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Hemeroteca :: Edición del 01/01/2009 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 22/12/2008@10:53:20 GMT+1
Cuando se ha viajado lo suficiente, uno aprende cuán importantes son la tolerancia y la discreción para una correcta convivencia…”. Ésta, al igual que otras frases lapidarias que siempre tengo presentes, era una de las reflexiones favoritas del maestro Fernando Jiménez del Oso. Si bien es cierto que en esa ocasión, mi querido doctor se refería a un extraño bichejo blanquecino de aspecto feroz –pues aseguraba este gran aventurero, que era como una salamanquesa gigante–, que se había colado en su habitación en aquel “ecléctico” hotel de Larkana, al norte de Pakistán –particularmente lo recuerdo como uno de los lugares más siniestro de los que he podido visitar–, esa máxima es aplicable a cualquier aspecto de la vida, más aún si de viajes complicados estamos hablando. Porque en estos periplos el compañero se convierte en un referente; en alguien en quién apoyarse cuando las situaciones se tuercen; dependes de él tanto como él de ti, y eso sólo se puede sostener con respeto mutuo y amistad… Del interesante viaje por Sudamérica que acabamos de realizar, único diría, me he traído anécdotas, recuerdos, y amistad; alguna con la que ya contaba antes de partir se ha afianzado más si cabe, como la de otro gran aventurero que cada mes cierra las páginas de ENIGMAS; y otras nuevas, como la del profesor Ulises, el ingeniero Milciades, el explorador “todoterreno” Hover Alba, y el superarqueólogo Quirino Olivera… Junto a ellos hemos llegado donde antes sólo lo habían hecho los nativos de esta región remota –se admite remotísima– ubicada al norte del Perú, casi en la frontera con Ecuador. Un sector encerrado en las entrañas de un infierno verde que da más valor a las pinturas rupestres que, como si alguien pretendiera ocultarlas a los ojos curiosos del resto de la humanidad por lo bizarro e increíble de sus trazas, han permanecido en silencio durante miles de años. ¿Dinosaurios conviviendo con seres humanos? En esta revista jamás hemos dogmatizado –ni lo vamos a hacer– con asuntos que de afirmarlos estaríamos incurriendo en una auténtica aberración histórica. Pero la realidad de las imágenes que hemos traído del corazón de la selva sobrecogen y apasionan a partes iguales. Son el reflejo de otra máxima que debería presidir el código ético de cualquier periodista: que nuestra palabra no vale nada si no la podemos argumentar con la fuerza del documento. Y en este caso, los testimonios gráficos son impactantes; y la posible historia de la que nos están hablando, como auténticos libros de piedra que son, simplemente imposible, con todo el encanto que se deriva de enfrentarse, de romper en mil pedazos un concepto tal.

Llegados a este punto me da la sensación de que es de esas ocasiones en que las palabras sobran; que hablen las imágenes. Las primeras de un viaje que dará que hablar.

Y ahora, pese a que este número corresponde al mes de enero de 2009, nuestros lectores de la Península ya saben que suele estar en el quiosco en los últimos diez días de diciembre. Así pues, Feliz Navidad para todos –peninsulares o no–, y buena entrada en 2009.

Dentro de 30 días más, y posiblemente mejor…

Lorenzo Fernández Bueno
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