Descubren en el Yucatán unas misteriosas galerías sumergidas
Última actualización 23/04/2009@10:07:50 GMT+1
Maria Longhena (Traducción: I. Herranz)
El reciente hallazgo en Tahtzibichén, una aldea cercana a Mérida (México), de una serie de cuevas semisumergidas con restos arquitectónicos, humanos y animales, aporta nuevas evidencias sobre las peculiaridades del pensamiento religioso maya y los ritos sacrificiales que este enigmático pueblo llevaba a cabo.
Un descubrimiento reciente, acontecido cerca de la ciudad de Mérida (capital del estado de Yucatán), ha arrojado nueva luz y aportado datos concluyentes sobre la función de los pozos y las galerías subterráneas cársticas o cenotes, en el contexto del pensamiento religioso maya. Supone, pues, un paso más en la comprensión de las funciones que tenía la cisterna de sacrificios en honor del dios de la lluvia.
El citado hallazgo, cerca de la aldea de Tahtzibichén, consiste en un sorprendente complejo formado por catorce grutas, parcialmente sumergidas en el agua, en cuyo interior se encuentran restos de templos y pirámides construidos con el característico estilo maya. Se trataría, en definitiva, de la reproducción de Xibalbá, el complejo mundo subterráneo de los mayas, citado en su libro sagrado o Popol Vuh.
EXTRAORDINARIO APOGEO CULTURAL
Los pueblos mayas que habitaban las regiones de las llanuras en la zona costera del Pacífico, alrededor del año 800 de nuestra era, sufrieron un traumático colapso económico y cultural debido –son escasos los estudiosos que discrepan en esto– a una terrible sequía. Las consiguientes carestías y epidemias debilitaron o directamente aniquilaron el poder de las dinastías reales que, durante siglos, habían gobernado ciudades y reinos florecientes como Tikal, Palenque, Yaxchilán, Piedras Negras, Copán y Kalakmul. No obstante, la civilización maya del periodo clásico consiguió sobrevivir y, en vez de extinguirse definitivamente, experimentó un apogeo cultural en la península del Yucatán donde, entre el año 800 y el 900 de nuestra era, florecieron numerosos poblados y centros ceremoniales, cuyos fascinantes vestigios aún pueden visitarse. Entre estas antiguas ciudadelas baste citar Uxmal, Kabá, Labná, Edzná…
El estilo arquitectónico que caracterizó los centros yucatecos se diferenció notablemente del empleado en los periodos precedentes: nuevos elementos –mosaicos de piedra, palacios porticados, empleo de columnas de fuste circular y mascarones de estuco– adornan el conjunto con una impronta cultural diferente. Los centros más prestigiosos surgieron en la proximidad de los grandes cenotes, gracias a la multiplicidad de funciones que revestían estos pozos. A saber: grandes reservas hidráulicas –indispensables en los periodos de sequía–, pero también lugares sagrados destinados a los cultos de sacrificios en honor de Chaak, dios del agua, de la lluvia y de la fertilidad.
Entre los pozos más famosos pueden citarse el de Chichén Itzá, que en el periodo posclásico devino en el centro urbano y religioso más grande e importante del mundo maya, así como el denominado «pozo de Bolonchén», situado cerca de la localidad de Valladolid (Yucatán).