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Hemeroteca :: Edición del 01/09/2009 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 26/08/2009@07:58:04 GMT+1
El reciente encuentro de una niña rusa de 5 años, que se comporta igual que los animales con los que convivió desde su nacimiento, es el último ejemplo de los llamados “niños salvajes”. Su caso, aún pendiente de estudio, vuelve a retomar la vieja pregunta de qué es lo que nos separa realmente de las bestias. ¿Dónde está esa línea? ¿Qué es lo que nos hace humanos y qué animales?
El pasado 26 de mayo la Policía de la ciudad siberiana de Chita informaba del hallazgo de una niña de cinco años que había permanecido encerrada, casi desde su nacimiento, en una habitación con perros y gatos. Tal situación provocó que la menor se comportara como un animal doméstico más, emitiendo sonidos en lugar de palabras e intentando morder a sus rescatadores. Sus familiares, ya detenidos y que vivían en la misma casa, trataron a la pequeña como una mascota, a la que no hacía falta hablar, vestir ni lavar, convirtiéndola con el tiempo en uno de los llamados “niños salvajes”.

Bajo este término se encuadran aquellos menores que desde muy temprana edad sobrevivieron sin prácticamente ningún contacto social, desarrollando así su lado animal, hasta el punto de comportarse como tales. Y por increíble que parezca, la historia nos ha dado numerosos ejemplos de esta realidad que aún sigue escandalizándonos, mostrando, ya de paso, la delgada línea que nos separa de la más pura bestialidad.

Casos sorprendentes

Estrictamente hablando existen tres categorías de “niños salvajes”. En la primera se sitúan aquellos menores que fueron abandonados en la naturaleza y que sobrevivieron por sus propios medios. El ejemplo más famoso en esta tipología es el de Víctor de Aveyron, encontrado en 1799 dentro del bosque francés de La Caune y cuya historia llevó al cine en 1969 el director francés François Truffaut, bajo el título de El pequeño salvaje.

Internado en el hospicio de Rodez, sus cuidadores observaron cómo el joven rechazaba todo contacto humano, comportándose de una manera salvaje y descontrolada. Comía carne cruda que desgarraba con los dientes y dormía acurrucado en el suelo. La tarea de reeducarlo recayó en el pedagogo Jean Marc Itard, famoso por su trabajo con los niños sordomudos, a los que su discapacidad también les ocasionaba un aislamiento social forzoso.

A pesar de que Víctor –fue el nombre que se le puso al desconocer si poseía uno propio– tendría la ya avanzada edad de 11 ó 12 años, Itard logró que pronunciara algunas palabras y que se comportara con “cierta” educación en determinadas circunstancias. Sin embargo, en su informe final anotó que Víctor nunca perdió “su anhelo por la libertad del campo abierto y su indiferencia a la mayoría de los placeres de la vida social”.

Respecto al segundo grupo de “niños salvajes”, se debe mencionar aquellos que vivieron en la naturaleza, pero no alimentándose por sus propios medios, sino siendo cuidados por otros animales. Fue el caso de las hermanas Amala y Kamala, así conocidas mundialmente aunque muy probablemente no fueron ­realmente hermanas.

Su descubrimiento se debe al misionero Joseph Singh quien, en una visita a la aldea india de Midnapore, fue informado de la presencia de un fantasma en el bosque. Intrigado por esa historia, Singh se internó en la selva, hallando en una madriguera de lobos a dos niñas desnutridas y salvajes de 6 y 3 años de edad respectivamente, a las que la madre loba cuidaba como dos cachorros más.

Acto seguido fueron internadas en una misión cercana, con tan pocos progresos en su humanización –apenas se logró que caminaran erguidas–, que el propio padre Singh llegó a preguntarse si no hubiera sido mejor haberlas dejado en la madriguera para que viviesen libremente.

Y en el último lugar de esta clasificación se sitúan los niños que fueron confinados en lugares aislados por sus propios familiares, privándoles del contacto humano y, por tanto, de cualquier oportunidad socializadora. El caso de la niña rusa recién descubierta es uno de estos ejemplos, aunque no el más llamativo. En Fiji salió a la luz en 2005 la historia de Sunjit Kumar, joven al que sus padres habían encerrado en un gallinero nada más nacer. Dormía en el suelo y movía los brazos como si fueran alas. También la ucraniana Oxana Malaya fue criada con animales en la década de los 90, perros en este caso; o el niño siberiano Andrei, dejado por sus padres al cuidado de su perro guardián, del que aprendió, entre otras muchas actitudes, a ladrar y a olisquear todo lo que le rodeaba.
(Continúa la información en ENIGMAS 165).

Janire Rámila
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  • Los niños salvajes, ¿bestias o humanos?

    Últimos comentarios de los lectores (3)

    4003 | laura manzano uh - 05/09/2009 @ 00:25:31 (GMT+1)
    Creo que lo que en verdad nos separa del reino animal es presisamente nuestro lenguaje oral nuestros padres nos trasmiten sus conocimientos de acuerdo a la de ellos pero los hay inteligentes porque sin tener una profecion decean que sus hijos si la tengan y se sacrifican por ello y es asi como la cultura del conocimiento se logra, los animales en cambio no tienen la ambicion que el ser humano posee,ellos simplemente usan su instinto de supervivencia, esta es mi pobre opinion, espero no averme salido del tema,con cariño para la revista mas leida aqui en mexico, poza rica ver, mex. 04 sep. 2009.
    3997 | Juan Gualpa - 03/09/2009 @ 15:39:14 (GMT+1)
    Me ha dejado completamente con los pelos de punta el saber que existen familias que encierren a sus hijos o los abandonen a su suerte. Por otra parte es gratificante saber que los "animales" tienen mejor desarrollado el instinto maternal que muchos seres "deshumanos". Con estas actitudes, merecemos considerarnos realmente "animales inteligentes"?
    3993 | Tatiana Miesztalski - 02/09/2009 @ 21:05:57 (GMT+1)
    Parece increíble que en primer lugar hayan padres que abandonen a los hijos a su suerte en una edad en la que deberían velar por ellos pero admiro a esos niños que a pesar de que se han criado como animalitos han sobrevivido y más porque han sido criados por animales, cosa que los animales de susu padres fueron incapaces de hacer.
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