Los dioses celestes y las pirámides mayas y aztecas
Última actualización 20/07/2009@11:03:40 GMT+1
Las sorprendentes pirámides de México representan el cielo en la Tierra. Al igual que sucede en otras grandes civilizaciones del pasado, como la egipcia, sus constructores quisieron indicar «algo» mediante la orientación y disposición de estos monumentos. Las últimas investigaciones apuntan a que más que templos o tumbas eran una especie de lanzaderas hacia las estrellas; la puerta de acceso a los mundos de sus antiguos dioses instructores…
Joseph Guijarro
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Cuando los mexicas –después de un prolongado éxodo (ver recuadro La Atlántida y Aztlán)– llegaron al valle de Texcoco y fundaron Tecnochtitlán en 1325, encontraron, no muy lejos del actual México D. F., una ciudad abandonada que los maravilló por sus gigantescas pirámides. La bautizaron con el nombre de Teotihuacán, «la ciudad de los dioses».
No está claro quién la erigió y tampoco sabemos nada acerca de los motivos que llevaron a sus habitantes a su destrucción y posterior abandono, en el 750 de nuestra era. El famoso escritor Erich von Däniken sugirió en su famoso libro Recuerdos del futuro (1967) que Teotihuacán no resultó abandonada, sino que sus habitantes fueron «llevados» por seres extraterrestres a una nueva morada en otro planeta.
Puede que ahora esta idea haga sonreír a muchos pero, como veremos a continuación, existe una conexión indiscutible entre ciertos mitos, danzas y tradiciones aztecas con Venus, las Pléyades y otras constelaciones del firmamento. También sus monumentos y estructuras parecen propiciar la conexión con las estrellas. Y es que, más allá de que las pirámides mexicanas alberguen tumbas a su alrededor, no son monumentos funerarios al uso, sino que cumplían una función ritual, simbólica y astronómica.
Para los mexicas, sus nuevos inquilinos, «la ciudad de los dioses» era la plasmación en la Tierra de uno de sus mitos: la creación del Quinto Sol (nuestra era actual), en el que nacería una nueva raza formada por los supervivientes de una anterior. Desde entonces, los mexicas se convirtieron en la tribu dominante y, en unión con otras vecinas, fundaron una poderosa nación: el imperio azteca.