Técnicas secretas de magos, alquimistas y cabalistas
David Zurdo y Ángel Gutiérrez
Última actualización 20/07/2009@09:48:51 GMT+1
En la llamada era de la información, la confidencialidad es un valor en riesgo permanente. Pero la ocultación deliberada de secretos y la consecuente creación de sofisticados sistemas para protegerlos, son artificios mucho más antiguos de lo que pueda parecer. En “La guerra de los códigos secretos” (Cúpula) –libro del que les ofrecemos el siguiente extracto–, David Zurdo y Ángel Gutiérrez nos guían a través de un fascinante recorrido por la historia de las técnicas criptográficas.
Si ha habido en la historia un grupo humano que haya necesitado ocultar sus secretos, ése es el de los antiguos alquimistas.
Hoy nos resulta curioso comprobar que el plomo es un metal en apariencia distinto al oro, pero químicamente muy similar. Incluso nos aporta una enseñanza valiosa: que entre lo vulgar y lo excelso puede haber un solo paso… o unos pocos protones.
Los historiadores creen que la alquimia nació en Alejandría en los albores de la era cristiana. Con todo, los chinos ya practicaron algo similar en el siglo IV a. C., siendo los alquimistas más notables los que actuaron durante la Edad Media y en el mundo árabe.
En cuanto a la ocultación de sus prácticas y descubrimientos, los alquimistas usaron diversos métodos de cifrado. Uno de ellos consistió en emplear un lenguaje simbólico a través de pictogramas, dibujos o elementos supuestamente decorativos. Así, la imagen de una planta que se divide en tallos de los que brotan hojas puede contener el significado de un procedimiento alquímico, que sólo quien conoce el medio de descifrarlo comprenderá. Más habitual es el uso de alfabetos inventados al efecto. Existen diversas clases: alfabéticos (un signo se corresponde con una letra convencional), silábicos (cada signo representa una sílaba completa) e incluso ideográficos (al estilo de la escritura china). Por otro lado, los alquimistas crearon una serie de símbolos –los llamados «sellos alquímicos»– para representar los elementos básicos con los que trabajaban en su secreta labor (arriba, a la derecha).