Una técnica asombrosa no exenta de polémica
Janire Rámila
Última actualización 20/07/2009@10:45:35 GMT+1
Más allá de su apariencia de espectáculo, planteado para impresionar a un auditorio presumiblemente sugestionable, el mentalismo puede convertirse en herramienta útil con la que lograr fines muy distintos. Personajes históricos como Rasputín o Jan Eric Hanussen son buena prueba de ello. Pero, ¿en qué consiste exactamente el mentalismo? ¿Son sus practicantes simples ilusionistas o poseen poderes extraordinarios?
Patrick Jane fue un mago famoso en Estados Unidos, hasta que su vanidad propició el asesinato de su mujer y de su única hija. Ahora vive torturado por ese episodio y la única forma que encuentra para redimirse es colaborando con la Policía de California, ayudando a resolver crímenes gracias a sus capacidades como mentalista.
Éste es el argumento de El mentalista, la serie que bate récords de audiencia en la televisión norteamericana y que, hace poco pocos meses, llegó a España. Lo que esta ficción trata de demostrar es el gran potencial del mentalismo, aparte de su evidente función de entretenimiento.
No es un descubrimiento nuevo. La historia está plagada de personas que lo utilizaron para alcanzar fines egoístas y malintencionados, más allá de las salas de espectáculo, mostrando su lado más oscuro. A él sucumbió, por ejemplo, Henry Slade, autonombrado «doctor» por su supuesta habilidad para practicar la psicografía o «escritura en pizarra a través de los espíritus», como se denominaba en el siglo XIX.
SONIDOS FANTASMALES
En sesiones privadas o frente al público, Slade sujetaba el extremo de una pizarra debajo de la mesa tras la que se colocaba, mientras alguien sentado frente a él sujetaba el otro extremo y la mano libre del supuesto espiritista. En ese instante, Slade llamaba a los espíritus y, en medio de sonidos fantasmales, la pizarra se llenaba de letras y números. Y decimos «supuesto espiritista», porque en la prueba a la que Henry Slade fue sometido en la Universidad Imperial de San Petersburgo, se descubrió que ¡la pizarra ya estaba escrita antes de comenzar la función! Quedaba probado, por tanto, que Slade no era un médium –como él aseguraba–, sino uno de esos mentalistas que se beneficiaban de la credulidad de la gente en provecho propio.