Un enclave iniciático en el centro del mundo
Última actualización 28/08/2009@10:23:19 GMT+1
Javier García Blanco
Durante siglos, un recóndito paraje de la milenaria geografía griega consiguió atraer todas las miradas del mundo conocido. Desde allí, el dios Apolo respondía a las preguntas de los fieles, que consultaban su oráculo, a través de un extraño y trascendente ritual que cambió, literalmente, el curso de la Historia.
La visita al santuario de Delfos es hoy un trámite casi obligatorio para el turista que llega a territorio griego, ávido por «devorar» miles de años de historia en sólo unos días. Ubicado a unas tres horas por carretera de la frenética actividad de Atenas, Delfos contrasta con la asfixiante capital gracias al sobrecogedor espectáculo natural que constituye la ladera del monte Parnaso, en la que se erige. Cada jornada, miles de turistas inundan sus ruinas, mientras los guías van desgranando las distintas vicisitudes históricas del lugar. Ante semejante trasiego humano podría pensarse que el recóndito y montañoso paraje, que pasó varios siglos en el olvido, vive su mayor época de esplendor. Sin embargo, el santuario de Delfos, pese a su fama internacional, es hoy un pálido reflejo de un enclave que, en la Antigüedad, se convirtió por pleno derecho en centro religioso, cultural y político de la antigua Grecia, símbolo de identidad de todos los helenos, llegando a atraer la atención de no pocas potencias extranjeras.
Aquel inusitado interés tenía su origen en el templo de Apolo, tras cuyos muros se ocultaban los secretos del oráculo del dios. Este lugar, en el que la Pitonisa era poseída por la inspiración de Apolo, emitiendo sus célebres vaticinios, fue durante siglos responsable del devenir histórico de toda Grecia y parte del mundo conocido, inspirando colonizaciones, guerras y decisiones políticas. Constituyó, en definitiva, el auténtico centro del mundo, tal y como aseguraba un mito de época clásica.
EL ORÁCULO DE LA SERPIENTE
Cuenta el mito que, en algún momento que se pierde en la memoria de los dioses, Zeus y Atenea se enzarzaron en una discusión sobre cuál era el auténtico centro del mundo. Atenea aseguraba que se encontraba en Atenas, pero Zeus no estaba conforme, así que para zanjar la discusión soltó dos águilas, cada una de ellas desde uno de los confines de la Tierra. Tras un largo vuelo, las aves se cruzaron sobre la ladera del monte Parnaso, justo donde hoy se sitúa Delfos. Allí, en el interior del templo de Apolo, se custodió durante siglos una piedra cónica –un omphalos u «ombligo»–, que marcaba el centro del mundo y que para algunos autores pudo haber tenido un origen meteorítico, lo que explicaría que se considerara una pieza sobrenatural desde tiempos prehistóricos. Hoy, el omphalos original se ha perdido, pero en el museo del santuario se conserva una copia datada en la época helenística.