Imperios, enigmas y leyendas entre el Tigris y el Éufrates
Jaime Barrientos
Última actualización 28/01/2009@09:47:00 GMT+1
Además de hacerse con las inmensas reservas de petróleo iraquíes, hay voces que aseguran que tal vez los norteamericanos fueran en busca de saberes antiguos y ocultos. Y razones para ello no les faltan. Los arqueólogos han encontrado restos que demuestran que la región ya estaba habitada hace 100.000 años. El Edén bíblico ha sido situado en Qurma, en el sur de Irak. En Mesopotamia, que significa en griego «tierra entre ríos», surgió la civilización.
Durante siglos, y hasta el año 637 d. C., la actual región de Irak estuvo dominada, sucesivamente, por sumerios, acadios, amoritas, asirios, caldeos, persas, partos, hatrianos, griegos, romanos y sasánidas. Es el país que vio nacer la civilización, a profetas como Abraham, natural de Ur, padre de tres religiones, y a numerosos y extraños dioses y diosas que bajaban y subían del cielo. En Mesopotamia, con los caldeos, aparecieron la astronomía, los zigurats, la rueda y la alfarería con torno. Además, la invención de la escritura se debe a los sumerios.
Cuando viajas por este país –lugar que he visitado antes y después de la Primera Guerra del Golfo y durante la Segunda–, se comprueba el ingente tesoro que guarda y el desastroso efecto que han producido dos guerras y doce años de embargo. Fruto de estas circunstancias, Irak se ha convertido en una fuente de ingresos para anticuarios y arqueólogos sin escrúpulos. Baste saber que sólo en el Archivo Nacional de Bagdad pudieron desaparecer hasta unos doce millones de documentos, algunos del período otomano. Entre otros textos, ediciones antiguas de Las mil y una noches, de los tratados matemáticos de Omar Khayyam, los escritos filosóficos de Avicena (en particular su Canon), los de Averroes, Al Kindi y Al Farabi o las cartas del Sharif Husayn de La Meca. Durante varios años, en el zoco semanal de la calle AlMutanabbi, podían encontrarse libros sorprendentes a precios irrisorios, como bien sabemos los periodistas y cooperantes que hemos trabajado allí.
El corresponsal de un diario colombiano asegura haber tenido entre sus manos un volumen titulado Miskhaf Resh o «Libro negro», que trataría sobre la muy extraña secta de los yazidíes, un grupo religioso preislámico de origen ignoto que habita en las fronteras del Kurdistán. Son conocidos con el apelativo de «adoradores del diablo», debido a su fe en Malik Taus, o «Maestro-dios Pavo Real». Los yazidíes manifiestan que Dios ya perdonó en su día al demonio y que ahora se encuentra en el Cielo, a su lado. Por razones simbólicas, detestan el color azul, fabrican templos en los lugares de peregrinación y no van a La Meca, sino a la tumba de Cheij Adil, cerca de Mosul, en donde también se encuentra el mausoleo del profeta Jonás.