Última actualización 22/09/2009@11:36:13 GMT+1
Enrique de Vicente
Con motivo de la película Ágora se ha llegado a decir que su protagonista –Hipatia– era atea, porque sus enseñanzas se oponían al totalitarismo religioso de su época. Nada más incierto: el nombre teofórico de su padre, Teón, significa portador de la divinidad; además, esta sabia mujer fue iniciada por él en la sabiduría hermética y su escuela tuvo un carácter casi tan esotérico como la de Pitágoras. Ello nos permite entender que fuese acusada de practicar la magia negra, pues hasta el siglo XVI ésta fue asociada por la masa ignorante al estudio de unas matemáticas numerológicas, de una astronomía astrológica y de una filosofía natural hermética.
Como ella, la mayoría de los precursores y fundadores de la ciencia experimental eran, ante todo, iniciados en la sabiduría hermética; aunque hoy –en nuestra ignorancia– les llamaríamos practicantes de ciencias ocultas, como la magia, alquimia, astrología, numerología o cábala… Mencionemos sólo algunos de los más modernos: alquimistas y magos, además de científicos y filósofos, fueron Roger Bacon, Paracelso, John Dee, Francis Bacon, Robert Fludd, Leibniz, Newton o Robert Boyle; muchos de ellos pertenecieron a sociedades esotérico-científicas, como la Academia de los Linces que apoyó a Galileo. Los rosacruces proponían la creación un mundo libre de superstición y basado en la ciencia, por parte de un Colegio Invisible de sabios, al que pertenecieron notables científicos centroeuropeos e ingleses y que acabó transformándose en la hoy muy prestigiosa Royal Society.
Muchos mantuvieron ocultas estas actividades porque, en su época, el Sistema Establecido religioso las consideraría heréticas o diabólicas, e incluso podían costarles la cárcel o la vida, como a Giordano Bruno. Curiosamente, el moderno Sistema Establecido racionalista califica ahora como supersticiones irracionales, es decir, como herejías a extirpar, las creencias filosóficas de las cuales procede… Pero pocos reconocen esto, ya sea por ignorancia o porque resulta políticamente incorrecto.
Para eso estamos nosotros aquí. Para atrevernos a desvelar la cara oculta de la historia y del mundo en que vivimos. Para contar lo que otros no dicen, aunque sabemos que ello provocará burlas y ataques, de signo radicalmente opuesto, pero idénticamente totalitarios a aquéllos que sufrieron Hipatia y muchos de sus sucesores. Porque sabemos que son los inconformistas, quienes navegan contra corriente, los que contribuyen a que las mentes se abran, a que el mundo cambie.