España.
Comenzamos nuestro viaje por el corazón de la Girona prepirenaica visitando el monasterio benedictino de Santa María de Ripoll, fundado en el año 879. Estamos ante uno de los centros culturales más importantes de la época, con su scriptorium, su biblioteca y su escuela monástica, creadas por el abat Oliba hacia 1032. A pesar de las muchas remodelaciones sufridas hasta tomar el aspecto actual, el extraordinario muestrario de simbolismo medieval ejemplificado en su portada del siglo XII permanece intacto.
Encontramos allí una profunda iconografía de inspiración bíblica, que sirvió para explicar visualmente la doctrina religiosa a unos hombres que no sabían leer ni escribir: tan sólo sus copistas amanuenses eran letrados. También se incorporaron elementos procedentes del mundo pagano, justificados en los llamados mensarios o calendarios de componente mágico-religioso, en los que aparecen personajes como el dios Jano (que bautizó al mes de enero) o Flora (abril), simbolizada por una bella muchacha o maia. Al representar las labores propias de cada mes, se buscaba adoctrinar a las clases populares en la sagrada obligación de trabajar.