¿Dónde están los cuerpos de Alejandro, Genghis Khan, Prisciliano y tantos otros?
Última actualización 22/09/2009@08:11:57 GMT+1
Javier García Blanco
En vida conquistaron grandes imperios o, directamente, cambiaron el rumbo de la historia. Sin embargo, su muerte dejó tras ellos un rastro de enigmas que, incluso en nuestros días, siguen intrigando a los historiadores. Alejandro Magno, el emperador Qin, Seti I… La lista de estos «héroes sin lápida» es tan extensa como sofisticada es la tecnología que los modernos investigadores y arqueólogos que los buscan tienen a su disposición.
El mediático Zahi Hawass, director del consejo superior de antigüedades de Egipto, no descansa en su afán por generar los mejores titulares. Su última «aventura» le ha llevado hasta el Valle de los Reyes y, más concretamente, a la tumba del faraón Seti I. El hermoso recinto fue descubierto en 1817 por el italiano Giovanni Belzoni, quien halló el sarcófago del faraón y, al final de la tumba, un pasadizo descendente cuyo final es aún una incógnita. Un enigma que ha atraído la atención de Hawass, empeñado en desvelar los enigmas que rodean al misterioso pasillo. En el siglo XIX, fue el propio Belzoni el primero en intentarlo. Retirando toneladas de escombros, logró avanzar 90 metros, pero se vio obligado a desistir ante el riesgo que entrañaba la empresa. Años después, a comienzos del siglo XX, el célebre Howard Carter lo intentó de nuevo, también con resultados negativos. En la década de los 60 fue el jeque Alí Abd el Rassul quien tomó el relevo. Éste consiguió avanzar hasta los 137 metros, pero el pasillo no parecía tener fin, y el temor a la asfixia le hizo abandonar. La misma suerte corrió años después el arqueólogo Kent Weeks, quien estuvo a punto de morir sepultado por un derrumbe. Pese a los fracasos cosechados por sus antecesores, Hawass decidió continuar con el desafío en 2007. Hasta la fecha, ha logrado afianzar 90 metros del pasadizo y ha instalado un curioso sistema de vagonetas para extraer los escombros.
Nadie sabe qué hay al final del túnel, aunque hipótesis no faltan. Para algunos autores éste llevaría hasta una cámara secreta con tesoros del faraón; para otros, el camino conduce hasta un depósito de agua que simbolizaría el océano primigenio o, tal vez, sería un túnel secreto que llevaría hasta el templo de Hatshepsut. Hawass se mantiene abierto a todas las opciones, aunque le gusta recordar el hallazgo de un llamativo relieve que parece representar el propio pasadizo, con temibles serpientes en su final. Es posible que, pese al empeño de Hawass, el secreto de la tumba de Seti I permanezca oculto para siempre. Y no es la única que trae de cabeza a los arqueólogos… Los sepulcros de otros muchos personajes se han convertido, a lo largo de la historia, en la obsesión de no pocos investigadores y cazadores de tesoros.