Misterios, leyendas y maldiciones en La Somoza y El Bierzo
Juan Ignacio Cuesta
Última actualización 28/01/2009@10:11:36 GMT+1
Si hay comarcas en la península Ibérica que puedan considerarse puertas entre mundos, sin duda, la Somoza y el Bierzo, en León, son dos de las más notables. Pródigas en misterios desde tiempos remotos, por allí pasaron astures, romanos, visigodos, monarcas medievales, órdenes militares, peregrinos… Aunque los autóctonos llevaron algún tiempo el sambenito de malditos, su subsuelo fue rico en metales que se ennoblecieron en misteriosas herrerías, cerca de lugares santos donde vivieron ascetas capaces de hacer peculiares milagros.
Faltaban unos veinte años para que naciera Jesús de Nazaret, cuando dos legiones, la VI Victrix y la X Gemina, construyeron un campamento base desde el que controlar a los habitantes de la cornisa nororiental de Hispania. Tribus montañesas, como los «orgenomescos», lucharon contra ellos defendiendo las montañas, protegidas por unos dioses terribles ya olvidados.
Eran fieros, como indica su nombre. Orgno, en celta, es golpear; mesk, estar loco o furioso tras ingerir alcohol. Podríamos traducirlo como «aquellos a quienes embriaga la muerte de sus enemigos». Esto incluía la ofrenda posterior, sacrificando animales, convecinos molestos o prisioneros. Degollar fue en aquel tiempo un acto ritual frecuente, acompañado de danzas y cantos. El asentamiento romano, instalado en la confluencia de los ríos Jerga y Tuerto, se convirtió paulatinamente en una imponente ciudad amurallada que sirvió para, entre otras cosas, proceder a la extracción abusiva de casi todos los minerales de las montañas cercanas, entre ellos el codiciado oro.
Una vez evangelizada, Astorga fue temprana sede episcopal, con vocación metafísica y misteriosa, tal y como expresó el poeta y periodista José Antonio Carro Celada, quien también se refirió al clérigo del siglo XIII Juan Lorenzo Segura. Éste pergeñó una biografía de Alejandro Magno, describiendo en su nacimiento extraños fenómenos que se nos antojan anticipo del fenómeno OVNI: «Cayeron de las nubes muchas piedras punnales (…) Trobaron los acephalos, gente descabezada».
Su catedral, primero románica, luego gótica, sirvió de tumba a Alfonso III hasta 1869, para lo que se empleó un sarcófago de un cristiano muerto allí antes del reinado del emperador Constantino (principios del siglo IV), hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Junto a ella se levanta un edificio admirable que concibió Antonio Gaudí, diseñado como un sueño atrevido y trasgresor, quizá inspirado en la magia de aquellas tierras.