Las sorprendentes creencias de un pueblo feroz
Última actualización 22/10/2009@07:49:50 GMT+1
Alfredo Orte
En las frías tierras de Ávila y Salamanca, hace más de 2.300 años, vivieron los vetones, un pueblo de origen celta y de temida vocación guerrera. Estas gentes sencillas, ocupadas en la ganadería y la agricultura, fueron vistas por los invasores romanos como bárbaros y de costumbres salvajes. Sin embargo, recientes investigaciones han demostrado la orientación de sus necrópolis y de sus construcciones religiosas hacia eventos astronómicos destacados del calendario de celebraciones celta. Un hallazgo que nos obliga a revisar la cultura y conocimientos del pueblo vetón.
Los cronistas romanos que relataron la invasión y conquista de Hispania no comprendían demasiado bien a las gentes del interior de la Península; en sus descripciones, hay constante prejuicios y comentarios acerca de los comportamientos que observaron, y que en algunos casos consideraron bárbaros y salvajes. Sólo así se puede entender que hasta hace bien poco, la historia oficial haya tratado a los vetones con cierta displicencia, especialmente en lo relativo a su cosmología y anhelo de trascendencia.
Estrabón nos contaba algunas de las costumbres y ritos que había contemplado entre los celtíberos de la meseta: «Según ciertos autores, los kallaikoí son ateos; mas no así los keltíberes y los otros pueblos que lindan con ellos por el Norte, todos los cuales tienen cierta divinidad innominada, a la que, en las noches de Luna llena, las familias rinden culto danzando, hasta el amanecer, ante las puertas de sus casas». Este testimonio, junto con el calendario de Coligny de base lunar, ha servido a los expertos para hacer constar una vinculación religiosa de los vetones y otros pueblos del interior con los ciclos lunares.
No obstante, hasta ahora eran escasas las pruebas de rituales en relación a eventos astronómicos. Las costumbres funerarias de los vetones, y de los celtíberos en general, estaban basadas en la inhumación de los cadáveres y en su enterramiento junto con ajuares diversos, en función de la posición social que había adquirido el sujeto en vida. La introducción de la arqueoastronomía en estos estudios ha sido consecuencia de una certeza cada vez más asumida, el profundo conocimiento de su entorno natural que tenían estos pueblos. El hombre antiguo aprendió a mirar a los cielos, primero para sobrevivir, y después para intentar obtener una respuesta al sentido de su existencia.