El misterio Chaxiraxi
Última actualización 20/11/2009@09:31:34 GMT+1
Uno de los mayores enigmas de la historia de las Islas Canarias es el relativo a la imagen de Nuestra Señora de la Candelaria, una talla cristiana que según las referencias históricas disponibles, recibió culto entre los guanches al menos cien años antes de la conquista de Tenerife. Sus peculiaridades iconográficas, el color negro de su rostro y algunas noticias sobre su culto la han vinculado con los caballeros templarios, siendo uno de sus mayores misterios el significado de las letras que la adornan.
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La Virgen de Candelaria se ha convertido con el paso de los siglos en un fenómeno que sobrepasa lo religioso, al erigirse en un poderoso símbolo identificatorio para toda Canarias capaz de alcanzar y empatizar incluso con los no creyentes. A los muchos significados acumulados a raíz de su culto ininterrumpido desde tiempos de los guanches, se ha venido a sumar en las últimas décadas los derivados de su reinterpretación como Virgen Negra templaria, identificándola como el nexo perdido entre la Orden de los Templarios, su mítico y desaparecido tesoro y las rutas marítimas secretas de las que supuestamente habrían hecho uso los monjes guerreros en el Atlántico. Su tez oscura y la simbología que muestra esta talla de una madre portando a su hijo, en actitud andante y revestida de un manto de estrellas, apuntarían en esa dirección, un rumbo curiosamente inexplorado hasta fechas relativamente recientes. No obstante, y bastante antes de este revival heterodoxo, los historiadores había contemplado como un auténtico enigma la presencia de esta talla policromada de madera en Tenerife al menos cien años antes de conquistada la isla. La cronología que ofrece el fraile dominico Alonso de Espinosa en su obra Historia de Nuestra Señora de Candelaria, publicada en Sevilla en el año 1594 y preñada de referencias aportadas por los viejos guanches, sitúa la aparición de la imagen en el “año mil y quatrocientos de nuestra redempcion, ciento y cinco años antes que la Isla fuera de Christianos ni huiera en ella notica de Evangelio”, lo que con los ajustes oportunos propios del calendario lunar guanche arroja efectivamente el año 1400 como el de la llegada oficial de la escultura a Canarias. Para entonces, según los libros de historia, la Orden del Temple hacía muchas décadas que había desaparecido como tal, lo que no es obstáculo para vincular el origen de la imagen con ésta, aunque sí para confirmar su intervención directa en la empresa que la trajo al archipiélago. Para conciliar las fechas habría que retrasar casi un siglo la llegada de la imagen a Tenerife y adjudicar directamente su autoría a los últimos templarios, o bien suponer que fueron descendientes de los mismos, tal vez asentados en las mismas tierras mallorquinas de las que llegarían los primeros misioneros, quienes asumieron tal cometido, posibilidades para las que es justo reconocer que se carece de pruebas.
(Continúa la información en ENIGMAS 167).
José Gregorio González