Más allá de la fe… Una energía misteriosa
Enrique de Vicente
Última actualización 26/05/2009@12:39:50 GMT+1
Muchos científicos objetivos creen que, gracias a la sugestión, fe y deseo de recuperación de sus pacientes, los sanadores curan esa mayoría de dolencias que son imaginarias, neuróticas y psicosomáticas. Pero ni el efecto placebo ni el poder autosanador del psiquismo son capaces de explicar las curaciones de miles de bebés y de animales logradas por muchos sanadores. Según numerosas investigaciones científicas, éstas podrían deberse a una misteriosa energía que son capaces de movilizar nuestras manos y nuestras mentes, incluso cuando actúan a distancia.
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Es muy difícil confirmar, científicamente, si la curación de una persona se debe a causas ajenas a nuestro entendimiento. Por ello resultan de excepcional interés los cientos de experimentos científicos realizados sobre el poder sanador de las manos. El pionero fue Bernard Grad, simpático y prestigioso bioquímico, con quien tuve el placer de conversar en Montreal.
- Grad comienza sus experimentos pidiendo a varios estudiantes que impongan sus manos a ratas, en cuya piel ha provocado incisiones cutáneas similares; y descubre que sus tejidos se regeneran antes que los de otras a las que no se somete a ningún tratamiento. Después, pide a dos jóvenes, uno de naturaleza alegre y otro depresivo, que sostengan entre sus manos dos recipientes de agua común, que utilizará para regar dos plantas. La nutrida con el agua «deprimida» enferma gravemente, mientras que la irrigada con el líquido «alegre» crece más rápidamente que otras rociadas con agua corriente.
- Con la colaboración de un fisiólogo y un matemático realizan experimentos mucho mejor controlados, con voluntarios entre los que destaca el veterano sanador Oskar Estebany. Repiten con él la primera experiencia, valiéndose de 48 ratones de idéntica edad, que reparten en tres jaulas. Confían la primera a Estebany, pidiéndole que la sostenga con una mano mientras pone la otra sobre la misma durante 15 minutos, sin tocarla, dos veces al día. Los de la segunda jaula reciben el calor artificial equivalente al emitido por las manos de Estebany. Y abandonan el tercero a su suerte, para que sirva como grupo de control. Al cabo de dos semanas, los investigadores comprueban que las heridas de los roedores tratados por las manos del curandero se han reducido considerablemente en comparación con los otros grupos, y que hay menos de una probabilidad entre mil de que tales diferencias se deban al azar. Repiten este experimento con diversas variantes, al igual que los anteriores, obteniendo siempre resultados positivos.
- Grad provoca artificialmente bocio en algunos ratones, comprobando que Estebany frena el desarrollo de esta enfermedad tiroidea en aquéllos sobre los que impone su mano. Lo mismo ocurre cuando se les aplican unas almohadillas que el sanador ha sostenido previamente.
- Riegan las semillas de cebada sembradas en doce macetas utilizando una solución de agua salada, que debería inhibir su germinación. Pero, antes, el frasco es sostenido por Estebany durante media hora. A las dos semanas, comprueban que en éstas han crecido un mayor número de plantas y más grandes que las brotadas en otras doce macetas irrigadas con un frasco idéntico que no ha sido tocado por el sanador.
- Análisis del agua tratada por Estebany muestran diferencias espectrométricas con respecto a las muestras del mismo agua que se habían usado como control. En opinión del electroquímico Douglas Dean, éstas indican que la distancia inter-nuclear entre los átomos de oxígeno e hidrógeno de sus moléculas ha sufrido misteriosas alteraciones y que este agua ha sido ionizada.