El factor absurdo en los encuentros cercanos
Última actualización 24/04/2009@10:43:25 GMT+1
Miguel Pedrero
Más de sesenta años después del inicio de la moderna era de los OVNIs, una de las escasas conclusiones a la que podemos llegar es que nos enfrentamos a un fenómeno de gran complejidad, cuyos planes e influencia sobre la humanidad desconocemos por completo. Muchos investigadores pensamos que los no identificados nada tienen que ver con la existencia de extraterrestres, sino con algo mucho más fascinante y trascendente, íntimamente relacionado con la evolución de los seres que poblamos este planeta…
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Aquel primer domingo de septiembre del año 1966, Juan Soler se encontraba con otros jóvenes de su misma edad, disfrutando de una jornada de descanso en un bosque de la localidad barcelonesa de Marganell. Antes del almuerzo, se alejó del grupo con la intención de llenar su cantimplora en una fuente cercana. Tras unos minutos de caminata, se fijó en que a lo lejos era visible la parte trasera de un aparato metálico, con dos luces rojas en los extremos. «Me acerqué picado por la curiosidad –me cuenta treinta y cinco años después del incidente– y vi, muy sorprendido, que se trataba de un objeto en forma de cilindro metálico, apoyado en la tierra sobre dos patas rectangulares. En la parte superior tenía una especie de carlingas levantadas». Juan se aproximó a menos de un metro del ingenio, de unos seis o siete de longitud, con la intención de examinarlo más de cerca, cuando descubrió que de los árboles surgían dos seres de gran envergadura que avanzaban hacia él con cierta dificultad. Llevaban un casco que les tapaba parte de la cara, dejando al descubierto la barbilla, parte de la frente y los ojos. Vestían exactamente igual, con dos trajes ajustados del mismo color que el aparato y de aspecto acolchado, los cuales cubrían completamente sus cuerpos. «Estaban tan cerca, que si alargo la mano los toco», me decía el protagonista, ya dominado por la emoción. «Entonces, un paisano que pasaba por allí –continúa–, vio la escena y gritó del susto. Me entró pánico y eché a correr, pero al rato sentí un pinchazo muy fuerte en la espalda. Miré para atrás y, no te lo vas a creer, era el morro de aquella máquina voladora, que estaba a dos palmos de mi cara. Pasó sobre mi cabeza muy lentamente, y me fijé en que los tipos de las carlingas me miraban, mientras el OVNI desaparecía de mi vista».
¡TRES MILLONES DE ATERRIZAJES!
Casos similares al anterior se cuentan por miles en los cinco continentes. En apariencia, la conclusión parece simple: naves de otros mundos aterrizan masivamente en nuestro planeta, con la intención de tomar muestras de la flora y fauna y estudiar la sociedad humana. Sin embargo, si profundizamos en cada uno de los episodios, esta teoría no se sostiene. Por ejemplo, en el que nos ocupa: ¿Es creíble que seres de otros mundos abandonaran su nave a pleno día y tan cerca de un núcleo de población? ¿Por qué centraron su atención e incluso llegaron a acosar al testigo? Parece evidente que pretendían exhibirse, creando una especie de espectáculo por y para los «espectadores».
En este sentido, Jacques Vallée, astrofísico de origen francés afincado en EE UU e incisivo investigador del fenómeno OVNI, descarta la hipótesis extraterrestre como explicación al enigma de los no identificados, precisamente por el elevado número de aterrizajes que han tenido lugar en los últimos veinte años. El ufólogo recopiló un universo de 2.000 incidentes de esta clase, concluyendo que si se tratara de encuentros casuales, existiría un número todavía mayor de aterrizajes que nadie habría presenciado, pues hubiesen ocurrido a altas horas de la madrugada, en zonas despobladas, etc. Según sus cálculos, estas presuntas naves extraterrestres tendrían que haber tomado tierra unos tres millones de veces en las dos últimas décadas. Esto no tiene sentido, pues con la tecnología disponible hoy en día, bastaría con poner en órbita un satélite a 1.600 kilómetros de la Tierra para captar en unas semanas los hechos más importantes de nuestra sociedad, cultura, vegetación…