Su ayuntamiento ofrece una peculiar ruta en busca del misterio
Última actualización 22/06/2009@11:57:08 GMT+1
Capital de la Bética y del Califato, llegó a ser la ciudad más influyente del mundo. Este pasado glorioso queda patente en sus espectaculares monumentos, sobradamente conocidos. Sin embargo, existe otra Córdoba menos evidente, que atesora entre sus calles y rincones numerosos relatos sobre aparecidos, almas en pena y leyendas transmitidos de generación en generación. Algunos, como el de los fantasmas de la Facultad de Derecho, son más recientes, pero ya forman parte del rico y variado acervo de esta atractiva urbe.
Janire Rámila
Pocos lugares hay en la península tan plagados de enigmas como la sempiterna, hermosa y, a la vez, tenebrosa Córdoba. Tanta leyenda, milagro y hecho anómalo no han pasado desapercibidos a los ciudadanos y a las autoridades públicas. Muestra de ello es la iniciativa conocida como «Ruta de las leyendas de Córdoba», que invita, a quien lo desee, a realizar un paseo en bicicleta por aquellos enclaves marcados por el misterio… El trayecto se inicia en el paseo de la Victoria y recorre toda la ciudad por su casco antiguo. AÑO/CERO ha completado este interesante recorrido, intentando extraer la esencia de una de las ciudades más fascinantes del mundo.
HISTORIAS AMARGAS
Una vez superado el paseo de la Victoria, la ruta hace que nos adentremos en la parte antigua de la ciudad, allí donde el caminante se pierde en un laberinto de calles y plazoletas, salpicadas de casas señoriales y estatuas jalonadas por fuentes y naranjos. Pero pese a esta imagen aparentemente idílica, Córdoba esconde en esos rincones historias sobrecogedoras, encerradas en edificios de turbio pasado, que han llegado hasta nosotros en forma de leyendas. Uno de los primeros que visitamos es la célebre torre de la Malmuerta. Construida en 1408 sobre los restos de una anterior de origen musulmán, fue concebida como atalaya defensiva, para desempeñar posteriormente la función de cárcel. Hoy es uno de los monumentos más visitados de la ciudad, aunque son pocos quienes conocen el verdadero origen de su peculiar nombre.
Se cuenta que un noble caballero, emparentado con los marqueses de Villaseca, sospechaba que su mujer le era infiel, ya que ésta tenía por costumbre ausentarse de su hogar durante horas, sin explicar a dónde iba. Cierto día, el marido, que había ido consumiéndose por los celos, perdió el juicio y, en un rapto de locura, la asesinó. Sin embargo, poco después llegó a sus oídos la verdadera causa de las ausencias de su malograda esposa, que no era otra sino las obras de caridad que ésta realizaba entre los más pobres de la ciudad, actos piadosos que ocultaba a su marido temiendo que éste la reprendiese por ello.
Profundamente arrepentido y afligido por su terrible error, el caballero pidió clemencia ante el rey Enrique III, quien le ordenó construir esta torre para recordar la injusticia infringida a su esposa, la «mal muerta».
Éste no es el único relato legendario que explicaría la siniestra denominación del edificio (ver recuadro), aunque es sabido que las leyendas suelen acomodarse al gusto cambiante de las gentes.