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Hemeroteca :: Edición del 01/11/2009 | Salir de la hemeroteca
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Última actualización 20/11/2009@09:31:51 GMT+1
Fue conocido como “el hombre más malvado del mundo” y vivió en una de las épocas más infames de la historia, conviviendo con los dos conflictos bélicos que más muertos han provocado nunca. Su intensa relación con una de las más extrañas organizaciones de la primera mitad del siglo XX, la alemana Ordo Templi Orientis, en un periodo en el que se implantaba en Europa el terror nazi hizo de Aleister Crowley un sujeto siempre hermanado con la sospecha y la provocación.
Situémonos. Londres. Año 1912. La soledad nocturna de una de sus vías principales, Victoria Street, se ve alterada por un extraño personaje. Sus gafas sin patillas y, sobre todo, el desmesurado bigote que descansa sobre sus labios lo dotan de un aspecto lúgubre. De repente detiene sus pasos ante un portal de la calle. Llama a la puerta. Espera. Otro personaje, aún más extravagante, aparece tras la cancela. Es Aleister Crowley, mago, poeta, artista… Quizás el ser más extraño que vagaba por el ya de por sí muy estrafalario Londres de principios de siglo XX. El misterioso visitante responde al nombre de Theodor Reuss. Ahí, según la opinión del máximo dirigente de la OTO, se encontraba la clave que desvelaba el secreto del IXº grado de la organización alemana. Porque ese sacramento era el semen que, después de una operación calificada como mágica, habría de ser consumido, como si se tratase del contenido de un cáliz sagrado.
Este encuentro, en principio tenso, acabó por transformarse en amistoso, habida cuenta de la coincidencia en los conocimientos de uno y otro. Crowley había bebido de las mismas fuentes espirituales que Reuss. Tal fue su grado de compenetración y la admiración que despertó Crowley en Reuss, que éste le pidió que se convirtiera en el máximo responsable de la OTO en Gran Bretaña, eso sí, rogándole que no desvelase el secreto de la Orden. Crowley no lo dudó. Aceptó el reto.
El génesis de la OTO
¿Pero qué era exactamente la OTO?, ¿qué ocultaba para que en una época en la que las sociedades secretas se multiplicaban por doquier sus enigmáticos principios fascinaran al “más malvado de los hombres”? La Ordo Templi Orientis tardó en gestarse, y para ello hubo de solapar las voluntades y las sociedades de dos personajes que, en principio, no parecían tener mucho en común. Por un lado, un reputado químico austríaco, que había conseguido que muchas de sus investigaciones acabasen siendo desarrolladas en la producción de varias industrias de Austria. Karl Kellner era un entusiasta de los conocimientos esotéricos orientales. A finales del XIX impulsó la creación de un círculo privado que a partir del Hatha Yoga desarrollase ejercicios tántricos, es decir, que ayudaran a convertir el deseo sexual en una camino hacia la realización personal.
Por su parte, Theodor Reuss fue una figura mucho más polémica, criticada por parte de la francmasonería tradicional, pero que supo dar un importante impulso a la Orden, sobre todo a partir de la muerte de Kellner. Reuss trasladó a Alemania a principios de siglo la esencia de una organización masónica francesa de carácter marginal, asumiendo, asimismo, el Antiguo y Aceptado Rito Escocés. Reuss acabó construyendo una amalgama sui generis de sociedades secretas, incluyendo algunas de su propia creación. Todo ello conducía a un “batiburrillo” en el que masonería, sociedades rosacrucianas y el Tantra se mezclaban confusamente.
(Continúa la información en ENIGMAS 167).
Javier Martín
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