Última actualización 25/05/2009@13:22:19 GMT+1
Antes de que Neil Armstrong pusiera su pie en la Luna y de que Julio Verne escribiera De la Tierra a la Luna, un español ya había conquistado tres siglos atrás, en una pionera obra de ciencia ficción, nuestro satélite. Se trataba de Domingo Gonsales, el sevillano que se convirtió en el primer “astronauta” de la historia al poner rumbo al espacio con la ayuda de una manada de gansos desde la cima del pico Teide. Esta es su historia…
Sólo puedo decir esto, que era de lo más glorioso y placentero que pueda imaginarse: y en verdad no había ninguna otra cosa que me placiera mas, durante mi estancia en aquel mundo, que la contemplación de aquel resplandeciente color”. Con estas palabras intenta describir Domingo Gonsales el espectacular color, diferente por completo a todo lo conocido por el hombre, que descubrió en los ropajes de los habitantes de la Luna instantes después de tomar tierra en su particular módulo lunar.
Gonsales es el protagonista de una odisea literaria ideada por Francis Godwin, Obispo de Hereford, quien en 1630 y bajo el título de El hombre de la Luna, desarrolla una trama en la que se anticipa en más de doscientos años a Julio Verne y a autores como H. G. Wells, inaugurando al mismo tiempo el género de la ciencia ficción en lengua inglesa. Y aunque la obra del historiador y religioso, al contrario de la del genial francés, no puede ser catalogada de visionaria, no deja de ser cierto que en algunos de sus pasajes realmente lo parece, como sucede al describir la ausencia de gravedad en el espacio, el aspecto de la Tierra desde el mismo o la existencia de un dispositivo ideado por los hombres de la Luna que permite comunicarse sin contacto directo.
El autor de tan singular novela quiso que el protagonista fuese español, nacido en Sevilla en 1552, algo que desconcierta si tenemos en cuenta que en aquella época las relaciones entre ingleses y españoles no eran precisamente buenas. Tal vez en compensación por la adjudicación de este histórico mérito a un español, a nuestro héroe lo describe de estatura algo más que baja, pícaro y huido de la justicia, convirtiendo su llegada al satélite en un acontecimiento inesperado del que, no obstante, como avispado truhán, sacará finalmente buen partido. En parte, como acertadamente expone Xavier Riesco en la introducción a la traducción española de la obra, el protagonista “roza casi la novela picaresca”.
(Continúa la información en revista ENIGMAS 162).
José Gregorio González